humedos, eran dos inmensos estanques de agua que reflejaban una combinacion de incertidumbre y esperanza.
– ?Que?
– Si es eso realmente lo que sientes, entonces no te vayas de Halstead. Puedes buscar trabajo en el pueblo o alguna localidad vecina. Si no encontraras nada, siempre te podria contratar yo para que dieras clases a los chicos y a Callie. -Con labios temblorosos, esbozo una dubitativa sonrisa-. Mis hermanos te han cogido muchisimo carino, y tia Olivia cree que el sol sale y se pone solo para ti. Hasta has conseguido ganarte a Pierre, una gran hazana, te lo puedo asegurar. Todos queremos que te quedes. -Su voz se convirtio en un susurro-. Yo quiero que te quedes.
Stephen la miro fijamente, completamente sin habla. ?Por que no habia previsto que le pediria aquello? Segun el mismo le habia explicado, podia trabajar en cualquier sitio. Entonces, ?por que no en Halstead? «?Dios mio! ?Hasta que punto he liado las cosas!» Tenia que decirle inmediatamente que no podia hacer lo que le pedia.
– Hayley yo…
– Me he enamorado de ti, Stephen. Te quiero.
Aquellas palabras, dichas con una inmensa dulzura, calaron muy hondo en Stephen, dejandole sin habla, anulando absolutamente su capacidad para pensar. Completamente. Irrevocablemente. La miro y vio claramente aquellas palabras reflejadas en sus ojos.
Hayley le queria.
Aquel maravilloso, generoso y hermoso angel le queria. Se sentia como un completo canalla. «?Que voy a hacer ahora?»
– Hayley debo decirte…
Ella le puso la yema de un dedo sobre los labios, sin dejarle continuar.
– No te lo he dicho para que te sientas obligado a decirme lo mismo. Te lo he dicho solo porque ya no podia callarmelo mas tiempo. Y queria que supieras, que supieras sin ninguna duda en absoluto, que quiero que te quedes. Y que, si te quedas, siempre seras bien recibido en esta casa y formaras parte de nuestra familia.
A Stephen se le hizo un inmenso y pesado nudo en la garganta. Intento alejarlo de alli, pero estaba firmemente alojado, como un trozo de pan seco. Cerro los ojos e hizo un esfuerzo por controlar la batalla que se estaba librando en su interior entre sus nobles intenciones y sus deseos. Si no se alejaba de ella rapidamente, sabia quien saldria victorioso. Pero le resultaba imposible pensar con el eco de las palabras de Hayley resonando en su interior. «Me he enamorado de ti. Te quiero, Stephen. Te quiero, Stephen.»
El no merecia su amor. «?Dios mio! ?Si ni tan siquiera sabe quien soy!» Ella se habia enamorado de Stephen Barrettson, tutor. Le rechazaria si supiera que le habia estado mintiendo todo el tiempo, que en el fondo era un noble de vida disoluta, con una larga lista de amantes, una excusa superficial como familia y un asesino pisandole los talones. Solo de pensar en que ella pudiera mirarle con desprecio, esfumandose el amor y la confianza de su mirada y dando paso al rechazo, Stephen sentia un dolor desgarrador, como si estuvieran partiendole en dos.
Tenia que hacer lo que era mejor para ella. Por mucho que le costara.
Stephen solto un suspiro y apoyo decididamente las manos en los hombros de Hayley. Mirandola directamente a los ojos, rezo para que ella percibiera la profundidad de su tristeza.
– Hayley, no tengo nada que ofrecerte. No puedo darte todo lo que te mereces, lo que querria darte, como querria dartelo. No puedo.
Aquellas palabras apagaron el tenue brillo de la esperanza en los ojos de Hayley, extinguiendo sus tiernos anhelos, instaurando el vacio donde habia latido el deseo hacia solo un momento. A Stephen el sufrimiento que traslucia aquella mirada se le clavo en las entranas como una fria punalada.
Zafandose de el, Hayley se acerco a la ventana y miro fijamente la negra noche con la mirada perdida. El se quedo mirandole fijamente la espalda y tuvo que hacer de tripas corazon para no lanzarse sobre ella, estrecharla entre sus brazos. Hacerla suya.
Cuando por fin Hayley se dio la vuelta y se encaro a Stephen, tenia los dedos de ambas manos fuertemente entrelazados y la mirada clavada en el suelo.
– Lo entiendo. Disculpa mi desmesurado atrevimiento. Es obvio que no deseas… -Su voz se fue desvaneciendo y cerro fuertemente los ojos.
La vision de Hayley, destrozada y humillada, destruyo a Stephen, haciendole anicos por dentro. Cruzo el espacio que los separaba con dos largas zancadas y la agarro por los hombros.
– ?Que no deseo? ?Que no te deseo…? -Respiro entrecortadamente y se le escapo una risa llena de amargura-. ?Por el amor de Dios, Hayley! Te deseo tan terriblemente que estoy temblando. Te deseo tanto que no puedo dormir por las noches. Sufro por ti constantemente.
Le cogio la mano y se la restrego lentamente por la entrepierna de los pantalones, presionando la palma de Hayley contra la dura prominencia de carne palpitante.
– Asi es como te deseo. Pienses lo que pienses, no se te ocurra decirme que no te deseo.
Hayley se quedo helada, sintiendo como la turgente virilidad de Stephen palpitaba en su palma. Las emociones la bombardeaban por todos los flancos, como un barco vapuleado por la furia de un huracan. El la deseaba. No del mismo modo en que ella lo deseaba a el, pero la prueba de su deseo era real e inconfundible, literalmente palpable. Y demasiado irresistible.
La cabeza de Hayley se rebelo contra el deseo de su cuerpo, gritandole que era demasiado arriesgado, que tenia demasiado que perder. Su reputacion, el respeto de su familia. ?Y si se quedaba embarazada?
Pero no podia acallar a su corazon. Ya tenia veintiseis anos. Y durante toda su vida habia sido muchas cosas: hermana, amiga, enfermera, cuidadora.
Pero nunca habia sido, sencillamente, mujer.
Hayley miro aquellos hermosos ojos, atormentados por la pasion contenida, aquella mirada tan intensa que transmitia una necesidad que ella jamas habia sonado con provocar en un hombre. No podia seguir esquivandolo, huyendo de aquella ardiente promesa sensual que manaba de todos y cada uno de sus poros, del mismo modo que no podia arrancar la luna del cielo.
Queria experimentar la pasion, y no queria hacerlo en las manos de ningun otro hombre mas que el.
Stephen estudio el rostro ruborizado de Hayley y casi se cae de rodillas al comprender lo que le estaban diciendo sus ojos. Basto con una sola mirada para sellar su destino.
Un impulso irrefrenable se apodero de el y entrego su conciencia al mismisimo diablo. La atrajo fuertemente hacia si y tomo su boca, abriendo con la lengua la entrada a aquella calida gruta. Temio que su intensidad la asustara, pero ella le devolvio el beso con la misma pasion, enredando los dedos en su pelo y poniendose de puntillas para apretarse mas contra el. Cada parte de ella se adaptaba perfectamente al cuerpo de el, todos sus picos y valles encajados en su cuerpo como si los dioses los hubieran tallado expresamente el uno para el otro. El la rodeo fuertemente con ambos brazos, pero parecia no tenerla lo bastante cerca. Deseaba absorberla literalmente, metersela en la piel. En el alma.
Los labios de Stephen dejaron un ardiente rastro en el fino cuello de Hayley, mientras el se dejaba embargar por su embriagador perfume a rosas y sus gemidos entrecortados. Cuando los labios de Stephen llegaron al escote del camison, el levanto la cabeza.
Mirandola a los ojos, Stephen le desabrocho lentamente los botones del camison hasta la cintura, con dedos temblorosos pero decididos.
Cuando hubo acabado, separo el tejido hacia ambos lados, lo deslizo sobre los hombros de Hayley y luego se lo bajo por los brazos. Solto el camison y este cayo sobre los tobillos de Hayley hecho un remolino.
Bajo la mirada y se quedo sin respiracion. Ella era increible. Absolutamente perfecta.
Sus enhiestos senos apuntaban a Stephen con orgullo, sus crestas de color coral endureciendose bajo su ardiente mirada masculina. Su estrecha cintura daba paso a unas voluptuosas caderas que desembocaban en dos largas y esbeltas piernas. La vision del triangulo de rizos castanos en el vertice de los muslos amenazo con eliminar el poco control que Stephen creia que poseia todavia. Cogiendole las manos, entrelazo sus dedos con los de ella.
– Eres hermosa, Hayley. Increiblemente hermosa.
Stephen sentia como si le fuera a estallar el corazon. Le bombardeaban emociones completamente desconocidas, atacandole por todos los flancos. Ella estaba alli delante, alta y orgullosa, pero sus ojos abiertos de par en par y el rapido ascenso y descenso de su pecho delataban su nerviosismo.
