– Lo que el pueblo espera que haga.

– Que dudo sea lo mismo.

Cowart asintio.

– Ya. Pero nunca se sabe. Apuesto a que ahora esta a puerta cerrada en su despacho, llamando por telefono a los politicos de cada localidad hasta la frontera con Alabama, para saber que hacer.

El fotografo rio.

– Y es muy posible que ellos esten llamando a los representantes de cada distrito para saber que contestarle. ?Tu que crees, Matty? ?Lo pondra en libertad o no?

– Ni idea.

Cowart echo un vistazo al pasillo y vio a un grupo de jovenes alrededor de un anciano bajito con traje.

– Sacales una foto -pidio-. Son del colectivo contra la pena de muerte, estan aqui para armar un poco de escandalo.

– ?Y donde esta el Klan?

– Seguramente por ahi. Ya no estan tan organizados. Puede que lleguen tarde, o a lo mejor han acudido al sitio equivocado.

– O tal vez erraron el dia. Es posible que hayan estado aqui ayer y luego se fueran hartos y confundidos.

Los dos hombres rieron.

– Esto va a ser un zoologico -dijo Cowart.

– Si. Y ahi estan los leones, esperando la carnada.

Hizo un gesto y Cowart vio que Tanny Brown y Bruce Wilcox se arrimaban a una pared, procurando no cruzarse en el camino de los camaras. Vacilo y a continuacion dijo:

– Bueno, veamos que pasa en la leonera. -Y camino con decision hacia los detectives.

Wilcox se dio la vuelta, pero Tanny Brown se aparto de la pared y lo saludo con la cabeza.

– Bueno, senor Cowart. Ha armado un buen alboroto.

– Cosas que pasan, teniente.

– ?Satisfecho?

– Solo cumplo con mi obligacion. Igual que usted y Wilcox.

Brown miro al fotografo.

– ?Eh, usted! La proxima vez intente sacarme del lado bueno. Me hace parecer diez anos mas joven y a mis hijas eso les encanta. Creen que me estoy volviendo demasiado viejo para esto. Ademas, tampoco hay que ensanarse, ?no? -Sonrio y se giro ligeramente, posando para el fotografo-. ?Lo ve? Mucho mejor que esa foto que me robo con el entrecejo fruncido.

– Lo siento.

El policia sonrio.

– ?Como es que no me devolvio las llamadas? -pregunto Cowart.

– No tenemos nada de que hablar.

Cowart nego con la cabeza.

– ?Y que pasa con Sullivan?

– El no lo hizo -contesto Brown.

– ?Como puede estar tan seguro?

– No lo estoy, al menos de momento. Pero lo intuyo. Eso es todo.

– Pues se equivoca -dijo Cowart en voz baja-. Movil, oportunidad, una consabida predileccion. Usted conoce a ese hombre. ?Acaso no logra imaginarselo cometiendo el crimen? ?Y que me dice del cuchillo que encontramos?

El teniente volvio a encogerse de hombros.

– Claro que lo imagino haciendolo. Pero eso no significa una mierda.

– ?De nuevo su intuicion, teniente?

Brown solto una carcajada antes de replicar.

– No voy a seguir hablandole sobre las cuestiones fundamentales del caso. -Adopto la estudiada entonacion de quien ha testificado cientos de veces ante docenas de jueces-. Ya veremos que pasa ahi dentro. -Senalo a la sala del tribunal-. Despues ya hablaremos.

Wilcox, que miraba fijamente a su superior, interrumpio:

– Pero ?que dices! No puedo creerme que aun quieras hablar con este mamonazo despues de la que ha montado. Nos ha hecho quedar como…

El teniente alzo la mano.

– No me lo digas. Estoy harto de oirlo. -Se volvio hacia Cowart-. Cuando el espectaculo haya terminado, pongase en contacto conmigo. Volveremos a hablar. Por cierto, solo una cosa mas…

– ?Que cosa?

– ?Recuerda lo ultimo que le dije?

– Por supuesto. Me dijo que me fuera al infierno.

Brown sonrio.

– Bueno -repuso en voz baja-, pues lo mantengo. -Hizo una pausa y luego anadio-: Ha picado como un pardillo, senor Cowart.

Wilcox solto una risotada y dio una palmadita en la robusta espalda de su jefe. Su puno y su indice perfilaron una pistola, con la que apunto a Cowart para luego dispararla lentamente.

– ?Pum! -dijo.

Acto seguido, ambos detectives se dirigieron a la sala y dejaron a Cowart y al fotografo plantados en el pasillo.

Robert Earl Ferguson entro en la sala flanqueado por un par de guardias de uniforme gris; vestia un traje azul oscuro de raya diplomatica y llevaba un bloc de notas. Cowart oyo que otro periodista murmuraba: «Parece a punto de ingresar en la escuela de derecho», y luego vio que Ferguson estrechaba la mano a Roy Black y su joven ayudante, lanzaba una desafiante mirada a Brown y Wilcox, lo saludaba a el con la cabeza y, finalmente, se daba la vuelta y esperaba la llegada del juez.

Al momento, toda la sala se puso en pie.

El honorable Harley Trench era un hombre rechoncho de pelo cano, con coronilla de monje. Concito toda la atencion mientras organizaba rapidamente los documentos que tenia en el estrado. Luego echo un vistazo a los abogados, al tiempo que sacaba unas gafas de montura metalica y se las ajustaba, lo que le confirio el aspecto de un cuervo gordo en lo alto de un cable.

– Esta bien. ?Quieren seguir adelante con esto? -dijo con rapidez, haciendo senas a Roy Black.

El abogado se puso en pie. Era alto y delgado, y el pelo se le ondulaba sobre el cuello de la camisa. Se movia pausadamente, con un estilo histrionico y exagerado, gesticulando con los brazos mientras argumentaba. A Cowart le parecio que el magistrado no iba a hacerle mucho caso, porque fruncia el entrecejo a cada palabra.

– Senoria, estamos aqui para pedir la reapertura del juicio. Y lo hacemos basandonos en tres argumentos: primero, hay una nueva prueba exculpatoria; segundo, de presentarse esta nueva prueba ante un jurado, conllevaria un veredicto de inocencia, pues se impondria la duda razonable de que el senor Ferguson haya matado a Joanie Shriver; y tercero, nos consta que el tribunal cometio un error en el fallo previo al admitir una confesion supuestamente realizada por el senor Ferguson. -Se volvio hacia los detectives al pronunciar «supuestamente», que enfatizo con sarcasmo.

– ?Y todo eso no es competencia del tribunal de apelaciones? -pregunto el juez con sequedad.

– No, senoria. Segun los casos Rivkind, 320 Florida doce, 1978, y el estado de Florida contra Stark, 211 Florida trece, 1982, y otros, sostenemos con todo el respeto que a su senoria se le privo de todas las pruebas a la hora de emitir el fallo…

– ?Protesto!

El ayudante del fiscal se habia levantado de un brinco. Era un hombre de unos treinta anos, seguramente no hacia mucho que habia salido de la facultad. Llevaba un traje de tres piezas y hablaba con frases abruptas y entrecortadas. Se habia especulado mucho sobre su asignacion al caso. Debido a la amplia publicidad e interes del mismo, se habia dado por supuesto que el fiscal del condado de Escambia llevaria la acusacion. Cuando el joven fiscal se habia presentado solo, los periodistas veteranos habian asentido en senal de entendimiento. Se llamaba

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