Al fin, cuando el coche patrulla abandono la autopista y enfilo la tierra endurecida de la carretera secundaria, Bruce Wilcox dijo:

– No nos dira nada. Agarrara la escopeta de canones y nos echara de su casa en menos de lo que un mosquito tarda en picar un culo. Estamos perdiendo el tiempo.

Iba conduciendo. En el asiento del pasajero, Tanny Brown mantenia la mirada fija en el parabrisas sin pronunciar palabra. Los rayos de luz que llegaban a traves de las copas de los arboles le daban a su piel una apariencia brillante, como si estuviera mojada. Contesto a Wilcox haciendo un leve gesto de desaprobacion; luego volvio a sumirse en sus cavilaciones.

Wilcox bufo y siguio conduciendo. Luego insistio:

– Sigo creyendo que estamos perdiendo el tiempo.

– No estamos perdiendo el tiempo -mascullo Brown mientras el coche no dejaba de dar bandazos por culpa del estado de la carretera.

– Con que no, ?eh? -repuso el detective-. A ver si consigues que me entere de que va esto.

Volvio la cabeza hacia Cowart, que iba sentado en el centro del asiento trasero sintiendose como uno de los detenidos que habitualmente ocupaban ese sitio.

Brown hablo despacio:

– Antes de que Sullivan muriera en la silla electrica, le insinuo a Cowart que pudimos pasar por alto algunas pruebas en casa de Ferguson. A eso vamos.

Wilcox sacudio la cabeza.

– A otro perro con ese hueso, Tanny. Lo diria para quitarselo de encima. -Hablaba como si Cowart no estuviera presente-. Yo mismo supervise el registro. Lo revolvimos todo. Palpamos las paredes por si habia espacios huecos, retiramos las tablas del suelo, examinamos el carbon de aquel viejo horno para ver si habia restos de quema, nos arrastramos por los putos cimientos de la casa con un detector de metales. Pero si incluso traje un maldito sabueso y lo pase por toda la casa, joder. Si ese capullo hubiese ocultado algo lo habriamos encontrado.

– Sullivan dijo que se os paso algo por alto -insistio Cowart.

– Sullivan le dijo muchas cosas a este chupatintas -le comento Wilcox a su companero-. ?Por que cojones le hacemos caso?

– Eh -dijo Cowart-, vale ya, ?de acuerdo?

– ?Donde le dijo que mirara?

– No me lo dijo. Solo dijo que se os paso algo por alto y que me anduviera con ojos hasta en el culo.

Wilcox sacudio la cabeza.

– Aunque encontraramos algo, ya no serviria de nada. -Miro a Brown-. Y tu, jefe, lo sabes tan bien como yo. Ferguson ya es historia. Pasemos de el.

– No -contesto Tanny Brown-. No es historia.

– ?Y que si encontramos algo? ?Que mas da? Sera fruta del cesto podrido, no podemos utilizar contra Ferguson nada obtenido por via extralegal. Acuerdate de la confesion. Ni aunque hubiera dicho donde estaban las pruebas, como mato a la pequena Joanie, como lo tramo todo, ?que pasa si luego va el juez y se retracta de la confesion? Las cosas vienen y se van, ya esta.

– Pero las cosas no han ido de esta manera -dijo Cowart.

– Exactamente. No han ido asi. Puede que los abogados aun tengan algo a lo que aferrarse. -Brown vacilo antes de anadir-: Pero yo no espero que este caso se resuelva en los tribunales.

Tras un breve silencio, Wilcox volvio a hablar:

– No creo que la abuela de Ferguson nos deje echar un vistazo sin una orden. No creo que nos de ni la puta hora sin una orden del juez. Estamos perdiendo el tiempo.

– A Cowart si lo dejara entrar.

– Y una mierda. No si va con nosotros.

– Veras como si.

– Lo mas probable es que los periodistas le caigan peor incluso que a mi. Despues de todo fue gracias a ellos que su querido nieto acabo en el corredor.

– Pero luego lo sacaron.

– No creo que ella razone de esta manera. Una vieja baptista caga-misas… Seguramente cree que fue Jesus en persona el que bajo de los cielos y le abrio las puertas de la carcel a su nieto, porque a fin de cuentas cada domingo iba al templo y lo colmaba de oraciones. Ademas, aunque le deje entrar a registrar la casa, que no lo hara, el tio este ni siquiera sabe que buscar y menos donde.

– Si que lo sabe.

– De acuerdo, cono. Supongamos que encuentra algo. ?De que nos vale?

– Nos vale -contesto Brown. Bajo su ventanilla y el calor se introdujo en el coche y no tardo en neutralizar la atmosfera fria y viciada del aire acondicionado-. Porque entonces sabremos que Sullivan, al menos en esto, dijo la verdad.

– ?Y que? -espeto Wilcox-. ?De que cojones nos vale eso?

La pregunta solo encontro silencio por parte del teniente.

– Entonces sabremos a que atenernos -tercio Cowart.

– ?Ja! -exclamo Wilcox.

Siguio conduciendo, aferrando el volante, molesto por la sensacion de que su companero y su adversario hubieran compartido una informacion de la que el no tenia conocimiento. La furia se apodero de el. Conducia bruscamente, levantando una nube de polvo, y casi deseaba que algun perro sarnoso o una ardilla se cruzaran en la carretera. Piso el acelerador y noto como la trasera coleaba sobre la suciedad del asfalto y propulsaba el vehiculo.

Cowart observo una hilera de arboles al borde de un bosque distante.

– ?Adonde lleva eso? -pregunto senalando.

– Por ahi es donde encontramos a Joanie -contesto Wilcox-. Llega al borde mismo de la cienaga. Luego retrocede unos diez kilometros, se ensancha y gira hacia la ciudad. Ahi las arenas movedizas pueden tragarselo a uno y el barro es tan espeso que al pisarlo parece pegamento. Durante kilometros solo se ven arboles muertos, hierbajos y agua. Como esta oscuro, todo parece lo mismo. Si uno se perdiese ahi dentro, tardaria un buen mes en salir. Si es que sale. Insectos, serpientes, caimanes y diversos bichos viscosos y reptantes. Aunque no esta mal para pescar lubinas, se encuentran algunas piezas grandes debajo de la madera podrida. Basta con poner atencion en el asunto.

Mientras el coche avanzaba traqueteando y ladeandose por efecto de los baches y las rodadas, Cowart penso en los articulos que habia impreso en la hemeroteca del Journal. Los llevaba en el bolsillo de la chaqueta, sentia su incomodo roce contra la camisa, como si poseyeran una cualidad radiactiva que irradiase con el calor. Esta informacion no la habia compartido con Brown.

«Podria tratarse de una simple coincidencia -se dijo-. Ferguson da una charla en una iglesia y cuatro dias despues desaparece una nina. Eso no prueba nada. No sabes si se encontraba todavia por aqui ni lo que hizo despues de hablar en la iglesia ni adonde fue. Cuatro dias. Tenia tiempo de volver a Pachoula. O a Newark.»

Le sobrevino repentinamente la fotografia de Joanie Shriver que colgaba de la pared de la escuela. Vio los ojos de Dawn Perry mirandolo con aquella cara entusiasta y despreocupada con que aparecia la pequena en el cartel de la policia. Blanco y negro.

– Ya casi llegamos -anuncio Wilcox.

Las palabras de su companero interrumpieron las cavilaciones del teniente. Tras regresar a Pachoula, no habia tardado en verse inmerso en la rutina. A una de sus hijas no le habian dado el papel protagonista en la obra del colegio; la otra habia descubierto que a todas sus amigas las dejaban volver a casa una hora mas tarde que a ella. Se trataba de problemas considerables, asuntos que requerian solucion inmediata. Habia ciertas tareas que su padre no estaba dispuesto a asumir; implantar las reglas era una de ellas. «Es tu casa. Yo aqui estoy solo de visita», decia el anciano. No obstante, habia escuchado con buen humor las protestas de la pequena por no haber conseguido el papel. Brown se preguntaba si la sordera del viejo no seria una ventaja en ciertas ocasiones.

Les habia mentido acerca de donde habia estado; tambien acerca de que estaba investigando. Y habria mentido a cualquiera que le hubiera preguntado por que estaba asustado. Habia sido un alivio ver que sus hijas

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