Todo estaba en las palabras del ejecutado Sullivan. Un mentiroso empedernido, hasta mas alla de la muerte.
Advirtio que el redactor jefe estaba observandole. Levanto los brazos y le hizo un gesto para que se apresurara. Cowart volvio a mirar el articulo, consciente de que iba a ir a la imprenta tal cual estaba.
Una voz sobre su hombro le arranco de su indecision.
– No me lo trago.
Era Edna McGee. La melena rubia le daba en la cara mientras negaba con la cabeza. Estaba leyendo unas cuartillas mecanografiadas. La confesion de Sullivan.
– ?Que? -Cowart giro la silla hasta quedar de cara a su amiga.
Ella fruncio el entrecejo e hizo una mueca sin separar la vista del papel.
– Matt, aqui hay algo que no encaja.
– ?El que?
– Estoy haciendo una lectura rapida, claro, pero bueno, veo que esta contando la verdad sobre los crimenes. Lo supongo por los detalles y todo lo demas. Pero mira esto, dice que mato a un chaval que trabajaba en una estacion de servicio y en la tienda de recuerdos indios de la Tamiami Trail, hace un par de anos. Dice que paro a tomarse un refresco o no se que, que le pego un tiro por la espalda y que vacio la caja antes de salir para Miami. Me acuerdo muy bien de aquel crimen, ya que lo cubri. ?Te acuerdas que empece con un articulo sobre los establecimientos que habian sufrido atracos en los alrededores de la reserva Miccosukkee y que prepare una tabla con los crimenes sufridos por los vecinos de Everglades? ?Te acuerdas?
Cowart se agarro a la mesa.
– Matt, ?te encuentras mal?
– Me acuerdo, claro que si -contesto Cowart con un hilo de voz.
Edna lo observo.
– La mayoria versaba sobre gente a la que habian atracado camino del bingo y de las patrullas que los indios habian organizado para vigilar sus negocios.
– Lo recuerdo.
– Pues bien, resulta que investigue un poco sobre aquel asesinato. Todo fue mas o menos como Sullivan dice, y en un momento dado incluso se diria que lo presencio en directo. Y es verdad, al muchacho le dispararon por la espalda. Pero eso aparecio en todos los periodicos… -Agito las cuartillas con la transcripcion-. A lo que voy es a que lo sabe todo, pero solo de modo superficial. No lo hizo el. Ni de cona. Arrestaron a tres chavales del sur de Miami por ese crimen. Los peritos relacionaron su arma con la bala que abatio al muchacho y todo eso. Uno de ellos confeso y el que conducia testifico contra el autor de los disparos. Caso cerrado. Dos de ellos estan cumpliendo veinticinco anos por homicidio en primer grado y el otro consiguio un acuerdo. Pero no hay dudas respecto a la autoria del crimen.
– Pero Sullivan…
– Ya, ya, es muy extrano. Por aquel entonces rondaba por el sur de Florida. Eso si lo sabemos. Habria que revisar fechas y demas, pero es casi seguro. Puede que estuviera de paso cuando el crimen se comentaba en los periodicos. El muchacho asesinado era el sobrino de uno de los ancianos de la comunidad, por eso provoco tanta conmocion. Hasta en la tele no hacian mas que hablar de eso. ?Te acuerdas?
Cowart lo recordaba, y se pregunto como no lo habia recordado antes, cuando Sullivan se lo conto. Asintio con la cabeza.
Edna volvio a agitar las cuartillas.
– Caramba, Matt, probablemente te dijo la verdad sobre la mayoria de los crimenes. Pero ?sobre todos? ?Quien sabe? Aqui tenemos uno que no encaja. ?Cuantos mas habra?
Cowart sintio vertigo. «Probablemente te dijo la verdad.» Sullivan tal vez habia mentido una vez. O dos. O una docena. ?A quien mato? ?A quien no mato? ?Cuando decia la verdad y cuando no?
O acaso era todo mentira y en realidad Ferguson era quien decia la verdad. En su cabeza, Ferguson se transformo automaticamente de demonio asesino en un hombre indignado al que la justicia ha traicionado. Las mentiras, medias verdades e inexactitudes de Sullivan habian formado una marana inextricable.
«?Inocente?», penso. Se quedo mirando el monitor recordando las palabras de Sullivan. «?Culpable?»
Edna volvio a agitar las cuartillas.
– Hay otros dos que quiza tampoco encajan. Imagino que solo son suposiciones mias, pero no entiendo por que iba a colgarse crimenes que nunca cometio. -Hizo una pausa y se contesto a si misma-: Pues porque era un bicho raro, y lo fue hasta las ultimas consecuencias. Todos los asesinos en serie pretenden quedar como los mas sanguinarios, los mas duros o los mas desalmados. ?Te acuerdas de Henley, aquel tio de Texas que se cargo a veintiocho personas? Lo metieron en prision, y al tiempo aparecio en Chicago aquel John Gacy que se habia cargado a treinta y tres. Entonces Henley llamo a un detective de Houston y le dijo: «El record sigue siendo mio, porque tal y cual…» Muy raro, diria yo.
– Tienes razon -contesto Cowart, inundado por un mar de dudas.
Edna se inclino para leer el titular de su articulo.
– Los asesinatos son al menos treinta y nueve. Bueno, eso es lo que el dijo. Pero sera mejor que te cerciores.
– Eso hare.
– ?Entro en detalles sobre los asesinatos de los cayos?
– No. Solo dijo que lo habia preparado todo para que se cometieran.
– Pero te diria algo mas, ?no?
Cowart se incorporo.
– Hablo de que radio macuto funciona incluso en el corredor de la muerte. Y de que todo puede conseguirse a cambio de algo. Pero no dijo a cambio de que.
– Ya. Bueno, tu escribe lo que el te dijo, pero contrastandolo todo. -Edna echo una mirada en torno en busca de la pareja de detectives, que seguian leyendo las transcripciones-. ?Crees que tienen pruebas solidas? A mi me parece que estan esperando que tu se lo des todo mascado -anadio con cinismo.
El la miro.
– Edna… -empezo.
– Necesitas ayuda con todo esto, ?verdad? -Edna parecio rebosar entusiasmo. Dio un manotazo sobre el monton de cuartillas-. Que te digan que hay de cierto, que de dudoso y que de falso, ?no?
– Si. Por favor. ?Lo harias tu?
– Me encantaria. Me llevara unos dias, pero me pondre a ello ahora mismo. Se lo dire a los de arriba. ?Seguro que no te importa compartir el caso conmigo?
– No. En absoluto.
Edna senalo la pantalla.
– Mejor que tengas cuidado de no ser demasiado explicito sobre la confesion de Sullivan. Puede que haya mas puntos conflictivos. No escribas nada que no puedas probar.
Cowart no sabia si reir o echarse a llorar.
– Deberias tenerle mucho respeto al viejo Sully. Jamas le puso las cosas faciles a nadie -anadio ella mientras se marchaba.
Cowart vio como Edna McGee atravesaba la redaccion en direccion al jefe y al momento empezaban a hablar animadamente. Luego los observo repasar la declaracion transcrita. De pronto el jefe sacudio la cabeza y vino presuroso a su mesa.
– ?Es verdad? -pregunto.
– Eso dice Edna -contesto Cowart-. Yo no lo se.
– Pues tendremos que comprobar punto por punto.
– Parece que si.
– ?Dios! ?Y como va el articulo?
– Pues como las declaraciones del difunto. Muchas afirmaciones sin confirmar, no acabo de saber que hay de verdad en todo ello, surgen muchos interrogantes. Asi va.
– Echa toda la lena en la descripcion y andate con ojo con los detalles. Necesitamos tiempo.
– Edna me ayudara.
– Bien. Ahora mismo empezara a hacer llamadas. ?Cuando crees que podras seguir adelante?
– Necesito descansar un poco.
