circulo. Luchaban, hacian piruetas, se peleaban y algunos, los mayores, se ejercitaban a lanzar las jabalinas al aire o contra las techumbres de las chozas.

Cuando estuvieron hechas las correas, Igolkin saco un pedazo de carne de la choza y lo corto en trozos pequenos, que ensarto en las varitas preparadas pana las flechas. Luego clavo estas ultimas en el suelo, junto a la hoguera, para asar la carne. Se conoce que los prisioneros no habian desayunado todavia y querian hacer una buena comida antes de la fuga. Cuando la carne estuvo asada, los dos se sentaron no lejos de la hoguera y se pusieron a comer el asado con buen apetito. De vez en cuando Igolkin ofrecia un trozo de carne a alguna de las mujeres que trabajaban junto al fuego, pero ellas volvian la cabeza riendo. Luego, una de ellas trajo de su choza un gran pedazo de carne cruda que se pusieron a comer cortandolo con sus cuchillos de hueso en lonchas largas y finas. Tambien dieron carne a los chiquillos que se habian acercado corriendo.

Terminado el desayuno, los exploradores, ocultos en el bosque, consultaron el reloj y pensaron que habia transcurrido bastante tiempo.

Salieron en hilera del bosque y avanzaron rapidamente hacia las chozas haciendo por turno disparos al aire con polvora.

En cuanto se oyeron los primeros disparos todo quedo silencioso en el campamento. Los que estaban sentados se pusieron de pie, los que estaban de pie se quedaron inmoviles, volviendo la cara hacia los seres que llegaban produciendo aquel estrepito, semejante al trueno. Cuando los viajeros penetraron en el circulo de las chozas, los salvajes se prosternaron en silencio y unicamente los ninos mas pequenos se pusieron a llorar de espanto.

Los exploradores llegaron hasta la choza de los prisioneros, les entregaron la ropa y las escopetas, y siguieron disparando mientras sus companeros se vestian. Maksheiev le dijo a Igolkin:

— Expliquele usted a esta gente que bastante han gozado ya de su hospitalidad y que ahora han venido a buscarles unos hechiceros todavia mas poderosos. En senal de gratitud por lo bien que les han tratado, les hemos traido unos regalos para que se acuerden siempre de los visitantes extraordinarios venidos del pais de los hielos perpetuos. Digales que no se les ocurra perseguirnos; de lo contrario, sufriran un terrible castigo, porque los dioses de los hielos tienen a su disposicion, ademas de los truenos, los rayos que fulminan a los indomitos.

Cuando Igolkin y Borovoi salieron vestidos de la choza, sus companeros dejaron de disparar, y el marinero, que por su caracter sociable dominaba mejor la lengua de los salvajes, dirigio a los que estaban prosternados(prosternados = Postrarse para suplicar ante Dios)un discurso repitiendo a grandes rasgos lo que le habia dicho Maksheiev. Para terminar, dijo a las tres mujeres que los habian guardado:

— Entregad estos regalos a los mayores cuando vuelvan de la caza para que ellos los repartan. Tambien os dejamos el fuego, que podeis ahora utilizar, pero sin dejarlo nunca morir, alimentandolo, como hemos hecho hasta ahora nosotros. Los repito la orden de no seguirnos. Volvemos alla, al pais de los hielos perpetuos, y cuando haga de nuevo calor regresaremos.

Pronunciadas estas palabras, dejo los paquetes con los regalos a la entrada de la choza. Luego los seis hombres atravesaron el circulo, siempre disparando por turno, entre los seres prosternados, que no se atrevian a moverse, y desaparecieron en el bosque.

En el lindero se detuvieron unos instantes para ver lo que iban a hacer los salvajes. En cuanto habian cesado los disparos, los salvajes empezaron a incorporarse y se pusieron a hablar a media voz comentando sin duda aquel acontecimiento extraordinario. Parte de ellos rodeaba la hoguera que habian dejado a su disposicion y contemplaban el fuego, ahora sin duenos, como si pudiera explicarles todo aquello. Al poco rato, dos de las mujeres que habian estado de centinela, empunaron sus lanzas y corrieron en la misma direccion seguida por los cazadores, probablemente con el proposito de informarles de lo ocurrido. La tercera mujer quedo junto a la choza de los prisioneros, sin duda para evitar que los ninos y los adolescentes se apoderasen de los regalos, que ella no se atrevia a tocar.

Los exploradores llegaron hasta los trineos que habian dejada en el bosque y emprendieron el regreso hacia el Norte. Tenian que tirar de los trineos por la estrecha senda cubierta de hojas caidas.

Mientras se alejaban del campamento, Igolkin lanzaba de vez en cuando un estridente silbido, al que habia acostumbrado a los perros. Obedeciendo a este subido, los animales habian permanecido siempre en los alrededores del campamento. Igolkin les repartia los restos de comida, pero los perros se habian vuelto de todas formas medio salvajes porque los hombres primitivos les tenian miedo y no les dejaban acercarse a las chozas. Algunos perros habian muerto luchando con diferentes animales, otros se habian marchado ahora a de caza con la tribu y al silbido del marinero solo acudieron cinco, que rondaban alrededor del campamento. Seguian los trineos a cierta distancia, pero no se dejaban tocar y ensenaban los dientes a General cuando se acercaba a ellos. Habia que volverlos a domesticar dandoles de comer varios dias, a fin de disponer, por lo menos, de un tiro para uno de los trineos.

Despues de doce horas de marcha, durante las cuales recorrieron alrededor de cincuenta kilometros, los exploradores hicieron alto para dormir, convencidos de que los salvajes no podrian darles ya alcance.

Capitulo LIII

UN ATAQUE DE LOS SERES PRIMITIVOS

Hicieron alto para dormir en un gran calvero. Montaron layurtapor si acaso en el centro con el fin de evitar que nadie pudiera atacarlos por sorpresa desde detras de los arbustos. Se quedaron de guardia por turno. Los perros parecian haber reconocido layurtay se instalaron sobre la nieve alrededor. General no les dejaba todavia llegar hasta la propiayurta.

Estando Kashtanov de guardia, General manifesto inquietud, se puso a grunir y luego a ladrar freneticamente, sin parar. Kashtanov advirtio que, en torno al calvero, los arbustos se agitaban y crujian. Desperto en seguida a sus companeros, que salieron con las escopetas.

Al ver fracasado su ataque por sorpresa, los salvajes salieron del bosque, rodearon el calvero y fueron avanzando, lentos e indecisos, hacia layurta. Eran mujeres, armadas con lanzas y con cuchillos que llevaban entre los dientes. Les seguian algunas chiquillas con las jabalinas. Sin embargo, no se decidian a hacer uso de sus armas. Sin duda abrigaban la esperanza de apoderarse facilmente de los hechiceros como la primera vez para hacerles volver al campamento. Por eso Igolkin impidio que sus companeros disparasen en seguida, queriendo parlamentar; de todas formas, les dijo que, por si acaso, sustituyeran la bala de uno de los canones por una carga de perdigones.

— Una perdigonada en las piernas les bastara — dijo-. Si se obstinan, recurriremos a las balas.

Cuando las mujeres estuvieron a unos treinta pasos, Igolkin agito los brazos gritando:

— ?Esperad, escuchad! Os he prohibido seguirnos, habeis desobedecido. Nuestras flechas de fuego estan preparadas y fulminaran a las que osen avanzar. ?Marchaos!

Las mujeres salvajes se detuvieron para escuchar las palabras del marinero y luego se consultaron. Una de las mujeres grito algo y las otras agitaron las manos en senal de aprobacion.

— Piden que volvamos los dos al campamento porque la tribu no puede vivir sin nosotros — tradujo el marinero-. En cuanto a los otros, dicen que pueden marcharse.

Luego Igolkin grito a su vez:

— Los hechiceros no pueden vivir mucho tiempo entre los hombres. Vamos a pasar el invierno en nuestras chozas sobre los hielos grandes y volveremos en primavera. ?Marchaos pronto!

Pero parte de las mujeres avanzo unos cuantos pasos y una de las jovenes que servian de escuderos lanzo rapidamente, con pueril audacia, una jabalina que fue a clavarse en layurtadespues de pasar casi pegada a la oreja de Kashtanov.

— No hay mas remedio que disparar mientras no han cobrado mas valor — grito Borovoi —. Vamos a

Вы читаете Plutonia
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату