el caso? ?Antes de que pudiera recorrer todos los pueblos negros de Florida? ?Queria que yo se lo dijera para poder contarselo al mundo y asi salvar su reputacion?
– ?Para conseguir algo! ?Cuantas personas van a morir mientras usted ata cabos sueltos?
– ?Y que cono conseguiriamos publicandolo en el periodico?
– ?Funcionaria! ?Sacariamos a Ferguson de la sombra!
– Mas bien eso lo alertaria y empezaria a moverse con mas cautela.
– No. Toda la gente estaria prevenida…
– Claro, y asi el podria cambiar su
Los dos hombres se habian puesto de pie, enfrentandose con la mirada, como a punto de llegar a las manos. Shaeffer se interpuso entre ambos.
– ?Se han vuelto locos? -los reprendio-. ?Han perdido la chaveta? ?No han compartido toda la informacion? ?A que viene tanto secretismo?
Cowart la miro negando con la cabeza.
– Quizas a que nadie lo cuenta todo. Especialmente la verdad.
– ?Cuantas personas han muerto por…? -comenzo Shaeffer, pero se interrumpio, consciente de que ella misma poseia informacion que no queria compartir.
Pero Cowart se percato.
– ?Que nos esta ocultando, detective?
Ella no tuvo eleccion.
– Los padres de Sullivan -dijo-. Ferguson tenia razon. No fue el.
– ?Como?
Entonces la detective les explico todo lo que le habia contado Michael Weiss: la Biblia, el guardia, el hermano.
Cowart se mostro sorprendido y sacudio la cabeza.
– Rogers -dijo-. ?Quien lo iba a decir? -Pero no era ningun disparate. Rogers estaba al tanto de todo cuanto sucedia en Starke. Para el habria sido pan comido, pero aun asi…-. Hay algo que no entiendo -continuo-. Si realmente fue Rogers, ?por que Sullivan se obstino en contarme que Ferguson estaba implicado en el asesinato, si luego iba a escribir el nombre de Rogers en la Biblia?
Brown se encogio de hombros.
– Era la mejor manera de garantizar que alguien salia impune de un asesinato. Multiples sospechosos. A usted le cuenta una cosa y deja pruebas que apuntan en otra direccion. Solo hay que esperar a que un abogado defensor saque partido de eso. No obstante, creo que lo hizo porque era un hombre enfermo. Enfermo y lleno de maldad. Fue la manera que encontro de arrastrar a todo el mundo consigo hacia el infierno que le aguardaba: a usted, a Ferguson, a Rogers… y a tres policias a los que ni siquiera conoce.
Hubo un breve silencio.
– Asi que puede que Rogers lo hiciera y puede que no -dijo Cowart-. Ahora mismo, el viejo Sully debe de estar ahi abajo desternillandose de todos nosotros. -Hizo un gesto con la cabeza-. ?Entonces que significa esto?
– Significa -dijo Shaeffer- que ya podemos olvidarnos de Sullivan. Olvidarnos de sus rompecabezas. Ocupemonos de Ferguson y sus victimas. ?Tres, es eso?
– Realizo siete viajes al Sur. Siete, que sepamos.
– ?Siete?
Cowart levanto los brazos en senal de rendicion.
– No sabemos cuales fueron para inspeccionar y cuales para actuar. Lo que si sabemos… ?joder! Lo que sospechamos es que hay tres ninas. Una blanca y dos negras. Y Wilcox.
– Cuatro -dijo Shaeffer en voz baja.
– Cuatro -dijo Brown bruscamente. Se puso en pie como queriendo demostrar que el cansancio era algo negativo y comenzo a caminar por la habitacion como un preso en una celda-. ?No ven lo que esta haciendo? - pregunto de pronto.
– ?Que?
El tono de Brown traslucia una urgencia que hacia vibrar su voz. Miro a la joven detective.
– ?Que es lo que hacemos nosotros? Tiene lugar un crimen y lo primero que hacemos es suponer que, aunque se trate de un caso poco frecuente, encajara en una categoria reconocible y definida. O sea, creemos que tendra las mismas caracteristicas que otros cien, ?vale? Eso es lo que nos ensenan y eso es lo que esperamos. De modo que salimos a la calle en busca de los sospechosos habituales. Los mismos sospechosos que en otras cien ocasiones resultan culpables. Analizamos todo cuanto hallamos en la escena del crimen con la esperanza de que un fragmento de cabello o una gota de sangre o una muestra de fibra apunte hacia algun candidato de esa lista previa. Y lo hacemos asi porque la alternativa es aterradora: que alguien sin relacion alguna con ninguna prueba haya cometido el asesinato. Alguien que uno no conoce, que nadie conoce, que tal vez ya se encuentre a mil kilometros del lugar de los hechos. Y que lo hizo por un motivo tan retorcido que nadie puede tomar en cuenta ni entender. Cuando ese es el caso, uno tiene una opcion entre un millon de reunir pruebas para ir a los tribunales y tal vez ni siquiera eso. Por eso fuimos de inmediato a por Ferguson cuando mataron a Joanie Shriver. Porque teniamos un crimen y el estaba en la lista… -Miro a Shaeffer y luego a Cowart-. Pero ahora, ya ven, el lo ha descubierto. -Se golpeo la palma de la mano con el puno para enfatizar sus palabras-. Ha descubierto que la distancia lo ayuda a mantenerse a salvo, que cuando llega a algun pueblo pequeno para matar, nadie lo conoce. Nadie le prestara atencion. Y nadie lo vera cuando atrape a su victima. ?Y a quien atrapa? Ya aprendio que sucedia si raptaba a una nina blanca. De manera que ahora va a lugares donde la policia no tiene tantos recursos y la prensa no esta tan al corriente, y atrapa a una nina negra, porque eso no atrae la atencion de nadie, al menos no como Joanie Shriver. Asi que se desplaza y actua, luego regresa aqui y vuelve a la universidad, y nadie lo busca. Nadie. -Hizo una pausa antes de anadir-: Excepto nosotros tres.
– ?Y Wilcox? -pregunto Cowart.
Brown lanzo un hondo suspiro.
– Esta muerto -respondio con rotundidad.
– Eso no lo sabemos -dijo Shaeffer. La idea le resultaba inconcebible. Sabia que era cierto pero no soportaba escucharlo.
– Muerto -repitio Brown, elevando la voz-. En algun lugar de por aqui. Por eso Ferguson ha huido. Es su regla numero uno: matar y ponerse a salvo. Matar anonimamente. Utilizar la distancia. Una formula de lo mas sencilla. -Miro fijamente a la joven detective-. Esta muerto desde el momento en que usted lo perdio de vista.
– No debio haberlo dejado solo -dijo Cowart.
Ella se enfurecio.
– ?Yo no lo deje solo! ?El me dejo a mi! Intente detenerlo. ?Joder, no se por que tengo que aguantar esto! ?Ni siquiera tengo por que estar aqui!
– Si, tiene que estar aqui -replico Cowart-. ?No lo entiende, detective? Ahi fuera hay un tipo muy malo. El motivo: juicios erroneos, equivocaciones, mala suerte, lo que sea. Si lo unimos todo, la conclusion es que el teniente lo dejo escapar… -dijo Cowart senalando con descaro a Brown-. Que yo lo deje escapar… -Se toco el pecho y luego senalo a Shaeffer-: Y ahora usted tambien lo ha dejado escapar. Asi es. -Respiro hondo-. De hecho, solo uno de nosotros logro atraparlo: Wilcox. Y ahora…
– Esta muerto -repitio Brown, de pie en el centro de la habitacion. Apreto los punos y los fue relajando poco a poco-. Y nosotros somos las unicas personas que realmente lo buscan. -Y tambien senalo a la joven-: Ahora usted esta en deuda, como nosotros.
Ella sintio un repentino mareo, como si estuviese en la embarcacion de pesca de su padrastro durante una marejada. Pero sabia que era verdad. Ellos tres habian creado el problema. Y ahora estaba en sus manos hallar una solucion. «Wilcox y unas ninas -penso-. Estos dos no tienen ni idea. No saben lo que significa que te arrojen al suelo y te ataquen, lo que significa ser consciente de que estan a punto de matarte y no poder hacer nada para evitarlo.» Le paso por la cabeza una imagen fugaz del horror que aquellas ninas experimentaron en sus ultimos minutos. Eso la sobrecogio y reavivo su determinacion.
– Pero antes hay que encontrarlo -dijo-. ?Alguna sugerencia?
– Florida -respondio Cowart lentamente-. Creo que ha regresado. Es lo que conoce. Es donde creera que esta
