mas seguro. Solo le preocupan dos cosas: el teniente Brown y yo. No creo que a usted la relacione con todo esto. ?La vio con Wilcox?

– No creo.

– Bueno, tal vez eso sea una ventaja.

Cowart se volvio hacia Brown. No podia borrar de su mente algo que Sullivan le habia dicho: «Hace falta ser un hombre libre para ser un buen asesino, Cowart.» El periodista cayo en la cuenta de que Ferguson lo sabia, asi que lo dijo.

– Pero usted y yo, bueno, es diferente. Necesita saber que se ha librado de nosotros. Entonces podra continuar con su carniceria sin preocuparse de que nadie le siga la pista.

– ?Y como se librara de nosotros?

El periodista solto un largo suspiro.

– El otro dia cuando lo vi, amenazo a mi hija. Sabe donde vive con su madre, en Tampa.

Brown comenzo a decir algo, luego se detuvo.

– Por eso…

– Cuenteme con que lo amenazo -pidio el detective.

– Se limito a decir que sabia donde vivia. No dijo que pensaba hacer. Solo que sabia quien era mi hija y que eso me impediria escribir un articulo sobre el. Especialmente sobre alegaciones no demostradas que lo relacionaran con otros crimenes.

– ?Es eso cierto?

– ?Usted que cree? -respondio el periodista indignado.

– ?Piensa que se dirige alli? ?A Tampa? ?A…?

– A arrancarme el corazon. Son palabras suyas.

– ?Y usted lo cree?

Cowart nego con la cabeza.

– No. Yo creo que piensa que ha conseguido cerrarme la boca. Que ya no tiene que hacer nada para mantenerme callado.

El teniente le lanzo una mirada furibunda.

– Yo tambien tengo hijas -dijo-. ?Las amenazo?

– No. No las menciono en ningun momento.

– Tambien sabe donde viven, Cowart. Todo el mundo en Pachoula sabe donde vivo.

– Ferguson no menciono nada al respecto.

– ?Sabia Ferguson que cuando usted estaba en su apartamento y el lo amenazaba, yo estaba fuera en el coche? ?Sabia que yo estaba alli cerca?

– No lo se.

– ?Por que no las menciono, Cowart? ?Por que no iba a funcionar conmigo la misma amenaza?

Cowart meneo la cabeza.

– El sabe que usted no se detendria.

Brown asintio.

– Al menos eso lo ha entendido, senor periodista. Entonces, ?que piensa hacer Ferguson conmigo? Si yo soy el unico problema que le queda, ?como piensa deshacerse de mi?

A Cowart solo se le ocurrio una explicacion.

– Probablemente quiera hacerle a usted lo mismo que le hizo a Wilcox. Tenderle una trampa y… -Hizo una pausa-. Tal vez me equivoque. Tal vez llego a la conclusion de que lo mejor era huir. Boston, Chicago, Los Angeles, cualquier ciudad con grandes barrios marginales. Podria desaparecer y, si tuviera paciencia, esperar una temporada para volver a las andadas.

– ?Y cree que tendria la paciencia necesaria? -pregunto Shaeffer.

Cowart nego con la cabeza.

– No. Tampoco se si el piensa que necesita paciencia. Ha ganado todas las partidas. Es arrogante, esta en racha y cree que no podemos atraparlo. Y en el supuesto de que dieramos con el, ?que podriamos hacerle? Ya nos ha vencido mas veces. Seguro que cree que puede lograrlo de nuevo.

– Lo que significa que solo hay un lugar al que puede estar dirigiendose en este momento -tercio Brown bruscamente. Los miro-. Solo un lugar: donde todo comenzo.

– Pachoula -dijo Cowart.

– Pachoula -asintio el teniente-. Su hogar. Mi hogar. El lugar donde se siente seguro. A pesar de que alli todo el mundo lo odie, es donde sigue sintiendose comodo y seguro. Un buen lugar para comenzar y para acabar. Y alli es donde ha ido, estoy seguro.

Cowart asintio con la cabeza y senalo el telefono.

– Pues llame. Ordene que vigilen la casa de la abuela. Haga que lo detengan.

Brown vacilo un instante y se dirigio hacia el telefono. Marco rapidamente los numeros y aguardo. Tras unos segundos, dijo:

– ?Central? Soy el teniente Brown. Paseme con el oficial de guardia.

– Un silencio-. ?Randy? Soy Tanny Brown. Mira, ha surgido algo. Algo importante. No quiero entrar en detalles ahora, pero necesito que me hagas un favor. Asigna un par de coches patrulla para que vigilen el colegio todo el dia. Y pon otro coche delante de mi casa. Que el agente le diga a mi padre que llegare lo antes posible y se lo explicare todo, ?de acuerdo?

Una pausa.

– No, no. Solo haz lo que te pido, ?entendido? Te lo agradezco. No te preocupes por el viejo. El se las arregla bien. Son las ninas las que me preocupan…

Escucho y luego agrego:

– No, nada tan especifico. Yo me encargare de todo el papeleo cuando vuelva. Hoy, si puede ser. De lo contrario, manana. ?Que que tienen que vigilar? A cualquiera que les llame la atencion. ?Entendido? Cualquiera.

Colgo.

– Pero no les ha hablado de Ferguson -observo Cowart sorprendido-. Ni una palabra.

– Les he dicho lo suficiente. No nos lleva tanta ventaja. Si nos damos prisa lo alcanzaremos antes de que este preparado para encontrarse con nosotros.

– Pero que pasa si…

– Nada de peros, Cowart. Los coches patrulla lo mantendran alejado hasta que lleguemos nosotros. Y entonces sera mio. -Los miro con furia contenida-. De nadie mas. Yo acabare con el. ?Entendido?

Guardaron silencio hasta que Cowart se dirigio a la comoda y saco un horario de vuelos de su pequena maleta.

– A mediodia hay un vuelo a Atlanta -informo-. A Mobile no hay nada hasta media tarde. Pero podemos volar a Birmingham y desde alli coger un coche. A ultima hora del dia estariamos en Pachoula.

Brown asintio. Lanzo una mirada inquisitiva a Shaeffer, que mascullo en senal de aprobacion.

– A ultima hora del dia -repitio quedamente el teniente.

26

CADA OVEJA A SU REDIL

Atravesaron la frontera entre Alabama y el condado de Escambia, conduciendo rapido mientras el crepusculo del Golfo los llevaba hacia la noche. El cielo sureno habia perdido la luminosidad de su azul satinado, y en su lugar surcaba el horizonte un gris sucio que amenazaba con mal tiempo. Un viento calido y cambiante soplaba a rachas, las rafagas ocasionales hacian vibrar las ventanillas del coche, despojandolos del frio y la humedad que arrastraban desde el noreste. Pasaron por delante de granjas polvorientas y zonas de pinos de gran altura, cuya posicion erguida y vertical evoco en la mente de Cowart el momento en que los espectadores de un estadio se ponen en pie impulsados por la tension. La velocidad del coche era reflejo de las dudas que los asaltaban. Todos

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