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MILES HELLER

Ha sido lo mejor que podria haberle pasado, ha sido lo peor que le podria haber ocurrido. Once dias con Pilar en Nueva York, y luego el tormento de meterla en el autocar y mandarla de vuelta a Florida.

Una cosa es cierta, sin embargo. La quiere mas que a ninguna otra persona del mundo y seguira queriendola hasta el dia que exhale su ultimo suspiro.

El jubilo de ver de nuevo su rostro, de volver a abrazarla, de escuchar su risa, de verla comer, de mirar sus manos otra vez, la dicha de contemplar su cuerpo desnudo, de besar su cuerpo desnudo, de ver como frunce el ceno, como se cepilla el pelo, se pinta las unas, la alegria de estar otra vez con ella en la ducha, de hablar de libros con ella otra vez, de ver como se le llenan los ojos de lagrimas, de ver como camina, de oir como insulta a Angela, el regocijo de leerle en voz alta, de oirla eructar, de ver como se cepilla los dientes, el gozo de desnudarla de nuevo, de juntar otra vez la boca con la suya, de mirarle la nuca, el placer de andar por la calle con ella, de ponerle el brazo sobre los hombros, de lamerle los pechos de nuevo, de penetrar en su cuerpo, de volver a despertarse a su lado, de hablar de matematicas con ella, de comprarle ropa, de darle y recibir masajes en la espalda, de volver a hablar de su porvenir, la alegria de vivir otra vez con ella en el presente, de oirla decir que lo quiere, de decirle que la quiere, de volver a sentir la mirada de sus intensos ojos negros, y luego la tortura de verla abordar el autobus en la terminal de Port Authority en la tarde del 3 de enero con la plena conciencia de que hasta abril, dentro de mas de tres meses, no tendra ocasion de volver a estar con ella.

Era su primer viaje a Nueva York, la unica vez que ha puesto el pie fuera del estado de Florida, su viaje inaugural al pais del invierno. Miami es la unica gran ciudad que conoce, pero no lo es tanto comparada con Nueva York, y el confiaba en que no se sintiera apabullada por su inmensidad y discordancia, que no la desanimaran el ruido y la suciedad, los abarrotados vagones del metro, el mal tiempo. Imaginaba que tendria que mostrarle todo eso con cautela, como quien se adentra en un lago con un nadador novato, dandole tiempo para habituarse a las heladas aguas, dejando que ella le dijera cuando estaba preparada para meterse hasta la cintura, hasta el cuello, y si queria, cuando introducir la cabeza debajo del agua. Ahora que se ha ido, no puede comprender por que sentia tanto miedo por ella, por que o como habia subestimado su determinacion. Pilar entro corriendo en el lago, agitando los brazos, gritando de frenetica alegria mientras el agua helada flagelaba su piel, y segundos despues se tiraba en plancha, hundia la cabeza y se deslizaba bajo la superficie con la misma suavidad que una experimentada veterana. La pequena se habia documentado. Durante el largo viaje por la costa atlantica, asimilo el contenido de tres guias y una historia de Nueva York, y cuando el autocar se detuvo en la terminal, ya habia confeccionado una lista de sitios que queria visitar, las cosas que queria hacer. Tampoco habia echado en saco roto su consejo de venir preparada para las bajas temperaturas y posibles tormentas. Se habia comprado unas botas de nieve, un par de jerseis de mucho abrigo, una bufanda, guantes de lana y un elegante anorak verde con una capucha bordeada de piel. Era Nanuk el esquimal, dijo el, su intrepida esquimal preparada para vencer los ataques de los climas mas severos, y si, resultaba adorable con aquella cosa, y una y otra vez le repitio que la tendencia esquimo-cubano-americana estaba destinada a marcar la moda durante anos y anos.

Subieron a lo mas alto del Empire State Building, caminaron por las marmoreas salas de la Biblioteca Publica de la Quinta Avenida esquina con la calle Cuarenta y dos, visitaron la Zona Cero, pasaron un dia yendo del Museo Metropolitano a la Coleccion Frick y al MoMA, le compro un vestido y unos zapatos en Macy's, cruzaron a pie el puente de Brooklyn, comieron ostras en el Oyster Bar de la Grand Central Station, vieron a los patinadores sobre hielo en el Rockefeller Center, y luego, al septimo dia de su estancia, cogieron el metro en direccion norte hasta la calle Ciento dieciseis esquina con Broadway y fueron a echar un vistazo a la Universidad de Barnard, el campus de Columbia al otro lado de la calle, los diversos seminarios y academias de musica desperdigados por Morningside Heights, y le dijo: Fijate, todo esto es posible para ti, tienes los mismos meritos que cualquiera que estudie aqui, y cuando esta primavera te envien la carta de aceptacion, cosa de la que estoy seguro, hay mas del ochenta por ciento de posibilidades de que te admitan, piensalo largo y tendido antes de decidir quedarte en Florida, ?de acuerdo? No es que le dijera lo que tenia que hacer, simplemente le pedia que considerase cuidadosamente el asunto, que sopesara las consecuencias de aceptar o rechazar lo que con toda probabilidad le ofrecerian, y por una vez Pilar guardo silencio, no queriendo hacerle participe de sus pensamientos, y el no insistio para que le contestara, porque por la expresion de sus ojos estaba claro que ya reflexionaba sobre esa misma cuestion, intentando proyectarse en el futuro, tratando de imaginarse lo que podria o no significar para ella el hecho de ir a la universidad en Nueva York, y mientras paseaban por el campus desierto y estudiaban las fachadas de los edificios, sintio que Pilar cambiaba ante sus ojos, que se hacia mayor delante de el, y de pronto se hizo una idea de como seria dentro de diez, de veinte anos, Pilar en plena lozania de su desarrollo como mujer, Pilar ya madura personalmente y sin embargo caminando con la sombra de la muchacha pensativa que ahora paseaba a su lado.

Ojala hubieran estado solos aquellos once dias, viviendo y durmiendo en una habitacion o un apartamento sin nadie mas, pero la unica posibilidad a su alcance era la casa de Sunset Park. Un hotel habria sido perfecto, pero no tenia dinero para eso y ademas estaba la cuestion de la edad de Pilar, y aunque hubieran podido permitirse un alojamiento por todo lo alto, en Nueva York existia el mismo riesgo que en Florida y no estaba dispuesto a asumirlo. Una semana antes de Navidad, hablo con Ellen de la posibilidad de coger las llaves de alguno de los apartamentos vacios que su inmobiliaria tenia en alquiler, pero poco a poco fueron convenciendose de que era una idea absurda. No solo habia el peligro de que Ellen se encontrara en un grave apuro y se viera despedida al instante del trabajo, justo una de las muchas cosas horribles que podrian pasarle, sino que imaginaron lo que seria meterse en un sitio sin muebles, sin cortinas ni persianas, sin electricidad, sin cama para dormir, y ambos comprendieron que seria mucho mejor quedarse en la destartalada casucha frente al cementerio de Green-Wood.

Pilar sabe que ocupan ilegalmente la casa y no lo aprueba. No solo porque no esta bien infringir la ley, explica ella, sino porque le da miedo que le ocurra algo a el, algo malo, irreversible, y que ironico seria, prosigue ella (ya han mantenido esta conversacion por telefono mas de una vez), que se hubiera marchado de Florida para no ir a la carcel y acabaran encerrandolo en el norte. Pero por eso no lo mandarian a prision, la tranquiliza, lo peor que puede pasar es un desalojo intempestivo, y no debe olvidar que vivir ahi es una componenda provisional para el, porque una vez que vuelva a Florida el 22 de mayo, su pequena aventura de entrar sin autorizacion en propiedad ajena habra terminado. En ese punto de la conversacion, Pilar se pone invariablemente a hablar de Angela y maldice a su condenada y avariciosa hermana por haberles hecho eso, que tremenda injusticia, que asquerosidad, y ahora vive de continuo con el miedo de que le pase algo y la culpa es exclusivamente de Angela.

Como la casa le daba miedo, queria estar en ella el menor tiempo posible. Por motivos muy diferentes, a el le ocurria lo mismo, con lo cual anduvieron de un sitio para otro durante la mayor parte de su estancia, sobre todo por Manhattan, cenando en restaurantes la mayoria de las veces, en establecimientos baratos para no dilapidar el dinero, casas de comida rapida y pizzerias y puestos de comida china, y el noventa por ciento del tiempo que pasaban en casa se quedaban en la habitacion, haciendo el amor o durmiendo. Sin embargo, estaban los inevitables encuentros con los demas, los desayunos por la manana, las coincidencias frente a la puerta del cuarto de bano, la noche en que volvieron a casa a las diez y Alice los invito a su habitacion a ver una pelicula, que describio como su «obsesion del momento», una pelicula titulada Los mejores anos de nuestra vida, porque queria saber lo que opinaban de ella (el le dio un notable alto en conjunto y un sobresaliente en fotografia, Pilar le confirio un sobresaliente por todo), pero el objetivo de Miles consistia en mantener al minimo los contactos de Pilar con el resto de la casa. No es que no se mostraran amables con ella, pero habia observado sus rostros cuando se la presento la primera noche y despues de percibir en ellos el breve instante de conmocion al ver lo joven que era, se sentia reacio a exponerla a situaciones en que pudieran tratarla con condescendencia, hacerla de menos, herirla. Habria sido distinto de medir mas de uno sesenta y cinco, de tener mas pecho y caderas mas anchas, pero Pilar debio de parecerles poquita cosa, muy infantil, igual que a el la primera vez que la vio, y no tenia sentido intentar

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