a finales de octubre, tal vez a principios de noviembre.
– Kosar murio el 25 de octubre -le recordo Chernyshov.
– ?De veras? -se animo Serguey-. ?Seguro que fue el 25 de octubre? Pues claro que si, el 4 de diciembre celebraron el funeral de los cuarenta dias… (1). Y eso sucedia antes de que Valia… antes de que le… En fin, antes de todo aquello.
(1) Segun la tradicion ortodoxa, el alma del difunto permanece en este mundo durante cuarenta dias despues del fallecimiento, y al transcurrir este tiempo se celebra un segundo funeral. La tradicion se probo tan arraigada que sigue siendo la unica que respeta la totalidad de la poblacion rusa, incluidos los ateos mas recalcitrantes. (N. del t.)
– Entonces, fue el 23 de octubre -preciso Andrei tras consultar el calendario de su agenda.
Lo de los companeros que aquel sabado se encontraban en la redaccion no fue tan facil. El redactor solo pudo nombrar con total seguridad a dos, en cuanto a los demas, tenia dudas. Pero tampoco estuvo tan mal. Disponiendo de esos dos apellidos se podria intentar recuperar a los demas, ya que se conocia la fecha exacta y en la redaccion no solian reunirse los mismos colaboradores cada sabado.
CAPITULO 10
Algo habia cambiado imperceptiblemente en el rostro del coronel Gordeyev. En las ultimas semanas andaba mustio, indiferente a todo, incluido el trabajo de su departamento, se quejaba con frecuencia del dolor de cabeza y de corazon. Pero ese dia, Nastia vio que en los ojos apagados del jefe se encendia una luz nueva, vio centellear en ellos la vehemencia. «El Bunuelo se ha olido la presa», penso.
Durante el dia anterior y la manana de ese, Victor Alexeyevich habia hecho lo imposible. Habia conseguido averiguar muchas cosas interesantes sobre el gerifalte del partido que en 1970 habia ordenado amanar el caso de Tamara Yeriomina suprimiendo toda mencion de los dos estudiantes que en el momento del asesinato se encontraban en el lugar de los hechos.
Al parecer, Alexandr Alexeyevich Popov, padre de dos hijos bien pudientes y abuelo de tres nietos ya casi adultos, terminaba sus dias en una residencia de ancianos. Se rumoreaba que sus relaciones con la mujer eran todo menos cordiales y que, en su dia, Alexandr Alexeyevich habia estado a punto de divorciarse de ella para casarse con otra, con la que ya habia tenido un hijo. La legitima, sin embargo, recurrio al procedimiento de probada eficacia en aquellos tiempos: el marido descarriado retorno al redil guiado por la mano dura del partido y, con el sigilo de rigor, se echo tierra al asunto. No obstante, Popov, haciendo gala de su nobleza de espiritu, nunca dejo de ayudar al hijo extramatrimortial en la medida de sus fuerzas y posibilidades y, si bien no logro salvarle del servicio militar, si pudo matricularle en un centro de estudios superiores de prestigio.
– Me gustaria saber -musito Nastia- si era a su hijo a quien queria proteger cuando suprimio a los testigos de la causa criminal…
– Vas por buen camino -asintio Gordeyev-. Si ese Smelakov tuyo no se confunde debido a lo avanzado de su edad, los testigos en cuestion se llaman Gradov y Nikiforchuk. Por desgracia, el experto Rasid Batyrov ha muerto hace mucho, de manera que no podemos contrastar este dato. De momento adoptemos como hipotesis de trabajo el que uno de ellos era el hijo ilegitimo de Popov. Ahora escucha con atencion, pequena. Lo que viene a continuacion es aun mas interesante.
Gordeyev coloco delante de si los informes del seguimiento de dos hombres: del joven que habia entrado en el piso de Kartashov y del individuo que habia ido a la clinica a indagar.
Saniok, alias Alexandr Diakov, al salir de casa de Kartashov fue directamente al colegio, a un colegio de ensenanza secundaria comun y corriente, que por las noches arrendaba su sala de educacion fisica al club El Varego. No se pudo averiguar que fue lo que hizo en el colegio pero, unos veinte minutos despues de marcharse el, del colegio salio otro hombre, que fue identificado aunque no en seguida. Se trataba de un tal tio Kolia, tambien conocido como Nikolay Fistin, director de El Varego, cuyos antecedentes penales incluian dos condenas por delitos de desorden publico y lesiones. Ya que nadie mas salio del colegio hasta el amanecer, se podia concluir con seguridad que era al tio Kolia a quien habia ido a ver Saniok. Tambien al tio Kolia se le «acompano» a casa.
En cuanto al hombre que intento controlar a Nastia en la clinica, nada fue tan sencillo. Al parecer, tenia experiencia y era cauteloso, por lo que burlo la vigilancia sin esfuerzo y como quien no quiere la cosa, sin comprobar siquiera si le seguian. Lo cual significaba que siempre actuaba de este modo, independientemente de que se supiera vigilado o no. Como resultado, lo unico que Nastia y Gordeyev tenian de momento en su haber era la descripcion de las curiosas relaciones que el hombre en cuestion mantenia con las cabinas publicas.
La noche anterior, Victor Alexeyevich habia obtenido de la Oficina Central de Empadronamiento la lista de todos los Nikiforchuk y Gradov residentes en Moscu.
– Hay menos Nikiforchuk que otros, me ocupare yo de ellos -dijo el coronel-. A mi edad, trabajar demasiado perjudica la salud. Tu encargate de los Gradov, y luego haremos la criba.
Le tendio a Nastia un mazo de hojas impresas.
– Partamos del supuesto de que el hijo de Popov no pudo nacer despues del ano cincuenta, ya que en el setenta ya habia hecho el servicio militar y estaba cursando estudios superiores, pero tampoco antes del cuarenta y cinco, porque Popov llego a Moscu al terminar la guerra y antes de la guerra residia en Smolensk. El asuntillo del hijo extramatrimonial tiene, como denominacion de origen, la ciudad de Moscu, me he enterado. En teoria, su amiguete debe de tener la misma edad, tres anos arriba o abajo. En el ano setenta no podia tener menos de dieciocho, por lo tanto, nacio, como muy tarde, en el cincuenta y dos.
Nastia recogio las listas y se marcho a su despacho. Desparramo sobre la mesa montanas de informes estadisticos y materiales de analisis, abrio el cajon central y guardo alli a los centenares de Gradov. Le hubiese gustado cerrar la puerta con llave, como era su costumbre, para poder trabajar tranquilamente, pero era consciente de que ese dia precisamente no debia encerrarse. Que entren todos los curiosos, que vean que esta preparando para Gordeyev el informe mensual de turno sobre los asesinatos perpetrados en el territorio de la ciudad y los indices de resolucion.
Curiosos, lo fueron todos. Bueno, quiza no todos pero si muchos. En el curso de las dos horas siguientes por su despacho desfilaron, como minimo, diez companeros, y a cada uno Nastia le conto pestes de los medicos, que en un tris estuvieron de ingresarla en el hospital; pestes de Olshanski, quien no tenia ni idea de que hacer con el caso de Yeriomina y encima le amargaba la vida a Nastia; pestes de Gordeyev, quien le habia reclamado el informe analitico para el dia siguiente; pestes de sus botas, que dejaban pasar agua, por lo que siempre tenia los pies mojados; pestes de la vida en general, que estaba tan achuchada que para que la queria… Todos asentian con cabeza, se condolian de ella, le reclamaban cafe, le pedian cigarrillos y no la dejaban trabajar. Cada vez que se abria la puerta, a Nastia apenas si le daba tiempo para cerrar el cajon con un movimiento energico del torso. Suerte que al menos no hubo llamadas por la linea exterior.
Cuando la puerta empezo a entornarse una vez mas, Nastia penso que, con toda seguridad, acabaria con el torax lleno de moretones. Entro Gordeyev.
– ?Por que no coges el telefono? Chernyshov lleva horas tratando de hablar contigo.
Nastia miro el aparato extranada.
– No ha sonado ni una vez.
Descolgo el auricular del telefono exterior, se lo acerco al oido y se lo tendio a Gordeyev.
– No hay linea. Silencio sepulcral.
Victor Alexeyevich corrio hacia la puerta agilmente y echo la llave.
– ?Tienes un destornillador?
– ?Como quieres que lo tenga? -le dijo Nastia boquiabierta.
– Boba -dejo caer el Bunuelo, pero en su tono no habia malicia-. Tijeras si tendras.
Echo una ojeada al enchufe, luego, manejando habilmente las tijeras, desmonto el telefono.
– Muy bonito -pondero escudrinando unos danos apenas apreciables a simple vista en los alambres-. Sencillo y elegante. ?Te apetece divertirte un poco?
– ?Para que? Si yo ya se quien lo hizo. Tambien usted lo sabe.
– Que importa lo que sepamos. ?Y si estamos equivocados? Mirenle, es el mas inteligente, el mas astuto, el
