en las sienes y de pronto se enfurecio y empezo a aporrear la puerta.

Cowart se encontraba sentado en el suelo con las piernas cruzadas en medio de los restos de su apartamento. Al oir el estallido de aquellos golpes como disparos de pistola, su primer pensamiento fue permanecer inmovil como un ciervo cegado por un faro; el segundo fue protegerse y esconderse. Lo que hizo, sin embargo, fue levantarse y dirigirse con paso inseguro en la direccion del estruendo.

Cogio aire y pregunto:

– ?Quien esta ahi?

«Soy el senor Problemas», penso Brown, y dijo:

– Teniente Tanny Brown. Quiero hablar con usted. -Hubo un momento de silencio-. ?Abra!

A Cowart le entraron ganas de soltar una carcajada. Abrio la puerta y asomo la cabeza.

– Todo el mundo quiere hablar conmigo hoy. Pensaba que seria otro de esos capullos de la tele.

– Pues no, soy yo.

– Pero apuesto a que las preguntas seran las mismas -dijo Cowart-. ?Como me ha encontrado? No figuro en la guia y el redactor jefe nunca le daria mi direccion.

– No ha sido dificil. Usted me dio su numero de telefono cuando intentaba sacar a Bobby Earl de la prision. Basto con llamar a la compania telefonica y decirles que era un asunto de la policia.

Los ojos de ambos hombres se encontraron y Cowart sacudio la cabeza.

– Tendria que haberme imaginado que vendria. Hoy todo parece salirme mal.

Brown hizo un gesto con la mano.

– ?Voy a tener que instalarme aqui o puedo pasar?

Al periodista la situacion debia de parecerle comica, pues se sonrio y volvio a sacudir la cabeza.

– Claro. ?Por que no? De todas formas pensaba ir a verle.

Termino de abrir la puerta. La estancia estaba a oscuras.

– ?Encendemos la luz?

Cowart se acerco a la pared y encendio el interruptor. El detective se quedo asombrado ante el desbarajuste que ilumino la lampara del techo.

– Santo cielo, Cowart. ?Que ha pasado aqui? ?Lo han atracado?

El periodista volvio a sonreirse.

– No, solo ha sido un pronto. Y no tengo ganas de recogerlo. Va a tono con mi estado animico.

Camino hasta el centro de la sala y encontro una butaca volcada. La puso de pie, dio un paso atras y le indico al detective que se sentara. Quito de encima del sofa unos papeles que fueron a parar al suelo y se derrumbo en el espacio libre.

– Estoy cansado -dijo Cowart-. No duermo mucho. -Se froto la cara con las manos.

– Yo tampoco duermo mucho ultimamente -contesto Brown-. Demasiadas preguntas. Y muy pocas respuestas.

– Eso tendria en vela a cualquiera.

Se observaron con mirada exhausta. Cowart sonrio y movio la cabeza en respuesta al silencio.

– ?No va a preguntarme nada? -le dijo al detective.

– ?Que esta pasando?

Cowart se encogio de hombros.

– Una pregunta demasiado generica; no puedo contestar a eso.

– Wilcox me dijo que sea lo que fuere lo que Sullivan le dijo antes de poner su culo en la silla, le hizo pasar un mal rato. ?Por que no me cuenta de que se trata?

Cowart volvio a sonreir.

– ?Eso dijo? Muy propio. Wilcox tiene hielo en las venas. Ni parpadeo cuando activaron la descarga electrica.

– ?Y por que iba hacerlo? ?No ira a decirme que derramo siquiera una lagrima por Sullivan?

– No, claro que no. Pero…

Brown le interrumpio:

– Bruce Wilcox ve las cosas a su manera.

– Si, puede -contesto el periodista, asintiendo con la cabeza-. No se. O sea que quiere saber que me conto Sullivan. Si le digo que me confeso un sinfin de asesinatos, ?se quedara satisfecho?

– Puede. Si.

– Ya veo. La muerte tambien es un negocio para usted. Como lo era para Sully.

– Supongo que podriamos decirlo asi, aunque no me parece la mejor manera de expresarlo. -Brown contemplo a aquel hombre despeinado y su apartamento revuelto. Se pregunto cuanto aguantaria antes de cogerlo por el cuello y sacarle las respuestas a bofetadas.

Cowart se retrepo en su asiento, como si retomara el hilo de algo.

– Sully me lo conto todo. Ancianos, ancianas, jovenes, gente de mediana edad, chicas, chicos. Dependientes de gasolineras y turistas. Cajeros de autoservicios y gente que simplemente pasaba por ahi. Pim, pam. Se cruzan con la persona equivocada; el los coge, los mastica y los escupe a un lado. Cuchillos, pistolas, a algunos los estrangulo con sus propias manos o los golpeo con bates, a otros los descuartizo, les disparo o los ahogo. Un buen catalogo de muertes violentas. Un tipo con recursos, ?eh? Desagradable, muy desagradable. Uno se pregunta adonde ira a parar el mundo, ?que ha hecho uno para merecer tanta maldad? ?Es que no basta con oirsela relatar a alguien durante horas? ?Explica eso mis… vacilaciones? ?Era esa la palabra?

– Puede.

– Pero usted no me cree.

– No.

– Usted cree que hay algo mas que me preocupa y se ha tomado la molestia de venir hasta aqui a preguntarme que es. Su consideracion me conmueve.

– No es consideracion para con usted.

– No, ya me imagino que no. -Cowart solto una risa amarga-. Me encanta -continuo-. ?Quiere algo de beber, teniente? Mientras seguimos con el numerito.

Brown reflexiono un momento y levanto los hombros con gesto de «adelante, ?por que no?». Luego se retrepo en la butaca y vio como Cowart iba a la cocina y volvia al cabo de unos segundos con una botella, un par de vasos y seis latas de cerveza bajo el brazo.

– Whisky barato -anuncio el anfitrion-. Y cerveza, si lo prefiere. Esto es lo que bebemos los reporteros en mi periodico. Nos servimos una cerveza, bebemos un par de sorbos y luego le echamos un chupito de whisky. Ayuda a entrar en calor. Y alivia las tensiones del dia en un periquete. Hace que uno se olvide de que trabaja mas horas que el reloj por un sueldo escaso y un futuro de risa.

Cowart preparo sendas copas.

– Perfecto. A su salud -dijo, y se bebio la mitad en unos pocos sorbos.

Brown le imito y el brebaje le quemo la garganta. Hizo una mueca.

– Sabe a rayos. Estropea tanto la cerveza como el whisky -dijo.

– Cierto -asintio Cowart sonriendo otra vez-. Eso es lo bueno. Coge uno dos sustancias que por separado saben divinamente, las mezcla y obtiene algo asqueroso. Y a continuacion se lo bebe. Como nosotros.

El detective dio otro trago.

– Aunque mejora a medida que uno va bebiendo.

– ?Ja! En eso se diferencia de la vida. -Volvio a llenar los vasos, se sento de nuevo en el sofa, paso un dedo por el borde del vaso y se quedo escuchando el chirrido-. ?Por que iba a contarle nada? -pregunto despacio-. Cuando acudi a usted preguntando por Ferguson, me echo los perros. Su amigo Wilcox. No me lo puso nada facil, ?no cree? ?Era la verdad lo que le interesaba cuando encontramos aquel cuchillo? ?O solo queria mantenerse en sus trece? Digame, ?por que tendria que ayudarle?

– Por una razon muy simple. Porque yo puedo ayudarle a usted.

Cowart sacudio la cabeza.

– No lo creo. Y tampoco me parece una buena razon.

Brown se revolvio en su asiento y clavo los ojos en el periodista.

– ?Que me dice de esta otra? -dijo despues de vacilar un instante-: Estamos juntos en esto. Lo estuvimos desde buen principio. Y aun no ha terminado, ?verdad?

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