Echo la cabeza atras y respiro hondo. Se embebio de la normalidad matutina y tuvo que contener un sollozo. En ese momento comprendio que O'Connell ya no necesitaba estar presente para seguir perturbando su vida.

Un poco mas abajo de la calle, Michael O'Connell se regocijo con la vision de una Ashley vacilante en el porche de su madre. Sorbia un vaso de cafe, agazapado al volante de su coche. Si ella supiera donde mirar podria verlo, pero no se molestaba en ocultarse. Simplemente esperaba.

Habia considerado salirle al paso mientras corria, pero se lo habia pensado mejor. Ella se habria llevado un susto de muerte y habria huido sin atender a razones. Ademas, conocia las calles laterales y patios traseros del barrio, y por rapido que fuera el, no la habria alcanzado. Y, aun peor, ella habria gritado, llamado la atencion de los vecinos, y alguien hubiese llamado a la policia. Eso hubiera sido una catastrofe. Lo que menos queria era tener que dar explicaciones a un poli desconfiado.

Tenia que encontrar el momento adecuado. No este, en la calle donde ella habia crecido. Aquel entorno simbolizaba su pasado. El era su futuro.

Era mas prudente contentarse con su vision. Le gustaban particularmente sus piernas. Eran largas y esbeltas, y deseo haberles prestado mas atencion aquella unica noche que yacieron juntos. Con todo, las imagino desnudas, tersas y bien torneadas, lo que lo excito subitamente. Deseo que Ashley se quitara el gorro para verle el pelo, y cuando ella lo hizo, sonrio y se pregunto si entre ellos funcionaria la telepatia. Eso le basto para confirmar el nexo indisoluble que los unia.

Michael O'Connell rio en voz alta.

Podia mirar a Ashley desde lejos y absorber el calor de su cuerpo, como si ella lo llenara de energia. Incapaz de quedarse sentado mas tiempo, abrio la puerta.

A poca distancia, Ashley se dio la vuelta en ese mismo momento y sin verlo, sumida en su propia desesperacion, entro en la casa.

O'Connell se incorporo junto al coche y contemplo el porche vacio. En su imaginacion, todavia podia verla.

«Llevatela», se dijo, y le parecio sencillo. Sonrio. Era solo cuestion de tenerla a solas. No a solas exactamente, penso, sino sola en su mundo, no en el de ella. «Soy invisible», penso mientras volvia a meterse en el coche y lo ponia en marcha.

En eso se equivocaba. Desde la ventana del dormitorio de arriba, Sally estaba observando. Se sujeto al marco de la ventana, los nudillos blancos. Era la primera vez que veia en persona a Michael O'Connell. Cuando lo diviso al volante de aquel coche, trato de decirse que no era el, pero, al mismo tiempo, supo que si lo era. No podia ser otro. Estaba tan cerca como siempre, justo mas alla de su alcance, siguiendo cada paso de Ashley. Incluso cuando ella no podia verlo, estaba alli. Sally se sintio mareada, enfurecida y casi abrumada por la ansiedad. «El amor es odio -penso-. El amor es malo. El amor es un error.»

Vio el coche desaparecer calle abajo.

«El amor es muerte», penso finalmente.

Respirando con dificultad, se aparto de la ventana. Decidio no decirle a nadie que habia visto a O'Connell en su calle, a solo unos metros de la puerta, espiando a Ashley. Todos montarian en colera, penso. Y las personas colericas se comportan erraticamente. «Tenemos que estar tranquilos. Mostrarnos inteligentes y organizados. Poner manos a la obra. Poner manos a la obra. Poner manos a la obra.» Cogio la libreta de sus anotaciones. Notas para preparar un asesinato. Sin embargo, cuando cogio el boligrafo, su mano apenas temblaba.

A ultima hora de la tarde, Sally salio a comprar los articulos que consideraba esenciales para su tarea. No volvio hasta casi el anochecer. Subio a ver Ashley, que parecia extranamente aburrida, tendida en su cama leyendo, luego se pregunto donde estaria Hope y oyo a Catherine en la cocina. Finalmente telefoneo a Scott.

– ?Si?

– Soy Sally.

– ?Todo bien?

– Si. Ha sido un dia normal -mintio, sin mencionar el episodio de la manana-. Aunque tengo mis dudas sobre cuanto durara.

– Entiendo.

– Bien, eso espero. Porque debes venir ahora mismo.

– ?Ahora…? -vacilo el.

– Es hora de actuar. -Sally solto una risita sin humor, como dominada por un frio cinismo-. Me parece que hemos estado de acuerdo mas veces en estas ultimas semanas que cuando estabamos casados.

Tambien Scott rio tristemente.

– Es una extrana manera de ver las cosas. Pero cuando estabamos juntos, bueno, hubo momentos en que no estuvo tan mal.

– Tu no vivias en una mentira como vivia yo.

– «Mentira» es una palabra fuerte.

– Mira, Scott, no quiero librar de nuevo batallas pasadas, no tiene sentido.

Hubo un silencio.

– Nos estamos distrayendo -anadio Sally-. No se trata de donde estabamos, sino de adonde podemos ir o incluso de quienes somos. Y, lo mas importante, se trata de Ashley.

– De acuerdo -dijo el, percibiendo los enormes pantanos emocionales que los separaban y de los que nunca hablarian.

– Tengo un plan -informo Sally.

– Me alegro -respondio el tras inspirar profundamente. No estaba seguro de decirlo en serio.

– No se si es bueno, ni si funcionara…

– Oigamoslo.

– No deberiamos hablarlo por telefono. Al menos por esta linea.

– Por supuesto que no -asintio el sin estar seguro-. Salgo para ahi ahora mismo.

Colgo y penso que habia algo horrible en las rutinas de la vida. Al dictar clases, al vivir en soledad con todos los fantasmas de estadistas, militares y politicos que poblaban sus cursos, su propia existencia era completamente predecible. Comprendio que eso iba a cambiar.

Hope regreso a casa antes de que llegara Scott. Habia salido a dar un paseo y reflexionar sobre lo que estaba pasando. Encontro a Sally en el salon, repasando unas hojas, boligrafo en mano.

– Tengo un plan -dijo mirando a Hope-. No estoy segura de que funcione. Scott viene de camino y podemos repasarlo juntos.

– ?Donde estan Ashley y mi madre?

– Arriba, enfurrunadas. No les hace gracia ser excluidas de las sesiones.

– A mi madre no le hace gracia que la excluyan de nada, lo cual resulta curioso para tratarse de alguien que se ha pasado anos viviendo sola en los bosques de Vermont, pero ahi la tienes. Asi es como es… -Hope vacilo.

– ?Que ocurre?

Hope meneo la cabeza.

– No lo se exactamente. Ella esta haciendo lo que le pedimos, ?no? Pues ese no es su estilo. Siempre ha sido una especie de lobo solitario, la clase de persona a la que le importa un pimiento lo que piensen los demas. Y ahora esta aparente docilidad… bueno, no se si podemos confiar en que haga exactamente lo que le pedimos. Es una mujer impredecible y testaruda. Es lo que mi padre amaba de ella, y yo tambien, excepto que en ocasiones, en mi adolescencia, me ponia las cosas muy dificiles.

Sally sonrio.

– No me parece que seais tan diferentes.

Hope se encogio de hombros y solto una risita.

– Supongo que no.

– ?Y no crees que yo tambien me senti atraida por esas cualidades?

– No pensaba que «testaruda» e «impredecible» fueran mis mejores atributos.

– Bueno, eso demuestra lo que sabes -dijo Sally. Consiguio esbozar una sonrisita y se inclino de nuevo sobre los papeles que tenia en el regazo.

Las dos mujeres guardaron silencio. Extranamente, penso Hope, era la primera cosa afectuosa que Sally decia desde hacia semanas.

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