CyberCom.

– ?Estas seguro?

– Segurisimo -afirmo Wharton sin vacilar.

Gamble se aliso la pechera de la camisa.

– ?Tienes vigilado a Goldman las veinticuatro horas del dia, le has pinchado los telefonos, lees su correspondencia, sigues a sus socios?

– No, claro que no.

– Entonces, no puedes estar seguro de que no trabaja para RTG y en contra de mi, ?verdad?

– Tengo su palabra -replico Wharton-. Y tenemos algunos controles.

Gamble jugo con el anillo que llevaba en uno de los dedos.

– En cualquier caso, no puedes saber en que estan metidos tus otros socios, incluida Sidney Archer, ?no es asi?

– Ella es una de las personas mas integras que conozco, por no mencionar que es una mente brillante -afirmo Wharton, enfadado.

– Sin embargo, ella no tenia ni punetera idea de que su marido viajaba en un avion a Los Angeles, donde da la casualidad que RTG tiene la oficina central. Eso es mucha coincidencia, ?no te parece?

– No puedes culpar a Sidney por las acciones de su marido.

Gamble se quito el puro de la boca y con un gesto parsimonioso se limpio un resto de ceniza de la solapa de la chaqueta.

– ?Cuanto le facturas al ano a Triton, Henry? ?Veinte millones, cuarenta? Puedo conseguir la cifra exacta cuando regrese a la oficina. Ronda esa cantidad, ?no? -Gamble se puso de pie-. Tu y yo nos conocemos desde hace anos. Conoces mi estilo. Si alguien cree que puede aprovecharse de mi, se equivoca. Quiza me llevara algun tiempo, pero si alguien me apunala, se lo devuelvo por partida doble. -Gamble dejo el puro en un cenicero, apoyo las manos sobre la mesa y se inclino hacia delante hasta poner la cara a un palmo del rostro de Wharton-. Si pierdo CyberCom porque mi propia gente me ha vendido, cuando salga a por los responsables sere como el Misisipi cuando se desborda. Habra muchas victimas potenciales, la mayoria personas inocentes, pero no me preocupare en averiguar cuales son. ?Me comprendes? -Gamble hablaba en voz baja y tranquila, pero, de todas maneras, Wharton sintio como si le hubiesen dado un punetazo.

Wharton trago saliva mientras miraba los ojos brillantes del magnate.

– Si, creo que si.

Gamble se puso el abrigo y recogio la colilla del puro.

– Que pases un buen dia, Henry. Cuando hables con Sidney, dale recuerdos mios.

Era la una de la tarde cuando Sidney salio del aparcamiento del Boar's Head y se dirigio otra vez a la Ruta 29. Paso por delante del viejo Memorial Gymnasium, donde en otros tiempos se habia agotado haciendo gimnasia y jugando a tenis entre clase y clase de derecho. Metio el coche en el aparcamiento del Corner, uno de los centros comerciales favoritos de los estudiantes, donde habia numerosas librerias, restaurantes y bares.

Entro en una cafeteria, pidio un cafe y compro un ejemplar del Washington Post. Ocupo una de las mesas de madera y echo una ojeada a los titulares. Casi se cayo de la silla.

El titular ocupaba toda la plana como correspondia a la importancia de la noticia: EL PRESIDENTE DE LA RESERVA FEDERAL, ARTHUR LlEBERMAN, MUERTO EN UN ACCIDENTE AEREO. Junto al titular habia una foto de Lieberman. Sidney se sorprendio ante la mirada penetrante del hombre.

Leyo el articulo en un santiamen. Lieberman habia sido uno de los pasajeros del vuelo 3223. Viajaba todos los meses a Los Angeles para entrevistarse con Charles Tiedman, presidente del banco de la Reserva en San Francisco. El fatidico vuelo de la Western Airlines habia sido uno de esos viajes habituales. Gran parte del articulo glosaba la ilustre carrera financiera de Lieberman y el respeto que le habia dispensado el mundo economico. Por cierto, la noticia oficial de la muerte no se habia comunicado hasta ahora, porque el gobierno estaba haciendo todo lo posible para evitar el panico en la comunidad financiera. A pesar de ello, las bolsas de todo el mundo habian comenzado a bajar. El articulo concluia con la noticia de que el funeral tendria lugar el domingo siguiente en Washington.

Habia mas informacion sobre el accidente aereo en las paginas interiores. No se habia descubierto nada nuevo, y el NTSB continuaba con las investigaciones. Se tardaria mas de un ano en averiguar por que el vuelo 3223 habia acabado en un campo de maiz y no en la pista del aeropuerto de Los Angeles. El tiempo, un fallo mecanico, un sabotaje y mil cosas mas estaban siendo estudiadas, pero por ahora no habia nada concreto.

Sidney se acabo el cafe, dejo el periodico a un lado y saco el telefono movil del bolso. Marco el numero de la casa de sus padres y hablo durante un rato con su hija. Costaba que Amy dijera algo, porque todavia le daba verguenza hablar por telefono. Despues, hablo con sus padres. A continuacion, llamo a su casa y escucho los mensajes del contestador automatico. Habia muchos, pero uno destacaba por encima de todos los demas: el de Henry Wharton. Tylery Stone le habia dado generosamente todo el tiempo que hiciera falta para enfrentarse a la catastrofe personal, aunque Sidney estaba convencida de que no tendria bastante con el resto de su vida. La voz de Henry habia sonado preocupada, incluso nerviosa. Ella sabia lo que significaba: Nathan Gamble le habia hecho una visita.

Se apresuro a marcar el numero del bufete y le pasaron con el despacho de Wharton. Hizo todo lo posible para controlar los nervios mientras esperaba que el cogiera el telefono. Wharton podia ser implacable o un gran consejero, dependiendo de si se contaba con su favor o no. El habia sido siempre uno de los grandes partidarios de Sidney. Pero ?y ahora? Respiro con fuerza cuando el se puso al aparato.

– Hola, Henry.

– Sid, ?como estas?

– Si quieres que te diga la verdad, bastante aturdida.

– Quizas eso sea lo mejor. Por ahora. Lo superaras. Te puede parecer que no, pero lo conseguiras. Eres fuerte.

– Gracias por el apoyo, Henry. Siento mucho haberte dejado en la estacada. Con todo el asunto de CyberCom por medio.

– Lo se, Sidney. No te preocupes.

– ?Quien se ha hecho cargo? -Queria evitar meterse de cabeza en el tema de Gamble.

Wharton tardo unos momentos en contestar. Cuando lo hizo, su voz era mucho mas baja.

– Sid, ?que opinas de Paul Brophy?

La replica la pillo por sorpresa, pero le proporciono un alivio. Quizas estaba en un error y Gamble no habia hablado con Wharton.

– Me gusta Paul, Henry.

– Si, si, lo se. Es un tipo agradable, trae buenos clientes y conoce el oficio.

– ?Quieres saber si sirve para llevar las negociaciones con CyberCom?

– Como sabes, ha participado en todo hasta ahora. Pero las cosas estan en otro nivel. Quiero mantener limitado el numero de abogados. Ya sabes por que. No es ningun secreto que puede haber un conflicto de intereses con Goldman como representante de RTG. No quiero la menor insinuacion de conflicto. Tambien quiero gente en el equipo que aporte cosas al proceso. Quiero saber tu opinion sobre el en esas circunstancias.

– ?Esta conversacion es confidencial?

– Absolutamente.

Sidney contesto con autoridad, satisfecha de estar analizando algo que no tuviera que ver con su perdida personal.

– Henry, sabes tan bien como yo que este tipo de acuerdos son como partidas de ajedrez. Tienes que calcular cinco o diez jugadas por anticipado. Y no hay segunda oportunidad. A Paul le espera un futuro brillante en la firma, pero no tiene la amplitud de vision ni la atencion por el detalle. No encaja en el equipo que negocia los ultimos tramos de la compra de CyberCom.

– Gracias, Sidney, es lo mismo que pensaba yo.

– Henry, no creo que mis comentarios sean nada extraordinarios. ?Por que lo consideraron?

– Digamos que manifesto un interes muy grande por encabezar el equipo. No es dificil adivinar la razon. Seria una medalla de honor para cualquiera.

– Ya veo.

– Voy a encargarle el asunto a Roger Egert.

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