Cowart se levanto y se acerco al equipo de musica. Puso la cinta en la platina y se volvio hacia el detective.
– ?Le importa si escuchamos la ultima parte?
Pulso un boton y unas melancolicas notas invadieron la estancia.
Brown se quedo mirando al periodista.
– Cowart, ?que esta haciendo? No he venido a escuchar musica.
Cowart volvio a su asiento.
–
Los instrumentos de viento empezaban a apagarse lentamente cuando irrumpio la agria voz de Sullivan. Brown se incorporo de un brinco. Estiro el cuello en direccion a los altavoces, tenso todo el cuerpo.
«… ahora le contare la verdad sobre la pequena Joanie Shriver… la pequena y dulce Joanie…» Sullivan hablaba con una voz socarrona, clara y potente.
«… numero cuarenta», dijo Cowart en la cinta.
La risa del asesino retumbo en el aire.
El periodista y el detective se quedaron inmoviles, dejandose envolver por la voz de Sullivan. Cuando la cinta llego al final y se paro, ambos se quedaron mirando en silencio.
– Joder -suspiro Brown-, lo sabia. Hijo de puta.
– Asi es.
Brown se levanto y entrechoco las manos. Se sentia lleno de energia, como si las palabras de Sullivan hubieran cargado el aire de electricidad. Apreto los dientes y dijo:
– Ya te tengo, cabronazo. Ya te tengo.
Cowart permanecio clavado en el sofa mirando al policia.
– De eso nada -dijo.
– ?Que quiere decir? -El detective miro la platina-. ?Quien mas sabe algo de esto?
– Usted y yo.
– ?No les ha dicho nada a los detectives de Monroe?
– Aun no.
– ?Es usted consciente de que esta ocultando pruebas importantes en una investigacion por asesinato? ?Es consciente de que eso es un delito?
– ?Que pruebas? Un asesino embustero y psicopata me cuenta una historia. Le endilga a otro hombre varios asesinatos. ?Y que? Los periodistas oimos cosas parecidas cada dia. Escuchamos, analizamos y desechamos. Digame: ?pruebas de que?
– De su puta confesion. La descripcion de las muertes de su madre y su padrastro. De como lo tramo todo. Una declaracion postuma, como dijo el, es valida ante un tribunal.
– Mintio. Mintio a diestro y siniestro. A mi juicio, al final ya no era capaz de discernir la verdad de la ficcion.
– Y una mierda. A mi me parece una declaracion sincera.
– Porque usted esta predispuesto a creersela. Mirelo asi: imaginese que le digo que el resto de la entrevista es puro embuste. Que se atribuye asesinatos que no pudo cometer. Que incurre en todo tipo de incoherencias. Que era grandilocuente, egocentrico, que queria pasar a la historia por sus actos. ?Pero si solo le faltaba admitir que disparo contra Kennedy y que sabia donde encontrar el cuerpo de Jimmy Hoffa! Ahora que tiene un poco mas de vision de conjunto, ?no se pregunta si estaria diciendo la verdad al hablar de este o aquel asesinato?
Brown titubeo.
– No.
Cowart lo miro.
– De acuerdo. Puede que fuera asi.
– ?Y que hay de el y Bobby Earl? ?A que viene la traicion? Tal vez creia que de esa manera se la devolveria a Bobby Earl. ?Que sentido tiene todo esto? Ahora que esta muerto no podemos ni preguntarselo, a no ser que este usted dispuesto a bajar al infierno.
– Lo estoy.
– Y yo.
El detective le lanzo una mirada fulminante› pero despues relajo la expresion y movio la cabeza.
– Creo que ya entiendo.
– ?El que?
– Por que es tan importante para usted creer que Bobby Earl sigue siendo inocente. Ya se por que ha dejado su propia casa hecha un estropicio. Su apacible vida se vino abajo cuando oyo lo que Sullivan le decia, ?no?
Cowart hizo un gesto dando a entender que aquello era obvio.
– Premios, reputacion, porvenir. Palabras mayores. Quizas habria preferido retroceder en el tiempo, ?no, senor Cowart?
– Eso no es posible -contesto en voz baja.
– Claro que no. Quizas usted puede mirar hacia otro lado en muchas ocasiones, pero esta vez no puede quitarse de la retina a la chiquilla muerta en aquella cienaga, ?no? De nada le sirve cerrar los ojos.
– Asi es.
– Asi que tambien usted esta en deuda, ?verdad, senor Cowart?
– Eso parece.
– ?Necesita enmendarse? ?Devolver el orden al mundo?
Cowart esbozo una sonrisa taciturna y se sirvio otra copa. Le hizo un gesto a Brown para que se sentara. El detective lo hizo, pero en el borde del asiento, tenso como si se dispusiera a saltarle encima.
– Muy bien -dijo el periodista-. Usted es el detective. ?Por donde empezaria? ?Yendo a ver a Bobby Earl?
Brown reflexiono.
– Tal vez. La presa no caera a no ser que la trampa este perfectamente tendida.
– Eso si es que tenemos trampa alguna que tender. Y si es que el es la presa.
– Veamos -dijo Brown-. Sullivan dijo un par de cosas que pueden comprobarse en Pachoula. Tal vez haya que volver a hablar con la anciana y echar un vistazo a su casa. Segun Sullivan hay algo que pasamos por alto. Averiguemos si decia la verdad. Podemos empezar por ahi, a ver que es verdad y que no lo es.
Cowart asintio.
– Muy bien. Pero a no ser que demos con fotos de Ferguson con las manos en la masa, no nos servira de mucho… No podemos hacerle nada, al menos a traves de los tribunales. Sabe muy bien que no podemos llevarle a juicio, y mucho menos con esa confesion de por medio. Ningun tribunal admitiria el caso a tramite. -Respiro hondo-. Y hay algo mas. Si nos presentamos ante la anciana, se dara cuenta de que algo pasa. Y en cuanto ella lo sepa, el lo sabra tambien.
Brown asintio, pero anadio:
– Con todo, quiero una respuesta.
– Yo tambien. Pero piense en el caso de Monroe. Si lo hizo el, y lo digo en condicional, si lo hizo, podria pillarlo por ahi. -Hizo una pausa y luego rectifico-: Podriamos pillarlo por ahi.
– ?Y con eso todo arreglado? ?Lo metemos otra vez en el corredor de la muerte? Borron y cuenta nueva, ?es eso lo que esta pensando?
– Es posible. Espero.
– La esperanza -dijo el detective- es algo en lo que jamas he creido. Como en la suerte o la religion. Y de todos modos -sacudio la cabeza-, tenemos el mismo problema: un hombre a punto de morir sostiene que ha hecho un trato criminal. La unica prueba son los muertos del condado de Monroe. ?Cree que podriamos encontrar un arma y relacionarla con Bobby Earl? Quizas utilizo una tarjeta de credito para comprar un billete de avion y alquilar un coche, asi podriamos situarlo en el lugar el dia de los hechos. ?Cree que pudo verlo alguien? ?O quiza se encargo de sellarles la boca? ?Lo cree tan estupido como para dejar huellas o cabellos o cualquier otra prueba forense que sus estimados amigos de la policia de Monroe esten dispuestos a cederle sin hacer preguntas? ?No cree que despues de la primera vez debio de aprender la leccion y que ahora no habra dejado rastro alguno?
