doblado sobre el motor fuera de borda. Bosch lo examino al acercarse, pero no vio nada reconocible en el. No encajaba con la imagen que Bosch tenia en su mente del hombre que lo habia sacado de la piscina hacia tantos anos.

La cubierta del motor no estaba puesta y el hombre estaba haciendo algo con un destornillador. Llevaba unos shorts de color caqui y una camisa blanca de golf que estaba demasiado vieja y manchada para el golf, pero que servia para ir a navegar. El barco tenia unos seis metros de eslora, calculo Bosch, y una pequena cabina cerca de la proa, donde estaba el timon. Habia canas de pescar en soportes a ambos costados, dos a babor y dos a estribor.

Bosch se detuvo junto a la proa del barco a proposito. Queria estar a cierta distancia de McKittrick cuando mostrara la placa. Sonrio.

– Nunca pense ver a alguien de homicidios de Hollywood tan lejos de casa -dijo.

McKittrick levanto la cabeza, pero no mostro sorpresa.

– No, se equivoca. Esta es mi casa. Cuando estuve alli era cuando estaba lejos.

Bosch asintio como para decir que le parecia bien y mostro la placa. La sostuvo del mismo modo que cuando se la habia mostrado a la mujer del ex policia.

– Soy Harry Bosch, de homicidios de Hollywood.

– Si, eso he oido.

Bosch fue el que se mostro sorprendido. No podia pensar en nadie en Los Angeles que pudiera haber advertido a McKittrick de su llegada. Nadie lo sabia. Solo se lo habia contado a Hinojos y no podia concebir que le hubiera traicionado.

McKittrick le alivio al hacer un gesto hacia el telefono movil que estaba en el salpicadero del barco.

– Ha llamado mi mujer.

– Ah.

– Y bien, ?de que se trata, detective Bosch? Cuando trabajaba alli, ibamos por parejas. De ese modo era mas seguro. ?Hay tan poco personal que van solos?

– En realidad no. Mi companero esta investigando otro viejo caso. Son posibilidades tan remotas que no gastan dinero en enviar a dos.

– Supongo que me lo va a explicar.

– Si, de hecho, iba a hacerlo. ?Le importa que suba a bordo?

– Adelante. Estoy arreglando esto para salir en cuanto llegue la mujer con la comida.

Bosch empezo a caminar por el muelle hasta llegar junto al barco de McKittrick. Despues bajo a la nave. Esta se bamboleo en el agua con el peso anadido, pero despues se enderezo. McKittrick cogio la cubierta del motor y empezo a colocarla. Bosch se sentia fuera de lugar. Llevaba zapatos de calle y tejanos negros, una camiseta verde del ejercito y una americana ligera negra. Y todavia tenia calor. Se quito la americana y la doblo encima de una de las dos sillas que habia en el puente de mando.

– ?Que va a pescar?

– Lo que pique. ?Y usted?

Miro directamente a Bosch cuando lo pregunto, y Harry vio que sus ojos eran marrones como el cristal de las botellas de cerveza.

– Bueno, ha oido hablar del terremoto, supongo.

– Claro, ?quien no? Mire, yo he pasado por terremotos y huracanes y le digo que al menos un huracan lo ves venir. Por ejemplo, Andrew trajo un monton de devastacion, pero imaginela que habria causado si nadie hubiera sabido que iba a golpear. Eso es lo que pasa con los terremotos.

A Bosch le costo unos segundos situar el Andrew, el huracan que habia azotado la costa del sur de Florida un par de anos antes. Resultaba dificil seguir la pista de tantos desastres como se producian en el mundo. Ya habia bastantes solo en Los Angeles. Miro a traves de la ensenada y vio que un pez saltaba y al volver a caer creaba una estampida de saltos entre los otros ejemplares del cardumen. Miro a McKittrick y estaba a punto de avisarle cuando se dio cuenta de que era algo que probablemente veia todos los dias de su vida.

– ?Cuando se fue de Los Angeles?

– Hace veintiun anos. Cumpli con mis veinte y adios. Puede guardarse Los Angeles, Bosch. Mierda, estuve alli en el terremoto de Sylmar en el setenta y uno. Derribo un hospital y un par de autovias. Entonces viviamos en Tujunga, a pocos kilometros del epicentro. Ese nunca lo olvidare. Era como un combate entre Dios y el diablo y tu estabas alli con ellos haciendo de arbitro. Maldita sea… Bueno, ?que tiene que ver el terremoto con todo esto?

– Vera, es un fenomeno bastante extrano, pero el indice de asesinatos ha caido. La gente se ha vuelto mas civica, supongo. Nosotros…

– Quiza ya no queda nada por lo que merezca la pena matar.

– Puede ser. El caso es que normalmente tenemos entre setenta y ochenta asesinatos al ano en la division. No se como era cuando usted…

– Teniamos menos de la mitad. Facil.

– Bueno, este ano estamos por debajo de la media. Eso nos ha dado tiempo para revisar algunos de los casos antiguos. A cada uno le ha tocado una parte. Uno de los que me han tocado a mi tenia su nombre. Supongo que sabe que su companero de entonces fallecio y…

– ?Eno esta muerto? Maldicion, no lo sabia. Pense que me habria enterado. No es que hubiera importado demasiado.

– Si, esta muerto. Su mujer recibe los cheques de la pension. Lamento que no lo supiera.

– No pasa nada. Eno y yo…, bueno, eramos companeros. Nada mas.

– El caso es que estoy aqui porque usted esta vivo y el no.

– ?Cual es el caso?

– Marjorie Lowe. -Bosch espero la reaccion del rostro de McKittrick, pero no percibio ninguna-. ?Lo recuerda? La encontraron en el cubo de basura de un callejon cerca de…

– Cerca de Vista. Detras de Hollywood Boulevard, entre Vista y Gower. Los recuerdo todos, Bosch. Resueltos o no, recuerdo todos y cada uno de ellos.

«Pero no me recuerda a mi», penso Bosch, aunque no lo dijo.

– Si, es ese. Entre Vista y Gower.

– ?Que pasa?

– Nunca se resolvio.

– Ya lo se -dijo McKittrick, levantando la voz-. Trabaje en sesenta y tres casos en los siete anos que pase en homicidios. Trabaje en Hollywood, Wilshire y en robos y homicidios. Resolvi cincuenta y seis. A ver quien lo supera. Hoy en dia tienen suerte si resuelven la mitad. Apostaria a ciegas contra usted.

– Y ganaria. Es un buen record. No se trata de usted, Jake. Se trata del caso.

– No me llame Jake. No le conozco. No le he visto en mi vida. Yo… Espere un momento.

Bosch lo miro, asombrado de que pudiera haberse acordado de la piscina de McClaren. Pero entonces se dio cuenta de que McKittrick se habia detenido porque su mujer se aproximaba por el muelle con una nevera de plastico en la mano. McKittrick aguardo en silencio hasta que la mujer dejo la nevera en el suelo cerca del barco y el la subio a bordo.

– Ah, detective Bosch, va a pasar mucho calor vestido asi -dijo la senora McKittrick-. ?Quiere que vaya a casa y le baje unos shorts de Jake y una camiseta?

Bosch miro a McKittrick y despues a la mujer.

– No, gracias, senora.

– Va a ir a pescar, ?no?

– Bueno, no me han invitado y…

– Oh, Jake, invitalo a pescar. Siempre estas buscando a alguien que te acompane. Ademas, asi podras ponerte al dia de todas esas historias truculentas que tanto te gustaban en Hollywood.

McKittrick levanto la cabeza para mirar a su mujer, y Bosch vio que pugnaba por no perder los nervios. Consiguio controlarse.

– Mary, gracias por los sandwiches -dijo McKittrick con calma-. Ahora, ?puedes subir a casa y dejarnos solos?

Ella lo miro con ceno y sacudio la cabeza como si McKittrick fuera un nino malcriado. La mujer regreso por

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