transportado en coche a la cocina de su domicilio familiar. Parafraseando un chiste de Odesa (1), ahora lo unico que faltaba era persuadir a Rockefeller: conseguir que Bondarenko volviese en si, accediese a contestar a sus preguntas y, al hacerlo, no se confundiese demasiado.
(1) El subgenero de «chistes de Odesa» es comparable a los de Lepe en Espana, o los de belgas en Francia. Este chiste en particular es como sigue. Un amigo pregunta a otro: «?Te gustaria casarte con la hija de Rockefeller?» «Hombre, claro que si.» «Bueno, pues, ya esta casi hecho. Ahora solo falta convencer a Rockefeller.» (N. del t.)
Al principio, Chernyshov creyo que seria suficiente con aplicar algunos remedios light: le dio a Serguey tes y cafes bien cargados, le obligo a meter la cabeza bajo el chorro de agua fria. Sin embargo, el resultado de sus esfuerzos fue algo asi como descabalado: a medida que el redactor se sostenia en pie con creciente firmeza, su mirada se volvia cada vez mas vidriosa y sus palabras menos coherentes. El tiempo iba pasando, la manana se les echaba encima y las expectativas de obtener una declaracion no hacian sino disminuir. Andrei se enfurecia, se ponia de los nervios; luego sucumbio a la desesperacion. En el momento en que esta habia alcanzado su punto algido, se produjo una especie de chasquido de interruptor y la situacion se le presento bajo una luz distinta. «Imaginate que tienes delante de ti a un perro enfermo -se dijo a si mismo Chernyshov-. No vas a enfadarte con el chucho porque se encuentre mal. Un borracho es lo mismo que un animal enfermo. Tambien el se siente mal y no puede valerse por si mismo. Y tampoco sabe explicar con un minimo de sentido donde le duele. Si Kiril cayese enfermo en plena noche, ?que harias?»
La respuesta vino sola. Superando la aversion, Andrei hizo asumir al redactor una postura estable delante del inodoro y le metio dos dedos en la boca. Previsoramente, habia colocado al alcance de la mano un bote con cinco litros de solucion muy rebajada de permanganato, y fue alternando el vomito provocado con la bebida forzada. Tras concluir el repugnante tratamiento, acosto a Serguey en el sofa y abrio su libreta, donde guardaba anuncios cuidadosamente recortados de la prensa, como: «Pongo sobrio en el acto. Servicio las 24 horas. Visitas a domicilio.» Andrei busco entre los recortes aquellos que, a juzgar por los numeros de telefono, habian publicado los «ensobrecedores» que residian por aquella zona. Llamo a dos, acordo con uno una visita de urgencia y, mientras esperaba la llegada del profesional, se perdio en las conjeturas acerca de si el efectivo que llevaba encima le alcanzaria para pagar sus servicios.
Hacia la manana, el jefe de redaccion de la revista Cosmos Serguey Bondarenko fue capaz de relatar de forma coherente los acontecimientos que habian tenido lugar dos meses antes. Cuando Valia Kosar le hablo, con un brillo en los ojos, de la extrana enfermedad que habia atacado a la novia de un amigo, Serguey se acordo en seguida de haber leido en alguna parte algo muy parecido. Hizo memoria y evoco una novela policiaca que habia llevado a la redaccion un hombre mayor, un antiguo juez de instruccion o algo asi. Por algun motivo, Kosar se puso serio en seguida y dijo que habia que indagar y descubrir la verdad porque un diagnostico psiquiatrico no se hacia a la ligera, estaba en juego la vida de una persona, que tal vez gozaba de excelente salud.
– Hagamos lo siguiente -le dijo a Serguey-. Excava en tus montanas de manuscritos y encuentra esa novela; yo, por mi parte, hablare con unos amigos y les dare tu telefono para que podais reuniros. ?Como lo ves?
– Vale -dijo Bondarenko con indiferencia encogiendose de hombros.
La enfermedad de aquella novia de no se sabia quien le traia sin cuidado y no tenia el menor deseo de hurgar entre los trastos, papeles viejos y manuscritos rechazados que se cubrian de polvo en el sotano de la redaccion. Ultimamente, los grafomanos proliferaban como la mala hierba. Antes, en la epoca de estancamiento, no habia nada parecido. Pero ahora, cada mes traia un asunto nuevo: unas veces era el partido, otras, los abusos cometidos en los correccionales de trabajos forzados, los gays, el golpe de estado, la corrupcion, los secuestros organizados por los traficantes de organos para trasplantes… Cada nuevo asunto despertaba a la vida una nueva oleada de grafomanos convencidos de que tenian algo que decir al respecto. Los manuscritos llegaban a las redacciones de revistas en avalancha continua pero casi ninguno valia nada y tras echarles una ojeada los mandaban sin mas a los sotanos o desvanes.
Pero Serguey no podia negarle nada a Valia Kosar, su amigo del alma, que tantas veces le habia sacado de apuros. Ese mismo dia bajo al sotano y busco el manuscrito a conciencia aunque en balde. A pesar del aparente caos, los papeles estaban almacenados segun cierto sistema que todos respetaban. Cada seccion de la revista tenia asignado su trozo de pared, a lo largo del cual apilaba sus desechos, y sus zonas de estanterias. Bondarenko registro centimetro a centimetro su territorio pero no encontro la novela del juez de instruccion retirado Smelakov. Intento recordar: ?la habria mandado al sotano? ?Habria resultado aceptable la novelita, merecedora de atencion, y la habria dado a leer a un redactor? En este caso, deberia preguntarle que habia hecho con el manuscrito.
El redactor en cuestion no recordaba a ningun Smelakov, autor de novela policiaca. Pero Serguey no se desanimo. Si el manuscrito habia desaparecido, al diablo con el. Tenia la direccion de Smelakov, se la daria al amigo de Valia y asunto despachado…
– ?Sabe si Kosar aviso a su amigo? -pregunto Andrei preparando una nueva racion de te fuerte y abriendo un nuevo paquete de azucar.
– Si, por supuesto. Habia querido llamarle desde alli mismo, desde la redaccion, pero se dio cuenta de que se habia dejado en casa el papelito con su numero. Luego, por la noche del mismo dia, me llamo para decirme que su amigo estaba de viaje y que el, Valentin, le habia dejado un mensaje en el contestador. Dijo que en cuanto Boris regresara, me daria un telefonazo.
– ?Lo recuerda bien, dijo «Boris»? -pregunto Andrei.
– Si, creo que si… Seguro.
– ?Cuando fue esto, se acuerda?
– No me acuerdo de la fecha exacta. Pero fue un viernes. Porque al dia siguiente me llamo una joven, me dijo que mi telefono se lo habia dado Kosar y que queria verme a proposito de un manuscrito. Era sabado, tuve que inventar excusas para mi mujer, explicarle que necesitaba ir urgentemente a la redaccion. No podia invitar a una joven desconocida a casa, como comprendera.
– ?Donde se vieron?
– ?Como que donde? En mi trabajo, naturalmente, en la redaccion. ?Se imagina usted la que se armaria si mi mujer hubiese llamado al trabajo y no hubiera estado alli? Divorcio y apellido de soltera en ese mismo instante.
– ?Y que ocurrio luego?
– Vino a la redaccion. Bueno, aquello fue… Usted la ha visto, ?verdad? Estaba… para morir y no resucitar jamas. Se me caia la baba y le dije que por ella estaria dispuesto a remover otra vez el sotano entero. Al final le di la direccion del autor, Smelakov. La chica la mira asi y asa, luego coge y me dice que le da miedo ir alli sola. Dice que esta lejos, que no conoce aquellos lugares, ?y si se pierde? Le dije que el lunes le pediria a un amigo que me prestara su coche y que la llevaria al pueblo donde vivia Smelakov. Quedamos en que el lunes, alrededor de las diez de la manana, vendria a la redaccion e iriamos juntos. Este fue el acuerdo.
– ?Y luego?
– Y luego nada. No se presento. Y nunca mas volvio a aparecer por alli ni a llamar.
– ?No ha intentado buscarla?
– ?Para que? Me interesaba unicamente como mujer guapa pero como no dio senales de vida, comprendi que yo no la atraia. Asi que ?a santo de que iba a buscarla?
– ?Estuvo alguien mas en la redaccion aquel sabado?
– Si, cinco o seis companeros.
– ?Alguien mas vio a Vica?
– Todos. Estuvimos en la sala de redaccion, alli la gente se reune a tomarse el te, a charlar, a fumar.
– ?Se mostro alguien especialmente interesado en su visita?
– ?Y que lo diga! -se regocijo el redactor-. En seguida tuve clara una cosa, a los tios se les cortaba el aliento con solo verla. Todos los colegas de sexo masculino que entraban en la sala al instante hacian cambio de sentido e intentaban quedar con ella. No se si podria destacar a alguno en particular, todos reaccionaban de la misma manera.
– Serguey, tienes que concentrarte y recordar dos cosas. Primero, la fecha en que ocurrio todo aquello. Segundo, a todos los que aquel sabado estuvieron en la redaccion y vieron a la chica. ?Podras hacerlo?
Durante un rato largo, Bondarenko estuvo frunciendo el entrecejo, frotandose las sienes, bebiendo a sorbos pequenos el fortisimo te. Al final levanto hacia Andrei unos ojos atormentados.
– No puedo. No tengo donde agarrarme. Recuerdo perfectamente que era sabado pero la fecha… Tal vez fue
