montar una modesta aunque exitosa empresa de importacion-exportacion en Miami. En la familia hacian la broma de que aquella era la unica empresa de importacion legal de Miami y que por eso era la mas pobre. Durante un tiempo creyo que seguiria los pasos de un hermano o del otro, y asistio la Universidad de Florida, donde consiguio una media lo bastante alta como para licenciarse.
Decidio ingresar en la policia tras la violacion.
Aquel recuerdo parecia enconado en su imaginacion. Fue hacia finales de semestre en Gainesville, casi en verano, calor y humedad. No tenia intencion de acudir a la Fiesta de la Fraternidad pero el examen final de psicologia clinica la habia dejado exhausta y apatica, asi que cuando sus companeras de habitacion insistieron en que las acompanara termino aceptando.
Recordaba un gran bullicio por todas pares. Las voces, la musica, la gente hacinada en un espacio reducido. La multitud hacia crujir la estructura de madera del edificio. Bebio cerveza para aliviar el acaloramiento, no tardo en subirsele a la cabeza y termino pasando el resto de la noche luchando contra el mareo.
Pasada ya la medianoche, y sin noticia de sus companeras de habitacion, emprendio sola el camino a casa despues de rechazar a cien acompanantes. Habia bebido hasta el punto de sentir un extrano vinculo con la noche y avanzo a tientas bajo las estrellas. No iba tan bebida como para no encontrar el camino de vuelta, recordo, solo lo suficiente para necesitar tomarse su tiempo.
«Era un blanco facil», penso con amargura.
No se percato de los dos hombres que la seguian con sigilo hasta que los tuvo a su altura. Entonces la agarraron, le cubrieron la cabeza con una chaqueta y le dieron un punetazo. No tuvo tiempo de gritar, de resistirse o tratar de escapar. Esta era la parte del recuerdo que mas abominaba.
Podria haberlo hecho, era campeona de 1.800 metros en el instituto. «Si me hubiera zafado al menos por un instante, jamas me habrian alcanzado. Habria corrido como una exhalacion.»
Recordo la presion de los dos hombres, que la aplastaban con su peso. El dolor le parecio intenso al principio; luego, extranamente distante. Tenia miedo de ahogarse. Se revolvio hasta que uno de ellos le propino otro punetazo, y el impacto, unido al efecto del alcohol, le hizo perder la conciencia. Se desvanecio, aliviada de perder el conocimiento; lo preferia a la agonia y el dolor de lo que estaba ocurriendo.
Conducia a gran velocidad en direccion a Miami, aceleraba cada vez que se hundia en los recuerdos. «No paso nada», penso. Recobrar la conciencia en el hospital. Lavarla, palparla, penetrar de nuevo en ella. Los guardias del campus le tomaron declaracion. Luego un detective de la ciudad. «'?Podria describir a sus asaltantes, senorita?' 'Estaba oscuro. Me redujeron.' 'Pero ?que aspecto tenian?' 'Tenian fuerza. Uno me cubrio la cara con una chaqueta.' '?Eran blancos? ?Negros? ?Hispanos? ?Bajos? ?Altos? ?Corpulentos? ?Delgados?' 'Estaban encima de mi.' '?Dijeron algo?' 'No. Lo hicieron y ya esta.'» Llamo a casa, oyo como su madre se deshacia en lagrimas inutiles y su padrastro barboteaba de rabia, casi como culpandose por lo ocurrido. Termino acudiendo a una asistente social especializada en casos de violacion; se limitaba a escuchar y asentir: la compasion era una parte mas de su trabajo, como los jovenes que contrata Disney World para saludar amistosamente a los visitantes con fingida espontaneidad. Regreso a casa a la espera de novedades. Nada. Ni un sospechoso. Ni una detencion. Solo pesadillas cuando habia un poco de alboroto en el campus. Las fiestas de las fraternidades. Superar los recuerdos y salir adelante.
Los hematomas, desaparecieron.
Se paso el dedo por una pequena cicatriz palida al lado del ojo. Esta habia perdurado.
En su familia no volvio a hablarse de lo sucedido. Regreso a los cayos y se encontro con que todo seguia igual. Seguian viviendo en una casa cenicienta, desde el segundo piso podia verse el oceano, en cada habitacion un ventilador de palas, que removia el ardiente aire estancado. Su madre seguia yendo al restaurante para, cerciorarse de que la tarta de lima se servia fresca y los bunuelos de caracoles bien fritos, de que todo estaba listo para el habitual desfile de turistas y pescadores, que tenian alli su punto de encuentro. La rutina continuaba igual pese al transcurso de los anos. Andy volvio a trabajar en el barco de su padrastro, como si nada en ella hubiera cambiado. Recordo que se lo quedaba mirando cuando el subia al puente para vigilar impasible las verdosas aguas con sus oscuras gafas de sol en busca de signos de vida, mientras ella, en cubierta, les servia cervezas a los clientes, reia sus insulsos chistes y disponia los cebos a la espera de que los peces picaran.
Se puso las gafas de sol para protegerse del resplandor de la autopista.
«Pero yo si he cambiado», penso.
Se habia acostumbrado a escribirle cartas a su madre; plasmaba todas sus penas y emociones en unas cuartillas lilas ligeramente perfumadas, las palabras y las lagrimas salpicaban las delicadas hojas. Pasado un tiempo dejo de escribir acerca de la violacion, aquel vacio que aquellos dos hombres sin rostro habian clavado en su interior, para escribir acerca del mundo, el tiempo, su futuro, su pasado. El dia que se presento a la prueba de acceso para entrar en la policia escribio: «No puedo traer de vuelta a papa…»; darle silenciosa voz a aquel sentimiento la hacia sentir mejor, por mas que pudiera parecer un lugar comun.
Por supuesto, jamas envio ninguna de aquellas cartas ni se las mostro a nadie. Las guardaba en una carpeta de imitacion piel que habia comprado en un mercadillo de artesania en un suburbio de Miami. Mas tarde, empezo a incorporar resumenes de sus casos en las cartas, dando voz a todas sus hipotesis y suposiciones, todas las peligrosas ocurrencias que dejaba al margen de los informes y notas oficiales. Se preguntaba en ocasiones si su madre, en caso de que hubiera leido cualquiera de aquellas cartas teoricamente destinadas a ella, se asombraria mas por las cosas que le sucedian a su hija o por las que su hija habia visto que les sucedian a los demas.
Penso en la pareja de ancianos de Tarpon Drive. «Ellos no tuvieron ninguna escapatoria. Sabian lo que habian engendrado. ?Se creian que no les iba a pasar factura haber traido a Blair Sullivan al mundo? Todas las personas acaban pagando.»
Recordo la primera vez que habia empunado el pesado Cok Magnum 357, el arma reglamentaria de los agentes de Monroe. Aquel peso le daba confianza: tenia a su alcance algo que evitaria que jamas volviese a ser una victima.
Piso el acelerador y noto como el vehiculo se lanzaba hacia delante, alcanzando los ciento diez, los ciento treinta, cortando el calor del mediodia.
Hizo una diana de seis el primer dia. Dos de seis al siguiente. Al cabo de las seis semanas de instruccion, acertaba seis de seis en pleno centro. Habia seguido practicando al menos una vez por semana todas las semanas desde entonces. Habia practicado tambien, hasta manejarla con destreza, con una automatica de menor tamano y con el fusil de pelotas de goma que formaba parte del equipamiento de los coches. Ultimamente habia empezado a practicar el tiro con un M-16 de tipo militar y habia adquirido para su uso personal una pistola de 9 mm.
Levanto el pie del pedal y dejo que el coche redujera hasta el limite de velocidad. Echo un vistazo por el retrovisor y vio que otro coche aceleraba hasta ella para luego tomar el carril izquierdo. Era un Ford camuflado de la policia estatal en busca de infractores. Naturalmente, habria llamado la atencion del radar y el habia salido en su persecucion.
La miro a traves de unas oscuras gafas de aviador.
Ella sonrio y se encogio de brazos con un gesto burlon; una sonrisa se dibujo en la cara del agente. Levanto una mano como diciendo «vale, no pasa nada» y acto seguido la adelanto. Ella encendio la radio y sintonizo el canal de la policia estatal.
– Aqui Monroe homicidios uno-cuatro. Regrese.
– Monroe homicidios, aqui patrullero Willis. Mi velocimetro dice que iba usted a ciento cincuenta. ?Donde esta el fuego?
– Lo siento, patrullero. Hacia buen dia, estoy trabajando en un buen caso y me ha dado por celebrarlo de alguna manera. Ya reduzco.
– No hay problema, uno-cuatro. Por cierto, ?tiene tiempo de ir a picar algo?
Ella se rio. Ligue a todo gas.
– Negativo en estos momentos. Pero intentelo dentro de un par de dias en la sede de Largo.
– Asi lo hare.
Lo vio levantar la mano y desviarse al carril lento.
«Tendra esperanzas durante unos dias -penso, preparando ya la excusa con que se iba a disculpar-. Se llevara un chasco.» Tenia una regla: no acostarse jamas con ningun policia. Jamas con nadie a quien tuviera que ver una segunda vez.
Se toco la cicatriz del ojo. «Dos cicatrices -penso-. Una por fuera, la otra por dentro.»
Siguio en direccion norte hacia Miami.
