?Cuando fue la ultima charla? -anadio con ironia.
– Jamas he estado en los cayos -contesto el.
– ?De veras?
– Nunca.
– Desde luego, si alguien afirmara lo contrario seria indicio de algo, ?no? -El farol era bueno, pero la amenaza subyacente no parecio impresionar a Ferguson.
– Indicio de que alguien le ha estado pasando informacion falsa.
– ?Conoce la calle Tarpon Drive?
– No.
– Hay una casa en el numero trece. ?Alguna vez ha estado alli?
– No.
– Su amigo Cowart si.
El no contesto.
– ?Sabe lo que encontro?
– No.
– Dos cadaveres.
– ?Por eso ha venido?
– No -mintio-. He venido porque hay algo que no entiendo.
El repuso con tono frio:
– ?Que es lo que no entiende, detective?
– La relacion entre usted, Sullivan y Cowart.
Hubo un breve silencio.
– No puedo ayudarla.
– ?No? -Ferguson poseia la cualidad de incomodar a su interlocutor simplemente con quedarse quieto-. Muy bien. Digame lo que hizo dias antes de que frieran a su amigo Sullivan.
Por un instante, la cara de Ferguson reflejo estupor. Luego respondio:
– Estaba aqui. Estudiando, yendo a clase. El calendario de clases esta ahi en la pared.
– Justo antes de que Sullivan fuera a la silla, ?hizo alguno de sus viajes?
– No. -Y senalo la pared.
Ella se volvio y vio una lista pegada con cinta adhesiva sobre la pintura desvaida. Se acerco y anoto los horarios, los lugares de las clases y los nombres de los profesores. El profesor Morin y «Medios de comunicacion y crimen» estaban en la lista.
– ?Puede demostrarlo?
– ?He de hacerlo?
– Tal vez.
– Entonces tal vez si.
Shaeffer oyo a lo lejos una sirena cuyo sonido empezo a crecer en la pequena estancia.
– Y nunca fue mi amigo -dijo Ferguson-. De hecho me odiaba. Y yo a el.
– ?En serio?
– Si.
– ?Que sabe acerca del asesinato de sus padrastros?
– ?Ese es el caso que usted investiga?
– Conteste a la pregunta.
– Nada. -Sonrio y anadio-: Bueno, solo lo que he leido y lo que dicen en la television. Se que los mataron unos dias antes de su ejecucion y que le dijo al senor Cowart que el mismo habia encargado sus muertes. Eso decian los periodicos. Hasta salio en el
– Digame como pudo haber encargado esas muertes. Usted es todo un experto en el corredor de la muerte.
– Cierto, lo soy. -Hizo una pausa para pensar-. Hay un par de maneras. -Esbozo una desagradable sonrisa-. Lo primero que yo haria seria revisar las listas de visitas. En el corredor se fichan todas las visitas, sea abogado, periodista, amigo o familiar. Empezaria por el dia en que Sullivan entro en el corredor y comprobaria cada una de las visitas que recibio. Psicologos, productores, especialistas del FBI… Y por supuesto, el senor Cowart. -En su voz hubo un deje mordaz-. Luego hablaria con los carceleros. ?Tiene idea de lo que es trabajar en el corredor de la muerte? Hay que tener algo de asesino, porque no dejas de pensar que cualquier dia puedes ser tu el que tenga que amarrar a uno de esos pobres desgraciados a las correas de la silla. Hace falta vocacion para eso. -Levanto la mano-. Pero claro, le diran que es su trabajo, que no es nada personal, que no es distinto de cualquier otro trabajo de la prision, pero no es verdad. Los de las alas Q, R y S son voluntarios. Y sin duda les gusta lo que hacen. Y lo que tal vez les toque hacer un dia. -La miro con los ojos entornados-. Y supongo que si uno no encuentra tan dificil amarrar a alguien a la silla y freirle los sesos, tampoco le resultara dificil amarrar a alguien a otra silla y cortarle el cuello.
– Yo no he dicho que les cortaran el cuello.
– Lo ponia en los periodicos.
– ?Quien? -pregunto-. Deme algun nombre.
– ?Me esta pidiendo ayuda?
– Nombres. ?Con quien hablaria usted?
El sacudio la cabeza.
– No se. Pero alguien de alli. El corredor es un nido de asesinos. No se tarda mucho en descubrir que carceleros tambien lo son. -Siguio sonriendole-. Vealo por si misma -dijo-. Una detective avispada como usted no tardara en distinguir quien es corrupto y quien no.
– Un nido de asesinos -dijo-. ?Tenia usted un sitio en el, senor Ferguson?
– No. Yo me mantenia al margen.
– ?Cuanto tuvo que pagar?
Se encogio de hombros.
– No se. ?Mucho? ?Poco? Es dificil de calcular, detective, porque la persona adecuada haria el trabajo por muchas razones distintas.
– ?A que se refiere?
– Sullivan, por ejemplo. El se la hubiera cargado a usted sin motivo alguno. No habria necesitado mas recompensa que el placer de hacerlo, ?sabe? ?Ha conocido alguna vez a alguien asi? Me da que no. Parece demasiado joven e inexperta. -Sus ojos la repasaron mientras cambiaba de postura-. ?Y sabe que, detective? Hay tios en el corredor que odian tanto a los polis que se los cargarian gratis, y ademas disfrutarian. Sobre todo si pudieran, ?como decirlo?, alargarlo… Y aun disfrutarian mas cargandose a una poli, ?no le parece? Un placer especial, unico y cegador.
Ella no contesto, pero aquellas palabras le cayeron encima como agua helada.
– O el senor Cowart. Yo creo que habria hecho cualquier cosa por un buen articulo. ?Usted que cree, detective?
Ella sintio una opresion en el pecho. Trago saliva y pregunto:
– ?Y usted, Ferguson? ?Que pediria por matar a alguien?
A el se le esfumo la sonrisa.
– Nunca he matado a nadie y nunca lo hare.
– No he preguntado eso, senor Ferguson, sino que pediria a cambio.
– Depende -contesto con frialdad.
– ?De que? -pregunto ella.
– De a quien tuviera que matar. -Clavo la mirada en ella-. ?No es eso lo que hariamos todos, detective? Para matar a algunos pediriamos una fortuna, pero para otros nada, ?no?
– ?Que haria usted por nada, senor Ferguson?
Sonrio de nuevo.
– No sabria decirle. Nunca lo he pensado.
– ?Ah, no? No les dijo lo mismo a aquellos dos detectives de Escambia. El jurado tampoco lo creyo asi.
