continuara intacto si la puerta no ha quedado abierta y los perros no han devorado las provisiones — observo Papochkin.
Despues del penoso viaje a traves de la nieve, de las noches pasadas en la tienda de campana y de la alimentacion compuesta de carne y galletas, el clima tibio de la
En torno a la
Un poco mas lejos estaba la pequena estacion meteorologica instalada en la colina por Borovoi. Los instrumentos se hallaban en buen estado. En la
Decidieron llevarse la
Conforme a esta decision, prepararon para el viaje dos trineos, seis pares de esquis, viveres para un mes, ropa de abrigo y sacos de dormir. Tambien reunieron cierta cantidad de azucar, caramelos, cuchillos, agujas, hilo, collares y anillos para regalarselos a los salvajes si devolvian voluntariamente la libertad de los prisioneros, Se llevaron igualmente alcohol y conac para embriagara los centinelas en caso de necesidad.
SIGUIENDO LA PISTA DE LOS COMPANEROS
Despues de descansar tres dias en la colina, emprendieron la marcha, primero hacia el Sudeste, en direccion al rio donde Kashtanov y Papochkin habian encontrado por primera vez mamuts, y luego bajando la corriente.
Al segundo dia, los exploradores llegaron a un calvero
En una de las pertigas habia sido fijado un papel con este texto:
El papel se habia roto en aquel sitio..
Los exploradores decidieron descender el borde del rio, examinando minuciosamente los calveros cada quince o veinte kilometros, recorrida probable de una jornada de marcha de la tribu que, cargada con todos los utensilios domesticos, debia avanzar lentamente. Al borde de estos calveros podia haber quedado alguna nota de los prisioneros.
Efectivamente, al final de aquella misma jornada llegaron a un vasto calvero, donde encontraron, atada a una rama con un hilo, la siguiente nota:
Borovoi».
Al dia siguiente recorrieron unos cuarenta kilometros sin encontrar la menor nota. Quiza habria sido barrida por el viento o arrancada por algun animal.
Anduvieron un dia mas y, despues de haber hecho alto para el almuerzo, encontraron un billete con este contenido:
Borovoi».
Asi anduvieron seis dias, encontrando de vez en cuando una nota con algunas palabras, pero con mas frecuencia simples papeles prendidos en los arbustos de la orilla. Al decimo dia la capa de nieve era ya muy fina y el hielo del rio crujia a veces bajo los pies. La temperatura se mantenia a uno o dos grados bajo cero. Al dia siguiente tuvieron que abandonar el lecho del rio porque el hielo era ya demasiado fragil y en algunos sitios aparecian grandes charcos de agua. Los exploradores siguieron un sendero que iba unas veces por el bosque y otras a lo largo de la orilla. Al final de la jornada la capa de nieve no tenia mas que cuatro centimetros de espesor y, en el rio, solo habia hielo junto a las orillas.
Finalmente, al duodecimo dia de camino, subsistian nada mas que pequenos montones de nieve debajo de los arbustos y en el bosque, de manera que fue preciso tirar de los trineos por la alfombra de hojas secas que cubria el sendero. Despues del almuerzo volvieron a encontrar una misiva diciendo que, a una jornada de marcha, debia haber un vasto calvero donde la tribu se disponia a invernar si la nieve no la empujaba mas lejos.
Ahora tenian que redoblar la atencion para no tropezar casualmente con los hombres primitivos que andaban sin duda alrededor del campamento. Uno de los viajeros marchaba con General delante de los trineos, como explorador.
Hicieron alto para dormir en un pequeno prado proximo al rio. Despues de la cena, Maksheiev y Kashtanov emprendieron un pequeno reconocimiento. Habrian recorrido tres kilometros cuando oyeron rumores y algunos gritos. Se deslizaron con mucho cuidado hasta el bordo de un vasto calvero: en el se alzaba el campamento de los hombres primitivos.
Componiase de doce chozas conicas de pertigas recubiertas de pieles de animales y dispuestas en circulo, bastante cerca las unas de las otras, y con las aberturas dirigidas hacia el interior del circulo. En el centro se encontraba otra choza, de dimensiones mas pequenas, delante de la cual ardia una hoguera. No cabia la menor duda de que aquella era la vivienda de los companeros prisioneros. Por las dimensiones de las demas chozas Maksheiev calculo que la tribu debia componerse de unos cien adultos.
En el circulo que formaban las chozas no se veian mas que ninos, que casi siempre corrian a cuatro patas y parecian monos negros sin rabo. Jugaban, saltaban y se peleaban lanzando gritos agudos. A la entrada de una de las chozas estaba sentado un hombre adulto, tambien con aire simiesco. A traves de los prismaticos podia verse que tenia el cuerpo cubierto de pelos oscuros. De cara se asemejaba a un australoide, pero con las mandibulas mas marcadas todavia y la frente muy baja. El color de la piel era pardusco terroso. En el menton le crecia una barba negra, testimonio de que era un hombre.
Al poco tiempo aparecio otro individuo a la entrada de la misma choza. Para salir, pego un rodillazo en la espalda del primero, que oscilo y luego se puso en pie, encontrandose al lado del primero. Entonces pudo verse que el segundo era mas alto y mucho mas ancho de hombros y de cadenas, de forma que el primero daba a su