consciente, habia dicho: no, no permitire que suceda. Y si algun poder habia juzgado a Veness y pronunciado una implacable sentencia, ese poder habia salido de su interior: si ella era un peon, tambien era el jugador cuya mano controlaba cada movimiento del peon.

Muy despacio, Indigo volvio la cabeza para mirar otra vez a la cama. Por un momento fugaz quiso inclinarse, besar la frente de Veness, darle un adios definitivo. Pero una voz intima se lo prohibio y retrocedio, reconociendo la acusacion implicita que le hacia. Dejalo. Dejalo marchar. No tenia ningun derecho a tocarlo.

Se volvio; y al hacerlo, Grimya se puso en pie. Indigo no sabia hasta que punto la loba habia seguido el torbellino de sus pensamientos, pero Grimya levanto los ojos hacia ella y meneo la cola, indecisa.

—Indigo... —dijo en voz alta, y con mucha suavidad—. No pu... puedo devolvertelo. Pero sigo siendo tu a...miga, y sssiempre lo sere.

—?Oh, Grimya...!

Indigo se agacho y la abrazo con fuerza, incapaz de expresarse con palabras. La loba le lamio el rostro, lamio las saladas lagrimas que habian empezado a correr por sus mejillas mientras las primeras barricadas erigidas para protegerse del dolor y la desolacion empezaban a derrumbarse. Por fin se levanto, se sorbio con fuerza y se seco los ojos con el dorso de la mano. Fue un momento de debilidad, nada mas. El resto vendria mas adelante; pero queria aferrarse a aquel respiro tanto tiempo como le fuera posible. No volvio a mirar la inmovil figura silenciosa de Veness tendida sobre la cama; abandono la habitacion acompanada de Grimya, cerrando la puerta despacio a su espalda. Recorrieron el pasillo hasta llegar al dormitorio que Indigo llegara a considerar propio. La habitacion estaba tal y como la habia dejado: la cama deshecha; la chimenea apagada, Indigo permanecio en el umbral unos instantes, paseando la mirada por el familiar y a la vez ajeno mobiliario. Luego penetro en la habitacion y empezo a recoger sus pertenencias.

EL CAMINO A MULL BARYA

—Es imposible que consigas llegar a Mull Barya... ahora, con esta nieve... —dijo Reif.

—Llegare. —Indigo le sonrio amablemente mientras el caballo, nervioso, pateaba el suelo—. No me pasara nada, Reif.

Este hizo un gesto de impotencia como si fuera a alejarse.

—Por favor, Indigo. —Se volvio otra vez; sus ojos estaban embargados de dolor—. Se que no es facil para ti: se que amabas a Veness y se lo mucho que te ha afectado su muerte. Pero eres una de nosotros ahora. Has compartido tantas cosas con nosotros... y tenemos una deuda tan grande contigo... Por favor, quedate.

Indigo clavo los ojos en el suelo.

—Tu familia no me debe nada, Reif —respondio con amargura—. Quizas habria sido mejor para todos vosotros que yo no hubiera puesto jamas los pies en El Reducto.

—Eso no es verdad. Si no hubiera sido por ti, Kinter y Carlaze podrian haber tenido exito en lo que planeaban hacer. Y habria sido mucho peor. Sabes que habria sido asi.

Indigo no pudo replicarle. Habian dado vueltas y vueltas a aquello una y otra vez durante la larga noche, sentados ambos ante la chimenea en el comedor, despues de que Indigo acabara de contar a Reif toda la historia. Ver llorar a Reif la trastorno de una forma que no era capaz de asimilar; pero la verdad es que el lloro en silencio y sin avergonzarse de hacerlo, mientras escuchaba el relato de la muerte del conde Bray, el asesinato de Moia y Gordo, la aparicion del espectro de la mujer surgido de tiempos pasados. Y cuando el relato hubo finalizado, Reif le pidio que se quedara a vivir en la granja.

—Queremos que te quedes —le dijo—; Livian y Rimmi y yo... queremos que te quedes, Indigo. Eres una de nosotros.

Y de nuevo en el patio, en ese ultimo momento: eres una de nosotros. Pero no lo era, y nunca podria serlo ya. Y todos los argumentos de Reif, todos sus razonamientos, todas sus suplicas, no podrian hacerla cambiar de opinion. Ese era el mundo de ellos, y ella, igual que el tigre de las nieves en el bosque, no tenia lugar en el.

Volvio a mirar a Reif y vio tristeza en sus ojos. Comprendia al fin que no conseguiria persuadirla y aceptaba su derrota.

—?Tendras mucho cuidado en el camino? —suplico.

—Claro que si. Y te enviare un mensaje desde Mull Barya. —Le dedico otra sonrisa forzada que era casi una mueca—. Puede que no te llegue hasta la primavera, pero entonces sabras que estamos bien y de camino hacia el sur.

—Si dejaras que enviara algunos hombres contigo...

—No. Ahora necesitas todos los brazos disponibles para que te ayuden a reconstruir tu propio futuro. A Grimya y a mi no nos pasara nada. —Extendio el brazo, y su mano enguantada tomo la de el con fuerza—. Creelo.

El asintio, mordiendose el labio y parpadeando. El caballo relincho, golpeo con el morro el hombro de Indigo, y le lanzo su calido aliento contra el rostro. En las perreras los perros habian empezado a ladrar, como si presintiesen lo que sucedia, y Grimya volvio la cabeza para mirar en aquella direccion.

«Tambien ellos se estan despidiendo, a su manera», dijo.

Y tambien ella debia decir su ultimo adios, Indigo dio un paso al frente y levanto la cabeza para besar a Reif en la mejilla.

—Que la Diosa te acompane, Reif —dijo.

El la abrazo con fuerza por un breve instante.

—No te olvidaremos, Indigo.

Ella torcio un poco el gesto.

—Tendrias que hacerlo. Y espero que un dia lo hareis.

Salto sobre la silla y puso los pies en los estribos al tiempo que tomaba las riendas. Reif, ocultando la expresion de su rostro, se inclino para acariciar la cabeza de Grimya, y rascarle las orejas.

—Cuida de ella por nosotros, Grimya —dijo con voz ronca.

A el le fue imposible escuchar la silenciosa respuesta de la loba, lo hare, pero Indigo si pudo, y sonrio.

—Dales un beso de mi parte a Livian y a Rimmi cuando despierten. —El caballo se movio de lado, ansioso por partir—. Adios, Reif. Adios.

El permanecio alli solo en el patio, observando el caballo que se alejaba en direccion al arco y a la deslumbrante manana invernal que brillaba mas alla. Pasaron junto al establo; pasaron junto a la lenera; pasaron junto al curioso y aislado montoncito de aserrin que, sin que nadie lo supiera, excepto dos de sus hombres y el, cubria el lugar donde habia cortado la cabeza de Carlaze. Los cascos del caballo resonaron; su cola se agito con fuerza, capturando los rayos del sol y centelleando cenicienta por un instante. Luego las sombras del arco se lo tragaron, el chacoloteo de los cascos enmudecio al pisar el caballo nieve mas blanda, e Indigo y Grimya desaparecieron.

Oian el viento, una profunda voz cantarina que soplaba del oeste; pero era agradable, no el temible gemido del poderoso Quejumbroso norteno. La manana era clara, limpia y vigorizante; un buen dia para cabalgar; la nieve apelmazada centelleaba como un millon de diamantes bajo el sol que se elevaba muy despacio por el horizonte y el aire les azotaba el rostro.

No habian hablado desde que la oscura estructura cuadrada de la granja quedara atras y desapareciera en la distancia. No habia nada que decir que no pudiera esperar un poco, Indigo en particular deseaba saborear la nieve, el viento y el cielo, y permitir que la atmosfera de aquella region salvaje penetrara en sus huesos con su peculiar poder purificador.

Avanzaban siguiendo las orillas de la cadena de lagos situados al sur de las tierras de los Bray, y el corazon de Indigo empezo a latir con rapidez al recordar aquel otro dia, cuando Veness la condujo en la troika para ver las

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