nombres, bueno, he pensado en llamarle para averiguarlo.

– ?Donde esta?

– Memphis, Tennessee. Soy abogado. Un amigo mio que vive en Miami me envio una copia de su articulo, en el que menciona mi nombre. He estado un par de dias dudando si telefonearle o no. Creo que lo he hecho por curiosidad. La coincidencia era demasiado grande y, de todos modos, no creo que haya habido otro O'Shaughnessy en el ejercito al mismo tiempo que yo. En realidad, no es un apellido tan comun.

– ?Donde combatio? -pregunte.

– Bueno -dijo-, eso es lo mas extrano. En realidad, nunca combati. Al menos no del modo descrito por ese tipo. Vera, yo estaba a cargo de una seccion de empleados administrativos, en la base aerea cercana a Da Nang. Lo mas parecido a un bautismo de fuego que tuve fue una vez que cayeron algunos proyectiles de mortero sobre la base. A veces se veia el tipo de cosas que los Vietcong sembraban en los caminos: minas terrestres, en general. Pero nunca entre realmente en combate como algunos soldados. Yo me dedicaba a tramitar papeles, formularios, todo lo que el ejercito necesita por triplicado.

– ?Trabajaba con empleados administrativos?

– Correcto. Bueno, no se cuantos eran; tal vez entre cincuenta y cien tipos distintos pasaron por ahi a lo largo de los dieciocho meses que estuve en ese lugar. Gente muy distinta, pero que tenian una cosa en comun.

– ?Que cosa?

– Estaban alli para evitar que les volaran el trasero.

– No le sigo -dije.

– Bueno -respondio-, el ejercito les ofrecia un trato antes de enviarlos a alguna base de artilleria en el interior del pais. Se alistaban por uno o dos anos mas y los enviaban de regreso a la division, donde los ponian a trabajar con una maquina de escribir, archivadores y uniformes limpios.

– Entonces…

– Entonces eramos los cobardes, supongo. Asustados y a salvo.

Conversamos durante casi una hora. Admitio que su descripcion fisica coincidia con la que me habia proporcionado el asesino. Me hablo de los militares, de la vida entre las alambradas, del complejo de oficinas desde donde, de vez en cuando, el observaba a las oleadas de refugiados como si la valla de tela metalica fuese una barrera que no solo impedia el paso de los nativos, sino tambien de los sentimientos. Dijo que nunca pudo distinguir si los soldados estaban atrapados dentro o si los civiles lo estaban fuera. Por primera vez en dias, tome notas con rapidez. Su voz parecia rejuvenecerme. Una alegria malevola se apodero de mi, y continuamente pensaba: «Ya te tengo.»

O'Shaughnessy tambien hablo de las salidas a la ciudad, de los paseos por las calles atestadas, hombro con hombro junto a los demas estadounidenses que descollaban en altura entre los locales. Hablo de bares oscuros, donde no habia mas luz que la que se reflejaba en la piel desnuda de una bailarina sin nombre. Alli les contaban muchas historias, segun me dijo; historias de asesinatos, atrocidades, muertes, todas cometidas bajo la excusa de la guerra; voces apagadas, enturbiadas por la cerveza o el whisky barato, que relataban horrores en la penumbra.

– Todos los escuchabamos. No podiamos evitarlo. Los soldados bebian para olvidar, pero es un proceso lento, ?sabe? Se desarrolla en etapas. Y llegaba un punto en que ellos estallaban y las pesadillas salian a la luz, como una confesion, como si al contarlas pudiesen hacerlas desaparecer.

Imagine al asesino alli, escuchando otras voces que alimentaban su imaginacion.

– ?Sabe que era lo peor? -dijo O'Shaughnessy.

– ?Que?

– Que, aunque oiamos tantas cosas, viviamos en un mundo muy aislado de todo eso. Era muy artificial. Como cuando uno despierta y recuerda lo que acaba de sonar. Es real y, al mismo tiempo, no lo es. A veces estoy en algun lugar, y oigo algo…, una palabra, un tono de voz, tal vez… y me viene a la memoria alguna conversacion. Es como tener un fantasma en tu interior.

Me parecio que sacudia la cabeza al otro lado de la linea, intentando librarse de esos recuerdos.

– ?Por que cree que aquello le afectaba tanto? -pregunte.

Hizo una pausa.

– No le he explicado a que se dedicaba mi seccion.

– ?Y bien?

– Nos encargabamos de nuestros muertos. Nombres, identificaciones. Nos cerciorabamos de que los feretros fuesen acompanados de los efectos personales correspondientes. Vera, nuestras oficinas estaban junto a una morgue. Habia cadaveres sobre las losas; algunos, reconocibles; otros…, bueno, destrozados. Por eso habia tanta rotacion de personal en la seccion. Era demasiado macabro, demasiado inquietante, trabajar todo el dia junto a los cadaveres. Habia aire acondicionado, pero a veces aun despierto con el olor a muerto en la nariz. Me pone enfermo, pero no puedo evitarlo. Los medicos dicen que todo esta en mi mente. ?Sabe? Ese era el problema de la guerra. Siempre nos afectaba demasiado a la cabeza.

No se me ocurria nada que decir. Imagine al asesino sentado ante un escritorio, respirando lentamente, todo el dia. Percibiendo el hedor de la muerte en todo momento.

– ?Le ha servido de algo todo lo que le he contado? -pregunto O'Shaughnessy.

– Mas de lo que se imagina -respondi.

17

Ya te tengo, hijo de puta.

Al principio, no hable con nadie de mi conversacion con el abogado de Tennessee. En cambio, deje volar mi fantasia. Imagine mil formas de capturar al asesino. Senti que, de pronto, habia superado la brecha que me separaba de el, que ahora todas sus mentiras se evaporarian. Permaneci ante mi escritorio, meciendome en la silla. «?Quien es el cazador ahora -pense-, ?y quien la presa?» Aprete los punos, euforico. Nolan me vio y se acerco.

– ?Alguna novedad? -pregunto-. ?Algo bueno, para variar?

Asenti. El hizo una leve mueca y luego sonrio.

– Por favor, que no sea algo como el fiasco del encuentro. Y nada peligroso.

Negue con la cabeza.

– Lo tenemos -dije.

Nolan sonrio y levanto la mano.

– Por favor, ahorrate la conclusion; solo quiero las pruebas.

Entonces le puse la grabacion. Escucho en silencio, acariciandose la barbilla, echado hacia delante. Luego se recosto en la silla.

– Tal vez estes en lo cierto -dijo. Luego se echo a reir, y sus carcajadas resonaron en la pequena sala de conferencias-. ?Diablos! Esto podria ser definitivo.

– Ya se ve el final -dije.

– Bien. Llama al Pentagono.

– Ellos tendran los nombres…

– Y nosotros daremos con el asesino. -Nos miramos-. Tal vez. ?Y si esta usando un alias?

– ?Eso crees? -dije-. ?Crees que es su estilo?

Nolan meneo la cabeza.

– No, no lo es.

Nos miramos por encima de la mesa, con la grabadora entre nosotros. Desde las paredes, nos observaban los articulos que ultimamente habian marcado nuestras vidas, nuestros dias, nuestros altibajos.

– Atrapemos a ese hijo de perra -dijo-. Atrapalo tu, maldicion. Atrapalo tu.

El oficial de informacion publica del Pentagono respondio con la contundencia de un saludo marcial.

– Si, senor. Una lista de nombres, senor. Puedo hacerlo.

Oi el roce de su lapiz sobre el papel mientras tomaba nota de la informacion.

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