Grace se froto los ojos.

– Y otra cosa -prosiguio Cora-. Ya se por que sale como Bob en lugar de Robert.

– ?Por que?

– Es periodista. Es el nombre con el que firma. Bob Dodd. Google da ciento veintiseis resultados con su nombre en los ultimos tres anos para el New Hampshire Post. En la necrologica lo describian como… a ver donde estaba… «un periodista de investigacion obstinado, famoso por sus revelaciones polemicas»; como si la mafia de New Hampshire se lo hubiera cargado para cerrarle la boca.

– ?Y no crees que haya sido eso?

– ?Quien sabe? Pero, despues de echar una ojeada a sus articulos, tengo la impresion de que Bob Dodd era mas bien uno de esos periodistas defensores de los desvalidos, ya sabes: encontraba a tecnicos de lavavajillas que timan a viejas, fotografos de bodas que se esfuman con la paga y senal, cosas asi.

– Quizas alguien se cabreo con el.

– Si, es posible -respondio Cora con voz monotona-. Pero ?crees que es casualidad que Jack llamase a ese tio antes de morir?

– No, eso no ha sido casualidad. -Grace intentaba asimilar lo que oia-. Espera.

– ?Que?

– Esa foto. Habia cinco personas. Dos mujeres, tres hombres. Es una posibilidad entre mil…

Cora ya estaba tecleando.

– Pero ?a lo mejor Bob Dodd es una de ellas?

– Hay buscadores de imagenes, ?no? -pregunto Grace.

– Estoy en ello.

Los dedos volaron, el cursor senalo, el raton se desplazo. Salieron dos paginas, con un total de doce imagenes para Bob Dodd. La primera mostraba a un cazador llamado igual que vivia en Wisconsin. En la segunda pagina -el decimoprimer resultado-, encontraron una foto de una mesa tomada en una funcion benefica en Bristol, New Hampshire.

Bob Dodd, un periodista del New Hampshire Post, era el primero de la izquierda.

No tuvieron que examinarla con detenimiento. Bob Dodd era afroamericano. Todas las personas de la foto misteriosa eran blancas.

Grace fruncio el entrecejo.

– De todos modos tiene que haber una relacion.

– Dejame ver si encuentro su curriculum. A lo mejor fueron a la universidad juntos o algo asi.

Alguien llamo a la puerta suavemente. Grace y Cora se miraron.

– Es tarde -dijo Cora.

Volvieron a llamar, otra vez con delicadeza. Habia un timbre. Quien fuera habia preferido no usarlo. Debia de saber que Grace tenia hijos. Grace se levanto y Cora la siguio. Al llegar a la puerta, encendio la luz exterior y miro por la ventana junto a la puerta. Tendria que haberse sorprendido mas, pero tal vez, penso, estaba curada de espanto.

– ?Quien es? -pregunto Cora.

– El hombre que cambio mi vida -contesto Grace en un susurro.

Abrio la puerta. Jimmy X estaba en la entrada con la vista baja.

Wu tuvo que sonreir.

Esa mujer. En cuanto Wu vio las luces de la sirena, lo entendio todo. El ingenio de esa mujer era admirable e irritante a la vez.

Pero no habia tiempo para eso.

?Que hacer…?

Jack Lawson estaba atado en el maletero. En ese momento Wu comprendio que debia haber huido en cuanto vio el guardallaves. Otro error. ?Cuantos mas podia permitirse?

Minimizar los danos. Ese era ahora el objetivo. Era imposible prevenirlo todo; o sea, todos los danos. De esta saldria sin duda perjudicado. Tendria un coste para el. Sus huellas dactilares estaban en la casa. La vecina debia de haber dado a la policia una descripcion. Encontrarian a Sykes, vivo o muerto. Tampoco podia hacer nada para evitarlo.

Conclusion: si lo cogian, lo meterian en la carcel durante mucho tiempo.

El coche de la policia se detuvo en el camino de entrada.

Wu paso a la tactica de supervivencia. Corrio escalera abajo. Por la ventana vio detenerse el coche patrulla. Ya era de noche, pero la calle estaba bien iluminada. Salio un hombre negro y alto. Se puso la gorra de policia. Llevaba la pistola en la funda.

Eso era buena senal.

En cuanto el policia negro apenas habia llegado al camino, Wu abrio la puerta con una sonrisa de oreja a oreja.

– ?En que puedo ayudarlo, agente?

El policia no saco el arma. Wu ya contaba con eso. Aquello era un barrio de familias que entraba en el amplio espectro conocido en Estados Unidos como «zonas residenciales». Un agente de la policia de Ho-Ho-Kus debia de responder a varios centenares de posibles allanamientos de morada a lo largo de su carrera. La mayoria, si no todos, eran falsas alarmas.

– Hemos recibido una llamada acerca de un posible robo -dijo el agente.

Wu fruncio el entrecejo, simulando desconcierto. Avanzo un paso pero mantuvo las distancias. «Todavia no - penso-. No te muestres amenazador.» Los movimientos de Wu eran intencionadamente parcos, para marcar un ritmo lento.

– Ah, ya se. Me he olvidado la llave. Alguien ha debido de verme entrar por detras.

– ?Vive usted aqui, senor…?

– Chang -dijo Wu-. Si. Ah, pero no es mi casa, si se refiere a eso. Es de mi colega, Frederick Sykes.

Wu se arriesgo a dar otro paso.

– Ya veo. ?Y ese senor Sykes esta…?

– Arriba.

– ?Podria verlo, por favor?

– Claro, pase. -Wu le dio la espalda al agente y, volviendose hacia la escalera, grito-: ?Freddy? Freddy, ponte algo. Ha venido la policia.

Wu no tuvo que darse la vuelta. Sabia que el negro alto se acercaba por detras. Solo estaba a cinco metros. Wu entro en la casa.

Sostuvo la puerta abierta y dirigio al agente lo que considero una sonrisa afeminada. El agente -segun la placa se llamaba Richardson- caminaba hacia la puerta.

Cuando solo estaba a un metro, Wu ataco.

El agente Richardson habia vacilado, tal vez porque intuyo algo, pero era demasiado tarde. El golpe, asestado con la palma de la mano, impacto de pleno en su vientre. Richardson se doblo como una silla plegable. Wu se acerco mas. Pretendia incapacitarlo. No queria matar.

Un policia herido genera calor. Un policia muerto sube la temperatura diez veces mas.

El policia estaba doblado por la cintura. Wu le golpeo las piernas por detras. Richardson cayo de rodillas. Wu empleo una tecnica de presion en un punto. Hundio los nudillos de los dedos indices a ambos lados de la cabeza de Richardson, introduciendolos en la cavidad del oido por debajo del cartilago, una zona llamada Calentador Triple 17. Hay que saber encontrar el angulo adecuado. Si se aprieta demasiado, se puede matar a alguien. Se requiere mucha precision.

Richardson puso los ojos en blanco. Wu lo solto. Richardson se desplomo como un titere con los hilos cortados.

El desmayo no duraria. Wu cogio las esposas prendidas del cinturon y le sujeto la muneca al poste de la barandilla de la escalera. Le arranco la radio del hombro.

Wu se acordo de la vecina. Estaria vigilando.

Con toda seguridad volveria a llamar a la policia. Considero la opcion, pero no tenia tiempo. Si intentaba

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