lanzarles unas cuantas perdigonadas contra las piernas en los grupos. ?A la una, a las dos, a las tres!

Resonaron seis disparos, a los que respondieron, en diferentes puntos del circulo de las mujeres, los gritos y los aullidos de las heridas. Todas dieron media vuelta y huyeron al bosque; muchas iban cojeando y dejaban caer sobre la nieve gotas de sangre. En cuanto a la muchacha que habia lanzado la jabalina contra Kashtanov, se desplomo sobre la nieve a los pocos pasos y quedo inmovil.

— ?Que pasara ahora? — pregunto Gromeko cuando las ultimas fugitivas hubieron desaparecido entre los arbustos-. ?Habra que esperar otro ataque o no se atreveran?

— Me parece que les basta con lo que llevan — observo Igolkin-. Por si acaso, entremos en layurtapara evitar otra jabalina que pudiera lanzarnos alguna nina traviesa.

La precaucion era inutil. Las mujeres se alejaban lanzando grandes gritos y pronto quedo todo en silencio. Los perros dejaron de ladrar y corrieron a la muchacha para lamer avidamente la sangre tibia que fluia de su herida. Igolkin, y sus companeros tras el, fueron tambien hacia la muchacha para ahuyentar a los perros semisalvajes.

Examinando a la muchacha, los exploradores vieron que solo estaba herida en el muslo derecho y, sin embargo, perdia mucha sangre.

— Es extrano: los perdigones no pueden causar semejante herida — dijo Papochkin.

— Alguno de nosotros se ha equivocado y ha disparado la bala del otro canon.

— La habia apuntado yo — declaro Kashtanov.

— La pobre esta viva aun — dijo Gromeko, despues de haberla examinado-. Unicamente ha perdido el conocimiento del susto y del dolor. La bala ha atravesado la parte carnosa sin tocar el hueso, pero ha desgarrado mucho los musculos.

— ?Que hacemos con ella ahora? Las demas se han escapado todas.

— Tendremos que llevarnosla como cautiva y soltarla cuando se ponga buena.

— ?Soltarla! — protesto Papochlcin indignado-. ?De ninguna manera! Nos la llevaremos alEstrella Polarcomo soberbio ejemplar de ser humano primitivo, proximo a los monos. ?Que tesoro para los antropologos!

Gromeko fue a layurtaen busca de lo que necesitaba para detener la sangre y vendar la herida. Durante esta operacion, la muchacha abrio los ojos y, al verse rodeada de hechiceros, empezo a temblar de espanto.

No era muy alta, pero si esbelta, y carecia aun de las formas macizas y la robusta musculatura de las mujeres adultas. Por detras su cuerpo estaba cubierto de pelo negro, corto pero bastante tupido. El rostro, las palmas de las manos y las plantas de los pies no tenian pelos. La cabellera era mas bien corta y un poco ondulada. La forma de la planta del pie era intermediaria entre la de los hombres y 1a del mono, con los dedos muy desarrollados y el pulgar sensiblemente apartado de los demas.

Borovoi habia reconocido a la muchacha y exclamo:

— ?Pero si es mi amiga Katu!

— ?Es usted capaz de distinguirlas a las unas de las otras? — pregunto Kashtanov-. A mi me han parecido todas iguales.

— Eso es a primera vista, pero, fijandose bien, se nota cierta diferencia. Nosotros conociamos ya a muchos por sus nombres, sobre todo adolescentes y ninos. Katu me traia muchas veces carne, raices y lo que a ella le parecia los manjares mas ricos, testimoniandome asi su simpatia.

— Y por eso se ha atrevido a lanzar una jabalina contra los que han raptado a su amigo — constato riendo Maksheiev.

— Efectivamente, si pega cuatro centimetros mas a la izquierda, me deja tuerto — dijo Kashtanov.

Despues de vendar a Katu quisieron trasladarla a layurta, pero empezo a debatirse con grandes gritos. Segun entendio Igolkin, pedia que la dejasen morir alli en lugar de ser devorada en la choza.

— ?Devorada? ?Por que? — pregunto Ctromeko asombrado-. ?Acaso son canibales?

— Si. Se comen tranquilamente a los que han sido heridos de gravedad o muertos durante la caza o en una lucha.

— Bueno, pues tranquilicela diciendole que no nos la vamos a comer y solo queremos acostarla en la choza para que duerma. Y que cuando este buena la dejaremos que vuelva a su tribu.

El marinero la convencio a duras penas. Borovoi le tomo una mano y solo entonces se tranquilizo un poco y dejo que la llevasen a layurta, donde la acostaron y pronto se quedo dormida sin soltar la mano de Borovoi.

Como se habia agotado ya el tiempo destinado al sueno, comenzaron los preparativos de la marcha. Los viajeros encendieron una hoguera, pusieron la tetera a hervir y se sentaron a desayunar. Al salir de layurtapara llenar la tetera de nieve, Igolkin advirtio que por el lindero del bosque erraban otros perros que probablemente habian seguido a las mujeres, quedando luego rezagados. Layurtaquiza les hiciera recordar la deliciosayukolaque les distribuian en tiempos y empezaban a reconocer a sus antiguos duenos. A los silbidos del marinero se reunieron doce perros mas, de manera que, con General y los cinco que habian acudido primero, se podia enganchar mal que bien los tres trineos.

— ?Con que vamos a alimentarlos? — pregunto Igolkin-. Porque si queremos retenerlos cerca de layurtay volverlos a domesticar, es unicamente a condicion de alimentarlos.

— Habiamos tomado provisiones para un mes — dijo Gromeko-. Dentro de siete u ocho dias habremos vuelto a la colina. Tenemos pues unos perniles de reserva que podremos distribuirselos.

— Pero sin darles mucho — anadio Borovoi-. Asi nos seguiran con la esperanza de comer y cenar.

Despues del desayuno se dio a los perros los restos, los huesos y un trozo de carne a cada uno. Los exploradores empezaron luego los preparativos de marcha. En uno de los trineos fue instalada Katu con el fieltro y las pertigas de layurta. En el otro se cargo el resto de la impedimenta. La nieve permitia ya utilizar los esquis. Por eso, aunque la carga era mayor, se podia avanzar mas rapidamente que la vispera. La caravana se puso en marcha. Al darse cuenta de que no la llevaban hacia donde se encontraba el campamento de su tribu, sino en direccion contraria, Katu lanzo un grito, se tiro del trineo y echo a correr, pero se cayo a los pocos pasos. Cuando los exploradores la rodearon y quisieron volverla a tender sobre el trineo, les hizo frente a punetazos y tratando de morderles.

Segun las explicaciones de Igolkin, le habia parecido comprender que volvian a llevarsela hacia el campamento y alli la soltarian. Y ahora se daba cuenta de que los hechiceros querian llevarsela hacia los grandes hielos. Hubo que atarle las manos y sujetarla solidamente al trineo para evitar una nueva tentativa de fuga. La pobre Katu temblaba de espanto y lloraba, absolutamente convencida de que iba a ser devorada.

Aquel dia, despues del almuerzo, descendieron ya al lecho del rio, donde la capa de nieve era menos profunda y estaba apisonada por los vientos. Los trineos y los esquis se hundian alli menos que en el sendero del bosque. Por ello, el avance fue bastante rapido y, en la jornada, recorrieron nuevamente cincuenta kilometros.

Al hacer alto para dormir se turnaron en la guardia, pero todo estaba tranquilo. Katu no habia consentido comer en todo el dia y, durante el alto, hubo que dejarla atada bajo la vigilancia del de guardia. Al ver los brillantes cuchillos que utilizaban los hechiceros para cortar los perniles durante el almuerzo y la cena, temblaba de pies a cabeza y seguia con espanto el movimiento de las manos, esperando probablemente ser degollada de un momento a otro.

Asi continuaron el viaje hacia el Norte. Al octavo dia, los exploradores llegaron a la tundra y, a la hora de almorzar, se encontraban junto a la colina. Katu habia ido tranquilizandose, se habia acostumbrado a los hechiceros y empezaba a comer algo de carne cruda, pero rechazaba con repugnancia todo alimento cocido 0 asado. Al tercer dia de camino le desataron las manos y al quinto tambien los pies, en cuanto prometio no escapar.

Capitulo LIV

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