– Ah, claro. Pero usted no ha dicho eso antes, ?verdad? Que raro, ?no? Dejo que le grabase hablando de todos los crimenes menos de estos dos, ?correcto? El, que lo mando llamar especialmente para que usted fuese la ultima persona que lo viese vivo. Insolito, ?no cree?

– No lo se, detective. Era un tipo insolito.

– Y me parece que usted tambien, senor Cowart -dijo ella. Luego se dio media vuelta y se marcho con su companero.

Cowart la siguio con la mirada mientras atravesaba la redaccion y desaparecia tras las puertas de salida. Advirtio el vaiven de sus caderas. «Seguro que sale a correr cada manana -penso-. Es esbelta y tiene ese aire infeliz e insatisfecho del que practica footing.» Deseaba creer que ella se hubiese creido su version, aunque admitia que era muy dificil.

Tambien el redactor jefe observo como la pareja de detectives se marchaba. Entonces respiro hondo y confirmo lo que ya era obvio:

– Matt, esa mujer no se ha creido una sola palabra. ?Realmente fue eso lo que ocurrio con Sullivan?

– Si, mas o menos.

– No es muy verosimil, ?no te parece?

– No, no es nada verosimil.

– Matt, ?que esta pasando aqui?

– Todo es cosa de Sullivan -se apresuro a contestar-. Se dedico a confundirme. Lo hacia con todo el mundo. Cuando no estaba matando a nadie se dedicaba a eso.

– ?Y que hay de lo que ha insinuado la detective?

Cowart ensayo una respuesta que tuviera un minimo de sentido:

– Es como si Sullivan hiciera distingos entre los crimenes. Para el, los de veras importantes, los que no aparecen en la cinta, eran, ?como decirlo?, distintos. Los demas eran como el pan de cada dia. Parte de su leyenda. No soy psiquiatra, no se explicar como funcionaba su cabeza.

El jefe asintio.

– ?Es eso lo que vamos a publicar?

– Si, mas o menos.

– Aseguremonos de que si tenemos que pecar de algo sea de exceso de prudencia, ?de acuerdo? Si algo te genera dudas, no lo pongas. O asegurate de que esta contrastado. Siempre podemos volver a retomarlo.

Cowart trato de esbozar una sonrisa.

– En eso estoy.

– Que sea verdad. Hay mas preguntas que respuestas. ?A quien pretendia encubrir Sullivan? Averigualo, ?entendido? ?Trabajaras en esa direccion mientras Edna revisa el resto de la declaracion?

– Si.

– Menuda historia. Alguien trama un asesinato justo antes de su propia ejecucion. ?De que estamos hablando? ?Celadores corruptos? ?El abogado, quizas? ?Otro de los reclusos? Descansa un poco y luego ponte a ello, ?vale? ?Sabes por donde empezar?

– Si -respondio Cowart. «No solo se por donde empezar, sino por donde acabar: Robert Earl Ferguson.»

A pesar del cansancio, Cowart se quedo en la redaccion hasta ultima hora de la tarde. No hizo ningun caso de los reporteros que montaban guardia frente al edificio. Sin embargo, cuando los directores de noticias de todos los canales empezaron a llamar al director ejecutivo, se vio obligado a salir y hacer una declaracion breve y poco satisfactoria, lo cual, naturalmente, lejos de sosegarlos los crispo aun mas. Al final de la comparecencia no se marcho nadie. Cowart no atendio a las llamadas de los periodistas que pretendian entrevistarlo. Se limito a esperar la caida de la noche. Cuando hubo aparecido la primera edicion, leyo con cautela sus propias palabras, como si estas pudieran herirle. Introdujo un par de cambios para la segunda edicion en los que anadia aun mas incognitas a la confesion de Sullivan y subrayaba la misteriosa esencia de sus actos. Hablo una vez mas con Edna y el jefe de redaccion, fingiendo su voluntad de trabajar en equipo. Luego cogio el montacargas y descendio a las entranas del edificio, dejando atras la sala de maquetacion, la seccion de anuncios clasificados, la cafeteria y la planta de rotativas. El edificio temblaba con el zumbido de las maquinas, que iban expulsando miles de ejemplares. Podia sentir el temblor de las rotativas atravesando la suela de sus zapatos.

Uno de los camiones del reparto se lo llevo y lo dejo cerca de su apartamento. Se metio bajo el brazo un ejemplar del periodico del dia siguiente y echo a andar, subitamente aliviado por el anonimo taconeo de sus zapatos sobre la acera.

Echo un vistazo a la fachada del apartamento antes de llegar a la puerta, en busca de mas periodistas. No vio a nadie; luego busco algun rastro de los detectives de Monroe. No seria tan extrano que lo hubieran seguido. No obstante, la calle parecia desierta y Cowart se apresuro a entrar en el vestibulo. Por primera vez desde que vivia en aquel modesto edificio lamento su falta de seguridad. Titubeo un instante frente al ascensor, y al final opto por abrir la puerta de emergencia y subir por la escalera; respiraba entrecortadamente y sus pasos resonaban en la contrahuella de linoleo de los escalones.

Abrio la puerta del apartamento y entro. Permanecio un momento en el centro de la estancia, esperando a que se le sosegara el corazon, luego se aproximo a la ventana y se quedo contemplando las oscuras aguas de la bahia. Unas pocas luces se reflejaban inseguras sobre el ondeante charco de tinta negra, devoradas una y otra vez por el vasto oceano.

Creia estar solo, pero se equivocaba. No se daba cuenta de que varias personas, pese a encontrarse a kilometros de distancia, estaban en la habitacion con el, como fantasmas, a la espera de su proximo movimiento.

Algunas, por supuesto, se encontraban mas cerca. Andrea Shaeffer, por ejemplo, que habia aparcado a una manzana y habia asistido a su erratica fuga con la ayuda de unos prismaticos de vision nocturna, viendo como trataba de ocultarse en la oscuridad. Tan concienzuda era su vigilancia que la detective no reparo en Tanny Brown, que cobijado por las sombras del edificio adyacente dejaba que la noche lo ocultara. Brown espio las luces del apartamento de Cowart hasta que se apagaron. A continuacion, espero a que el coche de la detective se adentrara lentamente en las tinieblas de la ciudad antes de moverse, ligero como un gato, hacia el apartamento de Cowart.

14

CONFESION

Tanny Brown estuvo escuchando a traves de la puerta del apartamento de Cowart. Podia percibir como los distantes sonidos del trafico urbano penetraban en la quietud de la oscuridad y se entremezclaban con el soniquete de un insecto verde que se estrellaba una y otra vez contra la luz del vestibulo. Se puso manos a la obra en cuanto oyo que en el apartamento adyacente un par de voces subian de volumen entre risas para luego desvanecerse. Por un segundo se pregunto que clase de broma era esa. Volvio a escuchar a traves de la puerta; del apartamento de Cowart no llegaba ruido alguno. Cogio con suavidad el pomo de la puerta y lo giro levemente hasta que encontro resistencia. Cerrado. Observo el pestillo de la parte superior y comprobo que estaba echado.

Apreto el puno, contrariado. No soportaba la idea de tener que llamar al timbre. Queria colarse subrepticiamente en el apartamento, como un caco, para sorprender a Cowart y de ese modo sonsacarle la verdad.

Oyo un sonido metalico a su espalda y, dandose la vuelta, trato de refugiarse bajo una sombra. En un acto reflejo se llevo la mano a la pistolera. Era el ascensor, que subia a otro piso. Distinguio el pequeno haz de luz deslizarse entre las puertas y pasar de largo. Suspiro, preguntandose a que tanto sobresalto. Fatiga e incertidumbre. Volvio la vista a la puerta, pensando que si alguien le sorprendia de esa guisa, llamaria sin duda a la policia, tomandolo por un intruso con malas intenciones.

«Lo cual es precisamente la verdad», penso con un toque de humor.

Brown respiro hondo, sacudio la cabeza para despejarse y se concentro en su proposito. Noto el latir del odio

Вы читаете Juicio Final
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату