– No -admitio Cowart.

– El problema, a mi parecer, es que estoy metido en algo pero no se lo que es. Solo necesito que usted me ilumine un poco.

Cowart se reclino y se quedo mirando al techo, intentando decidir que podia decirle al detective y que era mejor callarse.

– Asi es la mayoria de las veces, ?no?

– ?Como?

– Entre polis y periodistas.

Brown asintio con la cabeza.

– Perros y gatos. En el mejor de los casos.

– Tenia un amigo -empezo Cowart- que era detective de homicidios, como usted. Solia decirme que a los dos nos interesaban las mismas cosas, solo que con finalidades distintas. Durante mucho tiempo ninguno de los dos logro comprender del todo los motivos del otro. Para el, yo solo queria escribir mis articulos; y para mi, el solo queria resolver sus casos y trepar escalafones en la jerarquia. Su informacion me era util para mis articulos y sus casos se hicieron tan conocidos que lo promovieron en el departamento. Era como una simbiosis. Ambos queriamos averiguar las mismas cosas, necesitabamos la misma informacion, a veces nos valiamos de los mismos metodos, aunque no siempre lo reconociamos, y aun asi la desconfianza era mutua. Recorriamos la misma calle por aceras distintas, pero jamas nos decidiamos a cruzar la calzada. Tuvo que pasar mucho tiempo para que nos fijaramos en nuestras similitudes y dejaramos a un lado nuestras diferencias.

Brown se relleno el vaso, empezaba a notar el efecto del licor sobre sus exaltados sentimientos. Bebio un sorbo y miro a Cowart.

– Esta en la naturaleza de los detectives el desconfiar de todo lo que escapa a su control. Sobre todo cuando se trata de informacion.

Cowart sonrio de nuevo.

– Esto es lo que lo hace emocionante, teniente. Se algo que a usted le gustaria saber. Esto me da ventaja. Generalmente soy yo el que acude a personas como usted en busca de informacion.

Brown sonrio a su vez, aunque no porque el comentario le resultara gracioso. Fue una sonrisa que hizo que Cowart agarrara su vaso con mas fuerza y cambiara de posicion en su asiento.

– Pero yo he venido aqui para hablar con usted de otro asunto. Aun no he bebido lo bastante como para olvidarme, ?sabe, senor Cowart? No creo que haya suficiente alcohol en esta casa para hacer que me olvide de eso. Ni en todo el mundo lo habria.

El periodista se inclino hacia delante.

– Le dire lo que vamos a hacer, teniente. Usted quiere informacion y yo tambien quiero informacion. Hagamos un trato.

El detective dejo su vaso.

– ?Que trato?

– La confesion. Esa es la primera parte del trato, ?de acuerdo?

– De acuerdo.

– Cuenteme entonces la verdad sobre esa confesion, y yo le contare la verdad sobre Ferguson.

Brown se quedo sentado con la espalda muy recta, como si el recuerdo le entumeciera el cuerpo y las palabras.

– Senor Cowart -contesto despacio-, ?sabe lo que pasa cuando uno ha vivido siempre en un lugar pequeno? Que si algo no funciona, puede olerlo en el aire, no sabe exactamente como, quizas en como el calor se deja sentir a mediodia y se desvanece al atardecer. Es como saberse las notas de una melodia: cuando la banda las toca, es como si ya las hubieras oido antes. No es que todo marche siempre a pedir de boca; tambien suceden cosas terribles. Pachoula no es tan grande como Miami, pero eso no quita que tambien tengamos maridos que pegan a sus mujeres, camellos adolescentes, putas, usureros, chantajistas y asesinos. Pasan las mismas cosas, solo que es menos descarado.

– ?Y Bobby Earl?

– La cago de buen principio. Yo sabia que planeaba matar a alguien. No se si era su manera de caminar, de hablar, o esa risita que soltaba cuando le paraba yendo en coche. De donde procedia no podia esperarse otra cosa, era como un perro adiestrado para pelear. Trasladarse a la ciudad no hizo mas que empeorar las cosas. Destilaba odio. A mi me odiaba, y a usted; lo odiaba todo. Iba a la deriva, haciendo tiempo hasta que el odio lo corrompiera por completo. Durante todo ese tiempo, el sabia que yo lo seguia. Sabia que estaba esperando. Y sabia que yo sabia que el tambien estaba esperando.

Cowart se quedo contemplando los entornados ojos del detective y penso que Ferguson no era el unico que destilaba odio.

– Deme detalles.

– No hay muchos. Una chica que asegura que la siguio hasta su casa. Otra dice que la quiso montar en su coche; al parecer se ofrecio a llevarla. Trataba de ser amable. Una patrulla vecinal lo pillo merodeando por el barrio con las luces apagadas a medianoche. Habia habido alguna violacion y agresiones en los condados vecinos, pero los peritos no pudieron relacionarlas con el. Otra patrulla lo sorprendio en la puerta del colegio una semana antes de la desaparicion y el asesinato de la nina, era justo la hora de salir de clase y el no supo explicar que estaba haciendo ahi. Joder, pero si incluso pase su nombre a la red nacional y pregunte a la policia de Nueva Jersey si en Newark tenian algo. Pero nada.

– Hasta que un dia Joanie Shriver aparece muerta, ?verdad?

Brown suspiro. El alcohol lo habia apaciguado un poco.

– Exacto. Un dia Joanie Shriver aparece muerta.

Cowart miro fijamente al teniente.

– Hay algo que no me esta contando.

Brown lo reconocio con un gesto.

– Era la mejor amiga de mi hija. Y amiga mia tambien.

El periodista asintio con la cabeza.

Brown hablo en voz baja:

– Su padre es el dueno de una cadena de ferreterias. Eran del abuelo, quien, cuando yo iba al colegio, me consiguio un empleo como hombre de la limpieza. Era uno de esos hombres que no prestaban atencion al color de la piel, aunque en esos tiempos todo el mundo se fijaba en eso. ?Recuerda lo que pasaba en Florida a principios de los sesenta? Habia marchas, sentadas, quemas de cruces. Y a pesar de todo, el me dio un empleo. Me ayudo cuando entre en la universidad. Y cuando volvi de Vietnam me recomendo en el cuerpo de policia. Hizo algunas llamadas y movio un par de hilos. Le debian algunos favores. ?Cree que eso no significa nada? Y su hijo era amigo mio. Trabajabamos juntos en la ferreteria. Nos contabamos chistes, hablabamos de nuestros problemas, de nuestras ilusiones de futuro. No era algo habitual en aquellos tiempos, aunque a usted todo eso seguramente no le diga nada. Pero para mi, senor Cowart, significa mucho. Nuestras hijas jugaban juntas. Y si tiene alguna idea de lo que eso significa, entendera por que no consigo dormir por las noches. Les debo un par de favores. Aun se los debo.

– Siga.

– ?Tiene idea de hasta que punto puede uno odiarse a si mismo por no haber sabido evitar algo tan inevitable como la salida del sol o las mareas?

Cowart arrugo el entrecejo y dijo:

– Quiza.

– ?Tiene idea de lo que es saber, saber con absoluta certeza y sin atisbo de duda, que algo terrible va a ocurrir y aun asi ser incapaz de evitarlo? Y entonces, cuando ocurre, ?que te arrebate a alguien a quien querias? ?Que le rompa el corazon a un amigo de verdad? Y no poder hacer nada. ?Nada de nada!

La fuerza de las palabras de Brown lo dejaron consternado. El detective apreto el puno como si agarrara la furia que ardia en su interior.

– ?Lo entiende ahora, senor Cowart? ?Lo ve ahora?

– Creo que si.

– Tenia a aquel hijo de puta delante de mi. Riendo con aires de suficiencia en su silla. Provocandome. Yo sabia que lo habia hecho, pero el se creia intocable. Bruce me miro, y yo asenti con la cabeza. Sali del cuarto y el

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