mas afortunado, se sale con todo lo que se propone o lo que sus amos le ordenan, mientras que nosotros le decimos amen a todo y le consentimos que nos lleve al matadero como ovejas sin uso de razon. Va siendo hora de que le demos un tironcito a sus neuronas, para que no se le ocurra recelar. Es un profesional experimentado, sabe perfectamente que solo sobre el papel todo va como una seda, pero en la vida real siempre hay algo que falla, algo que se tuerce. Que se entretenga, que se devane los sesos: ?cuando ha cometido un error?

– De todas formas, no lo entiendo. -Nastia se encogio de hombros-. ?Que esperaba? Pude haber descubierto que el telefono no funcionaba hacia tiempo. Ha sido pura casualidad que yo no tuviera que llamar a nadie.

– ?Y que habrias hecho al descolgar y no oir el tono?

– No lo se. Probablemente le pediria a alguien que lo mirase, a ver que pasaba.

– ?A quien, exactamente?

En los labios de Nastia retozo la risa.

– Tiene toda la razon, Victor Alexeyevich, se lo habria pedido justamente a el. Primero, porque su despacho esta al lado, puerta con puerta. Segundo, todos sabemos que entiende de aparatos y de electrodomesticos. Los demas no paran de llevarle molinillos de cafe, secadores de pelo, maquinillas de afeitar y otros chismes, para que se los repare. Por cierto, tiene un juego de destornilladores, se los deja a todo el mundo. De una forma u otra, mi telefono no se le escaparia.

– Eso, eso mismo -convino Gordeyev-. Lo miraria y te diria que el problema es tan complicado que no se puede arreglar asi como asi, que hace falta una pieza especial que tiene en casa y que manana te la traera para reparar el aparato. Pero que hoy estaras incomunicada.

– Ya. No quiere que alguien me llame desde fuera. Y no se trata de uno de nuestros companeros, que tienen una decena de numeros para encontrarme, entre otros, el suyo, Victor Alexeyevich, sino de algun testigo o alguien por el estilo, alguien que normalmente solo dispondria de un numero, el de este despacho. Yo, por mi parte, en caso de necesidad podria llamar desde otro telefono. Victor Alexeyevich, ?de quien cree usted que quiere protegerme? ?De Kartashov?

– Todo es posible. ?Tienes una botella?

– ?Como dice?

El asombro le arqueo las cejas a Nastia.

– Una botella. De licor. ?Que clase de detective eres, Kamenskaya? No vales para nada. No tienes destornillador, no tienes botella. Vale, ahora te la traigo.

Minutos mas tarde, en el despacho de Nastia empezaron a entrar sus companeros. Muchos no estaban en el edificio, pues, como es sabido, un detective se gana la vida pateando las calles. Pero se habian reunido unos siete. El ultimo en llegar fue Gordeyev, que con aire de solemnidad sostenia en las manos una botella de champan y una bolsa de plastico en cuyo interior unos vasos tintineaban elocuentemente.

– Amigos mios -anuncio con mucho sentimiento-, hoy celebramos una pequena fiesta, la onomastica de todas las que recibieron el nombre de Anastasia, santa y martir. Puesto que nuestra Nastasia se niega a celebrar su cumpleanos, felicitemosla el dia de su santo. Vamos a desearle que siga igual de joven e inteligente durante muchos anos.

– E igual de perezosa -sugirio Yura Korotkov.

Todos a una prorrumpieron en carcajadas. El Bunuelo descorcho el champan y lleno los vasos.

En este momento sono el telefono.

– Es papa.

La voz que Nastia escuchaba en el auricular pertenecia a Andrei Chernyshov:

– Felicidades, hija mia.

El hombre no se contuvo y solto una risita.

– Gracias, papi. -Nastia sonrio beatificamente-. Me alegra mucho que te hayas acordado. Yo y Lioska hemos apostado a que se te olvidaria… Claro, una botella de conac. Llama aqui cada media hora y pregunta si me has felicitado o no… No, papi, fui yo la que pense que no te ibas a acordar. Asi que ha ganado el…

A estas alturas de la conversacion, Andrei, desde el otro lado del hilo, se mondaba de risa.

– He perdido. -Nastia compuso el gesto tragico-. Tendre que estirarme y comprarle el conac.

– ?Que pasa? ?Te da pereza ir a la tienda? -comento Korotkov.

Todos estallaron en risas, terminaron el champan, hicieron cola para darle un beso a Nastia y regresaron a sus despachos. Pero por mucho que escrutase uno de aquellos rostros, no descubrio en el ni rastro de sorpresa, temor o perplejidad. No vio nada. Ni una palidez repentina, ni un sonrojo febril. Su sonrisa no era forzada, la voz no le temblo. Asi que ?no era el? ?Quien, entonces? Habia estado pendiente de una sola cara, sin molestarse en mirar las otras. Mal hecho.

De nuevo sola, se sento en la silla y apoyo la cabeza en las manos. Asi que eran dos. El Bunuelo tenia razon desde el principio, cuando le dijo que podian ser varios, o tal vez todos. En aquel momento, Nastia no habia tomado en serio sus palabras y cuando descubrio a uno, se precipito en concluir que era el unico, que no habia otros. Habia vuelto a equivocarse. Eran dos. Dos. «Dos como minimo», rectifico. Ahora estaba dispuesta a admitir que habia otros. ?Lo eran todos? Dios mio, ?que idea tan monstruosa!

Consiguio dominarse y volver a las listas de los habitantes de Moscu que llevaban el apellido nada raro de Gradov. Meticulosamente tacho de la lista a los que no cumplian con el requisito de la edad. De repente, algo le hirio los ojos. Nastia los entorno. Debajo de los parpados cerrados, por la negra oscuridad pululaban repugnantes moscas amarillas. La tension que le provocaba su vaiven hizo que los ojos le lagrimearan. Humedecio un panuelo con el agua de la botella que tenia encima de la mesa, echo la cabeza atras y se lo puso sobre la cara. Su frescor le trajo algo de alivio.

Tiro el panuelo mojado sobre el radiador y clavo la vista en el Gradov de turno, nombre y patronimico: Serguey Alexandrovich, domiciliado en… Habia algo en esta direccion que no le gustaba. Pero bueno, ?que le pasaba hoy? Era una direccion completamente normal: la calle, la casa, la escalera, el piso. No era ni peor ni mejor que las demas.

Volvio a cerrar los ojos y trato de pensar en algo diferente. En Lioska, en los fenomenales pollos asados que hacia su padrastro, en el conac que no iba a comprar… La avenida Federativni, numero… Fuera, extrana direccion, largo de aqui, no me distraigas. Deberia llamar por si acaso a papa, no descartaba la posibilidad de pasar luego por su casa. Tampoco vendria mal avisar a Lioska, para que dijera a todos cuantos le llamasen por la noche que estaba en casa de su padre y que volveria tarde… La avenida Federativni, numero… La avenida Federativni…

Una oleada de calor se propago por su cuerpo, las mejillas le ardieron, el sudor le humedecio las manos. Nastia descolgo el telefono interior.

– Victor Alexeyevich, ?esta solo?

– Si. ?Que ocurre?

– Sera mejor que vaya a verle.

Al entrar en el despacho de su jefe, trago saliva espasmodicamente. El nerviosismo la volvio afonica y sus palabras sonaron broncas y susurrantes:

– ?Verdad que me ha mencionado el domicilio del director del club El Varego?

– Verdad. Te he leido el informe de observacion completo.

– ?Avenida Federativni, numero dieciseis, escalera tres?

– ?Has venido aqui para hacer demostraciones de tu fenomenal memoria?

– En esa casa vive un tal Gradov Serguey Alexandrovich, nacido en el ano cuarenta y siete.

El Bunuelo se arrellano en el sillon, se quito las gafas y se metio la patilla en la boca. Luego, sin prisas, se levanto y echo a andar arriba y abajo por el despacho, al principio lentamente, luego mas y mas de prisa, rodeando la larga mesa de conferencias como una pelota rebotada, apartando de su camino todas las sillas que encontraba. Cuantas mas vueltas daba Victor Alexeyevich, mas intenso se volvia el brillo de sus ojos, mas sonrosada se ponia su calva y con mas firmeza se apretaban sus labios. Al final se paro, se dejo caer en un sillon situado junto a la ventana y estiro las cortas piernas.

– Me ocupare yo de Gradov, no te metas en eso, te viene demasiado ancho. Voy a enterarme de a que se dedica, e ire a verle. Tu mision consistira en reflexionar sobre que le puede provocar ese miedo tan espantoso. Evidentemente, no es porque hace cinco lustros presencio un crimen. Aqui hay algo mas… Espera, no. He cambiado de idea. No voy a ver ni a Gradov, ni al viejo Popov. Lo haremos todo de otro modo. De un modo completamente distinto.

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