caoba con aspecto de pesar una tonelada, mesitas de noche pareadas con lamparas adornadas y con pantallas de brocado. La casa olia a viejo. No podia ser el lugar donde ella dormia.

Al volverse, Bosch se fijo en que en la pared contigua a la puerta habia una vieja pintura, un retrato de la mujer que estaba a su lado. Era una version mas joven de Jasmine, con el rostro mas adusto, mas severo. Bosch se estaba preguntando que clase de persona cuelga un retrato de si misma en su dormitorio cuando se fijo en que el lienzo estaba firmado. El nombre del artista era Jazz.

– Jazz. ?Es usted?

– Si, mi padre insistio en colgarlo aqui. De hecho tendria que haberlo quitado.

Se acerco a la pared y empezo a descolgar el cuadro.

– ?Su padre? -Bosch se coloco al otro lado del cuadro para ayudarla.

– Si. Se lo regale hace mucho tiempo. Entonces di gracias porque no lo colgo en la sala de estar donde sus amigos pudieran verlo, pero incluso aqui es un poco excesivo.

La mujer dio la vuelta al cuadro y lo apoyo en la pared.

Bosch entendio lo que habia estado diciendo.

– ?Es la casa de su padre?

– Ah, si. Yo me he quedado aqui mientras esta el anuncio en el periodico. ?Quiere ver el bano en suite? Tiene un jacuzzi. Eso no lo mencionaba el anuncio.

Bosch se acerco mas a ella en la puerta del cuarto de bano. Le miro las manos, un instinto natural, y vio que no llevaba anillos. Pudo olerla al pasar y el aroma que detecto coincidia con el nombre: jazmin. Estaba empezando a sentir cierta atraccion por ella, pero no estaba seguro de si era por la excitacion de estar alli bajo falsas pretensiones o bien se trataba de una atraccion real. Estaba cansado y lo sabia, y decidio que ya bastaba. Sus defensas estaban bajas. Miro por encima el cuarto de bano y salio.

– Es bonito. ?Vivia solo?

– ?Mi padre? Si, solo. Mi madre murio cuando yo era pequena. Mi padre fallecio en Navidades.

– Lo siento.

– Gracias. ?Que mas puedo contarle?

– Nada. Era solo curiosidad por saber quien habia vivido aqui.

– No, me refiero a que mas puedo explicarle del condominio.

– Ah, eh… Nada. Es muy bonito. Todavia estoy en la fase de echar un vistazo, supongo, no estoy seguro de que voy a hacer. Yo…

– ?Que hace usted en realidad?

– ?Disculpe?

– ?Que esta haciendo aqui, senor Bosch? No esta buscando un condominio. Ni siquiera esta mirando la casa.

La voz de la mujer estaba exenta de ira. Era una voz cargada de la confianza que tenia en interpretar a las personas.

Bosch sintio que se ruborizaba. Lo habian descubierto.

– Yo solo… Yo solo he venido a mirar casas.

Era una replica tremendamente debil, pero no se le ocurrio nada mas que decir. Jasmine advirtio su aprieto y lo dejo estar.

– Bueno, lamento haberle puesto en apuros. ?Quiere ver el resto de la casa?

– Si, eh, bueno, ?ha dicho que tiene tres dormitorios? Es demasiado grande para lo que estoy buscando.

– Si, tres dormitorios, pero eso tambien lo decia el anuncio.

Afortunadamente, Bosch sabia que ya no podia ponerse mas colorado de lo que estaba.

– Oh -dijo-. Eso ha debido de pasarseme. Eh, gracias por mostrarmela, de todos modos. Es una casa muy bonita.

Avanzo con rapidez por la sala de estar hacia la puerta. Al abrirla miro a la mujer. Ella hablo antes de que el pudiera decir nada.

– Algo me dice que es una buena historia.

– ?El que?

– Lo que esta haciendo usted. Si alguna vez tiene ganas de contarmela, el numero esta en el periodico. Pero eso ya lo sabe.

Bosch asintio. Estaba sin habla. Salio y cerro la puerta tras de si.

Cuando volvio al lugar donde habia visto el Town Car, su cara habia recuperado su color normal, pero todavia se sentia avergonzado por haber sido acorralado por la mujer. Trato de no darle importancia y concentrarse en la tarea que tenia por delante.

Aparco y fue a llamar a la puerta de la planta baja que estaba mas proxima al Town Car. Finalmente una mujer mayor acudio a abrir y lo miro con cara de asustada. Con una mano agarraba el asidero de un pequeno carrito de dos ruedas que transportaba una botella de oxigeno. Dos tubos de plastico le pasaban por detras de las orejas y le recorrian ambas mejillas antes de introducirse en sus orificios nasales.

– Lamento molestarla -dijo Bosch con rapidez-. Estaba buscando a los McKittrick.

La anciana levanto una mano fragil, cerro el puno con el pulgar hacia arriba y senalo al techo. Los ojos de Bosch fueron tambien en esa direccion.

– ?Arriba?

Ella asintio con la cabeza. Bosch le dio las gracias y se dirigio a la escalera.

La mujer que habia recogido el sobre rojo abrio la siguiente puerta en la que llamo Bosch y este exhalo como si hubiera pasado la vida entera buscandola. Y asi era como se sentia.

– ?Senora McKittrick?

– ?Si?

Bosch saco la cartera en la que guardaba la placa y la abrio. La sostuvo de manera que dos dedos cruzaban la mayor parte de la placa ocultando la palabra «teniente».

– Me llamo Harry Bosch. Soy detective del Departamento de Policia de Los Angeles. ?Esta su marido en casa? Me gustaria hablar con el.

Una expresion de preocupacion ensombrecio enseguida el rostro de la mujer.

– ?El Departamento de Policia de Los Angeles? No ha estado alli en veinte anos.

– Es acerca de un viejo caso. Me enviaron a hablar con el.

– Bueno, podria haber llamado.

– No teniamos el numero. ?Esta aqui?

– No, esta en el barco. Ha ido a pescar.

– ?Donde esta? Tal vez pueda encontrarle.

– Bueno, no le gustan las sorpresas.

– Supongo que sera una sorpresa tanto si se lo dice usted como si se lo digo yo. No veo la diferencia. Solo tengo que hablar con el, senora McKittrick.

Tal vez estaba acostumbrada al tono que usan los policias para evitar la discusion. Cedio.

– Rodee el edificio y vaya recto. Al pasar el tercer edificio, gire a la izquierda y vera los muelles al fondo.

– ?Donde esta su barco?

– En el amarre seis. Pone Trophy en grandes letras en el costado. No se le escapara. Todavia no ha salido porque esta esperando que le lleve la comida.

– Gracias.

Habia empezado a alejarse de la puerta hacia el lateral del edificio cuando ella lo llamo.

– ?Detective Bosch? ?Va a quedarse un rato? ?Quiere que le prepare un sandwich?

– No se cuanto voy a quedarme. Pero se lo agradezco.

Al dirigirse hacia el muelle cayo en la cuenta de que la mujer llamada Jasmine nunca habia llegado a ofrecerle la limonada que le habia prometido.

Bosch tardo quince minutos en encontrar la pequena ensenada donde se hallaban los amarres. Una vez logrado eso, McKittrick fue facil de localizar. Puede que hubiera unos cuarenta barcos en atracaderos, pero solo uno de ellos estaba ocupado. Un hombre con un intenso bronceado que quedaba realzado por el pelo blanco estaba en la popa,

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