Aquel silencio le dio tiempo a Brady para pensar. No servia de nada recriminarle su actitud a voces ni enfadarse con ella por estar enferma. Sin embargo, le dolia y le molestaba que ella no confiara lo suficiente en el cuando le decia que estaba enferma y que necesitaba ayuda. El le iba a proporcionar esa ayuda, tanto si la queria como si no. Como medico, haria lo mismo por cualquiera. ?Cuanto mas estaba dispuesto a hacer por la unica mujer que habia amado en toda su vida?
«Habia amado», se recordo. En este caso, el tiempo verbal pasado era vital. Como una vez la habia amado con toda la pasion y la pureza de la juventud, no permitiria que ella pasara por aquella enfermedad sola.
Aparco delante de su casa y salio del coche para abrirle la puerta. Vanessa salio y comenzo el discurso que tan cuidadosamente habia planeado durante el trayecto.
– Siento haberme comportado como una nina y haber sido tan desagradecida. Se que tu padre y tu solo quereis ayudarme. Tomare esta medicacion.
– Eso espero -replico el. Entonces, la agarro del brazo.
– No tienes que entrar.
– Voy a hacerlo. Pienso ver como te tomas la primera dosis y luego te voy a meter en la cama.
– Brady, no soy ninguna invalida.
– Ya lo se y, si depende de mi, no lo seras nunca.
Brady abrio la puerta de la casa, que nunca estaba cerrada con llave, y la llevo directamente arriba. Alli, le lleno un vaso de agua en el cuarto de bano y se lo dio a Vanessa. A continuacion, abrio el frasco de las pastillas y saco una.
– Traga.
Vanessa tardo un momento en abrir la boca. Despues, obedecio.
– ?Vas a cobrarme la visita como medico?
– La primera es gratuita, por los viejos tiempos -contesto, mientras la hacia entrar en su dormitorio-. Ahora, desnudate.
– ?No se supone que debes llevar una bata blanca o un estetoscopio al cuello cuando dices eso?
Brady no se molesto en responder. Abrio un cajon de la comoda y estuvo rebuscando en su interior hasta que encontro un camison. Despues de tirarlo sobre la cama, hizo que Vanessa se diera la vuelta y empezo a bajarle la cremallera.
– Te aseguro que, cuando te desnude por razones personales, lo sabras perfectamente.
– No me vengas con esas -replico ella. Atonita, se agarro el vestido antes de que este le bajara mas alla de la cintura.
– Puedo controlar perfectamente mi apetito animal pensando en tu estomago -le aseguro Brady mientras e metia el camison por la cabeza.
– Eso es asqueroso
– Efectivamente -afirmo el. Le bajo el vestido a tirones. El camison ocupo rapidamente su lugar-. ?Medias?
Sin saber si debia sentirse furiosa o avergonzada, Vanessa se quito las medias. Brady apreto los dientes. Ni siquiera montones de horas de clase de anatomia podrian haberlo preparado para ver como Vanessa se quitaba lentamente las delicadas medias. Se recordo que era medico. Trato de recitar la primera linea del juramento hipocratico.
– Ahora, metete en la cama -le ordeno. Aparto el edredon y luego la tapo suavemente cuando ella se metio. De repente, le volvio a parecer que Vanessa tenia dieciseis anos. Se aferro a su profesionalidad y dejo el frasco de pastillas sobre la mesa de noche.
– Quiero que sigas las indicaciones.
– Se leer.
– No bebas alcohol -dijo Brady. No hacia mas que repetirse que el era medico y que Vanessa era su paciente-. Ya no se utilizan las dietas blandas, sino mas bien el sentido comun. No tomes comidas picantes. Vas a notar alivio muy rapidamente. Seguramente, ni siquiera te acordaras que tienes una ulcera dentro de varios dias.
– Ni siquiera la tengo ahora.
– Vanessa, venga… -susurro el. Entonces, le aparto suavemente el cabello del rostro-. ?Necesitas algo mas?
– No -contesto ella. Antes de que Brady pudiera apartar la mano, se la agarro-. ?Puedes…? ?Tienes que marcharte?
– Durante un rato, no -respondio. Le beso suavemente los dedos.
– Cuando eramos adolescentes, no podia dejar que subieras aqui -comento ella.
– No. ?Te acuerdas de la noche que entre por la ventana?
– Nos sentamos en el suelo y estuvimos hablando hasta las cuatro de la manana. Si mi padre lo hubiera sabido, te habria…
– Ahora no es momento de preocuparse de eso.
– No se trata de preocuparse, sino de preguntarse. Yo te amaba, Brady. Todo era inocente y dulce. ?Por que tuvo que estropearlo todo?
– El destino te guardaba grandes cosas, Van. El lo sabia. Yo estaba en medio.
– ?Me habrias pedido que me quedara? Si hubieras sabido que mi padre iba a llevarme a Europa, ?me habrias pedido que me quedara? -quiso saber. Nunca habia pensado en preguntarselo, pero siempre habia deseado saber la respuesta de aquella pregunta.
– Si. Yo tenia dieciocho anos y era egoista. Si te hubieras quedado, no serias lo que eres ahora. Ni yo seria lo que soy.
– No me has preguntado si me habria quedado.
– Se que lo habrias hecho.
– Supongo que solo se ama con esa intensidad una vez en la vida -suspiro ella-. Tal vez lo mejor sea que ocurra y pase cuando uno es joven.
– Tal vez…
– Yo sonaba que tu venias y me llevabas contigo -confeso, tras cerrar los ojos-, especialmente antes de una actuacion, cuando estaba muy nerviosa y lo odiaba.
– ?Que era lo que odiabas?
– Las luces, la gente, el escenario… Deseaba tanto que tu vinieras por mi para poder marcharnos juntos… Entonces, comprendia que no ibas a hacerlo y dejaba de desearlo… Estoy muy cansada.
– Duermete -susurro Brady. Volvio a besarle los dedos.
– Estoy cansada de estar sola -murmuro, antes de quedarse dormida.
Brady permanecio alli sentado, observandola, tratando de distinguir los sentimientos del pasado de los que sentia en el presente. Comprendio que aquel era precisamente el problema. Cuanto mas estaba con ella, mas se diluia la frontera entre pasado y presente.
Solo habia una cosa que resultaba evidente. Jamas habia dejado de amarla.
Despues de besarle dulcemente los labios, apago la luz y dejo que Vanessa descansara.
Capitulo VII
Envuelta en un albornoz de color azul, con el cabello revuelto y de muy mal humor, Vanessa bajo las escaleras. Llevaba dos dias tomando la medicacion que Ham Tucker le habia recetado. Se sentia mejor, algo que la molestaba admitir, pero estaba a anos luz de reconocer que necesitaba aquellas pastillas.
El ambiente que habia aquella manana encajaba perfectamente con su estado de animo. Unas espesas nubes grises y una abundante lluvia. Era el dia perfecto para permanecer sola en casa pensando. De hecho, era algo que tenia muchas ganas de hacer. Lluvia, depresion y una fiesta privada. Estar sola supondria un cambio para ella. No habia tenido muchos momentos de soledad desde la noche de la cena en casa de Joanie.
Su madre estaba siempre presente y encontraba toda clase de excusas para regresar a casa dos o tres veces durante los dias laborales. El doctor Tucker iba a verla dos veces al dia, por mucho que Vanessa protestara.
