– Esta bien. Y en cuanto a los detectives…
– Enseguida estoy con ellos.
Cowart volvio a mirar su texto. Arranco las palabras de Sullivan de la libreta y cerro el articulo con el «Casi nada, ?no?».
Pulso unas teclas, la pantalla se apago y el texto se envio automaticamente al jefe de redaccion para ser medido, revisado, editado e insertado en la primera plana. Ya no sabia si lo que habia escrito era verdad o mentira. Por primera vez en su vida como periodista, era incapaz de distinguir la una de la otra de tan imbricadas como estaban en su cabeza.
Shaeffer y Weiss estaban de muy mal humor.
– ?Donde esta? -pregunto la detective apenas entro en la sala de reuniones.
Los tres mecanografos estaban grapando cuartillas en la gran mesa donde se organizaban las reuniones vespertinas. Al ver el enfado de los policias, salieron de la sala presurosos, dejandose olvidada una pila de cuartillas. Cowart no contesto. Su mirada fue a posarse sobre el gran ventanal. La luz del sol se reflejaba en la bahia. Era posible divisar la columna de vapor de un transatlantico que se dirigia a la ensenada del Gobernador para poner rumbo a alta mar.
– ?Que donde esta! -repitio Shaeffer-. ?Donde esta la explicacion de las muertes de su madre y su padrastro?
Le puso una cuartilla de la transcripcion delante de los ojos.
– Aqui no pone una sola palabra -dijo casi a voz en grito.
Weiss le apunto con el dedo.
– Expliquese ahora mismo. Ya estoy harto de rodeos, Cowart. Podemos arrestarle como testigo y meterle en el calabozo.
– No me iria mal -contesto, fingiendo tanta indignacion como los detectives-, asi podria dormir un poco.
– ?Saben que? Ya estoy harto de que amenacen a mi companero -dijo la voz del redactor jefe detras de Cowart-. ?Por que no se buscan la vida por ahi? ?O acaso pretenden que Matt solucione el caso por ustedes?
– El ya tiene la solucion del maldito caso -contesto Shaeffer con una voz dulce y desafiante.
Hubo un momento de tenso silencio, hasta que el redactor jefe senalo las sillas.
– Sentemonos -ordeno secamente-. Y tratemos de arreglar esto.
Cowart vio que Shaeffer respiraba hondo y hacia un esfuerzo por no perder los estribos.
– Esta bien -dijo con suavidad-. Solo queremos una declaracion completa, y ahora mismo. Luego les dejaremos en paz. ?De acuerdo?
Cowart asintio. El redactor jefe anadio:
– Si Matt consiente, de acuerdo. Pero una amenaza mas y se acabo la entrevista.
Weiss se dejo caer sobre una silla y saco una libreta de notas. Shaeffer hizo la primera pregunta.
– Por favor, explique lo que me dijo en la prision de Starke. -La detective no le quitaba la vista de encima, estudiando todos sus movimientos.
Cowart la miro a los ojos. «Asi es como se mira a un sospechoso», penso, y dijo:
– Sullivan me aseguro que habia planeado los asesinatos.
– ?Eso dijo? ?Como? ?Con quien? ?Cuales fueron sus palabras exactas? ?Y por que diablos no estan en la cinta?
– Me hizo apagar la grabadora. No se por que.
– Bien. Continue.
– Solo fue un detalle en medio de la conversacion.
– Esta bien. Siga.
– De acuerdo. Ya sabe que me hizo ir a Islamorada. Me dio la direccion y demas. Me dijo que me entrevistara con las personas que vivian alli. No me dijo que iban a estar muertas. Nunca me dio detalles de ningun tipo, solo insistio en que fuese…
– ?Y usted no le exigio explicaciones antes de ir?
– ?Para que? Tampoco me las habria dado. Era un tipo inflexible. Sabia que iba a morir. Por eso fui sin hacer preguntas. Tampoco es tan increible.
– No, claro. Siga.
– Cuando volvi a visitarle en la celda me pidio que le describiese las muertes, que le contara todos los detalles: donde estaban, como habian muerto, todo lo que recordase del escenario del crimen. Se mostro particularmente interesado en saber si habian sufrido. Cuando termine de contarle todo lo que recordaba, se mostro satisfecho. Obscenamente satisfecho, diria yo.
– Siga.
– Le pregunte que a que venia tanta alegria y me dijo: «Porque los he matado yo.» Le pregunte como lo habia hecho y contesto: «Todo puede conseguirse, incluso en el corredor de la muerte, si uno esta dispuesto a pagar por ello.» Le pregunte que habia pagado el, pero se nego a revelarlo. Dijo que era cosa mia averiguarlo y que el se iria a la tumba sin despegar los labios. Le pregunte como lo habia preparado, pero no contesto. Luego me pregunto: «?No le interesa mi legado?» Entonces me dijo que encendiera la grabadora y empezo a confesar los demas crimenes.
Las mentiras salian de su boca una tras otra. Se sorprendio de la facilidad con que las soltaba.
– ?Cree que hay alguna relacion entre la confesion subsiguiente y los crimenes del condado de Monroe?
«He aqui la cuestion», penso Cowart. Se encogio de hombros.
– Es dificil de decir.
– Pero ?cree usted que le conto la verdad?
– Si, a ratos. Es decir, esta claro que cuando me envio a esa casa sabia que algo iba a ocurrir. Debia de saber que iban a matarlos. Creo que consiguio lo que se proponia. Pero sobre como pago el encargo…
Shaeffer se levanto.
– Muy bien -dijo-. Gracias. ?No recuerda nada mas?
– Si lo recuerdo se lo hare saber.
– Querriamos llevarnos las cintas originales.
– Ya veremos -atajo el redactor jefe-. Todavia no es posible.
– Puede que contengan mas pruebas -dijo la detective.
– Aun tenemos que sacar copias. Quiza para esta tarde, a ultima hora. Entretanto pueden llevarse una de las transcripciones.
– De acuerdo -dijo. La detective parecia ahora bastante relajada-. ?Y si necesito ponerme en contacto con usted? -le pregunto a Cowart.
– Estare por aqui.
– No estara tramando ir a ninguna parte…
– Si, a casa para descansar.
– Mmm. De acuerdo. Estaremos en contacto por lo de las cintas.
– Llamenme a mi -dijo el redactor jefe.
Ella asintio con la cabeza. Weiss cerro su libreta con brusquedad.
Shaeffer permanecio un instante observando fijamente a Cowart.
– ?Sabe una cosa, senor Cowart? Hay algo que me intriga. En la conferencia de prensa posterior a la ejecucion dijo usted que Blair Sullivan le habia hablado de la nina de Pachoula.
Cowart noto que algo se le revolvia en las entranas.
– Cierto… -dijo.
– Pero en la transcripcion tampoco hay rastro de eso.
– Me hizo apagar la grabadora. Ya se lo he dicho.
Ella sonrio.
– Es verdad. Si, supongo que fue eso lo que ocurrio… -Hizo una pausa significativa-. Imagino que llegados a ese punto oiremos la voz de Sullivan diciendo algo como «Apague la grabadora», ?no?
Cowart, conteniendo el panico, se encogio de hombros con indiferencia.
– Me hablo sobre ese crimen al mismo tiempo que de los asesinatos de Monroe -dijo.
Shaeffer movio la cabeza. Parecia querer estrangular a Cowart.
