bahia?
– Si.
– Bien, habra un camion de reparto esperandote en la esquina dentro de veinte minutos. Sube y luego entra por la entrada de mercancias.
– Como en las peliculas, ?eh? -Sonrio.
– Corren malos tiempos, hijo, hay que tomar medidas extraordinarias. No se nos ha ocurrido nada mejor. Supongo que la CIA y el KGB habrian dado con un plan mas brillante, pero aqui el tiempo apremia. Y por lo demas, dar esquinazo a un enjambre de camaras de la tele tampoco debe de ser nada del otro jueves.
– Ya salgo para ahi. -Entonces se acordo de las cintas que llevaba en el maletin con la confesion y la verdad sobre la muerte de Joanie Shriver. No podia permitir que nadie las escuchara. No hasta que las cosas se calmasen y el hubiera decidido que hacer. Trato de ganar tiempo-. Oye, antes tendria que darme una ducha. Diles a los del camion que esperen unos tres cuartos de hora. Quizas una hora.
– Ni hablar. Para escribir no hace falta tener buen aspecto.
– Pero tengo que ordenar las ideas.
– ?Quieres que le diga al jefe que estas «pensando»?
– No, no, dile que voy pero que estoy reuniendo mis notas. Treinta minutos, Will. Media hora. Te lo prometo.
– Ni un minuto mas. Venga, hijo, muevete. -Will Martin hizo un chasquido para subrayar lo urgente del asunto.
– Media hora. Ni un minuto mas.
– Vale. Voy a decirselo. Senor, le va a dar un infarto y no son mas que las diez de la manana. El camion te estara esperando. Pero date prisa. A ver si hacemos que el jefe llegue a manana, ?de acuerdo? -Martin se rio de su propia gracia y colgo.
A Cowart la cabeza no dejaba de darle vueltas. Sabia que se le estaban agotando las opciones, que los detectives llegarian a la redaccion de un momento a otro. La situacion empezaba a escaparsele de las manos. Tenia que ir y escribir algo. Habia muchas esperanzas depositadas en el.
Abrio el maletin y saco las cintas. No le llevo mas de un segundo encontrar la ultima; habia tenido la precaucion de numerarlas a medida que las iba grabando. Por un instante la sostuvo en la mano y penso en destruirla, pero la introdujo en el casete y la rebobino hasta el principio, luego la adelanto unos segundos y pulso
Detuvo la cinta y la rebobino un poco, hasta el punto en que Sullivan decia: «Esos son los treinta y nueve. Casi nada, ?no?» Y el respondia: «Senor Sullivan, no queda mucho tiempo.» Entonces el asesino le habia gritado: «Pero ?es que no me ha oido, amigo?», y luego: «Es hora de contarle una ultima historia…»
Rebobino de nuevo, hasta «Casi nada, ?no?».
Se acerco a su coleccion de discos y cintas y dio con un casete del
Cowart oyo las palabras bullendo a su alrededor e intento desterrarlas de su mente.
Cuando la cinta termino, pulso
Se quedo un momento mirando fijamente el original. Luego rebobino hasta el fragmento que habia copiado, pulso
Cowart aparto por un momento los ojos de la pantalla del ordenador y distinguio a la pareja de detectives avanzando por la redaccion. Sortearon las distintas mesas, zigzagueando en direccion a el, ajenos a la presencia de los periodistas de la sala, que les seguian con la mirada. Cuando llegaron a su escritorio, ya todo el mundo les estaba mirando.
– Muy bien, senor Cowart -dijo Andrea Shaeffer con tono impaciente-. Nuestro turno.
Le dio la impresion de que las palabras se difuminaban en la pantalla.
– Termino en un segundo -contesto, con los ojos fijos en el ordenador.
– Ya ha terminado -repuso Michael Weiss.
En ese momento llego el redactor jefe y se interpuso entre los dos policias y Cowart.
– Queremos una declaracion completa, ahora mismo. Hace dias que tratamos de conseguirla y ya estamos hartos de jugar al gato y al raton -explico Shaeffer.
El redactor jefe hizo un gesto con la cabeza.
– Cuando termine.
– Eso nos dijo el otro dia, cuando encontro los cuerpos. Entonces tenia que hablar con Sullivan. Luego no se que le cuenta Sullivan pero necesita estar a solas. Y ahora tiene que escribir. ?Acaso necesitamos suscribirnos a su maldito periodico para enterarnos de las cosas? -espeto Weiss con exasperacion.
– En un momento estara con ustedes -insistio el redactor jefe, ocultando a Cowart de la mirada de los detectives y procurando alejarlos de su mesa.
– Ahora -se obstino Andrea Shaeffer.
– Cuando termine -se obstino aun mas el jefe.
– ?Quiere que le arreste por interferir con la investigacion? -replico Weiss-. Empiezo a cansarme de esperar a que ustedes terminen su jodido trabajo para que nosotros podamos empezar el nuestro.
– Buena idea -contesto el redactor jefe-. Manana en primera plana saldria una preciosa foto de ustedes esposandome. Seguro que el jefe de policia de Monroe estaria encantado. -Y les ofrecio las munecas.
– Escuche -tercio Shaeffer-. El posee informacion relacionada con la investigacion de un homicidio. ?No le parece razonable pedirle un poco de colaboracion?
– No es que no sea razonable. Pero tambien se le echa encima el cierre de la primera edicion, y lo primero es lo primero.
– En eso tiene razon -gruno Weiss-. Lo primero es lo primero. Solo que no estamos de acuerdo en que es lo primero. Parece que vender periodicos va primero que resolver asesinatos.
– Matt, ?te queda mucho? -pregunto el jefe.
– Unos minutos.
– ?Donde estan las cintas? -pregunto Shaeffer.
– Las estan transcribiendo. Ya casi han acabado. -El redactor jefe reflexiono un instante-. Oigan, ?por que no leen lo que Sullivan le dijo a mi companero mientras esperan?
Los detectives asintieron con la cabeza y el jefe se los llevo a la sala de reuniones, donde tres mecanografos con auriculares trabajaban sin tregua con las cintas.
Cowart respiro hondo. Ya habia terminado de describir la ejecucion y se las veia ahora con la confesion de Sullivan. Habia enumerado todos los crimenes que aquel psicopata habia confesado.
El unico cabo suelto era la horrenda muerte de sus padres adoptivos. Cowart se quedo bloqueado. Era una parte crucial de la historia, una informacion destinada a ocupar una posicion clave en los primeros parrafos. Y al mismo tiempo, era la parte mas delicada. No podia decirle a la policia -ni escribirlo en el periodico- que Ferguson estaba implicado en esos crimenes sin explicar el porque. Y la unica respuesta a ese porque se remontaba a la muerte de Joanie Shriver y al acuerdo al que, segun el difunto, habian llegado aquellos dos hombres en el corredor de la muerte.
Matthew Cowart vacilo frente al monitor. El unico modo de protegerse a si mismo, a su reputacion y a su carrera era encubrir el papel de Ferguson.
«?Encubrir a un asesino?», penso.
En su mente resonaron las palabras de Sullivan: «?Acaso lo he matado a usted?»
Por un instante tuvo el impulso de revelar la verdad, pero inmediatamente se pregunto: «?Cual es la verdad?»
