– ?Va algo mal, Pamela?

Pamela entrego a Hayley un sobre lacrado.

– ?Que es esto? -pregunto Hayley, visiblemente desconcertada mientras le daba la vuelta al sobre. Iba dirigido a ella.

– Se ha ido, Hayley.

– ?Quien?

– El senor Barrettson.

Hayley se quedo de piedra.

– ?A que te refieres con que se ha ido?

– Su caballo ya no esta en el establo…

– Tal vez alguno de los chicos o el mismo Stephen lo ha sacado a dar una vuelta -la interrumpio Hayley mientras una punzada de miedo empezaba a tensarle los omoplatos.

Pamela nego con la cabeza.

– Fueron precisamente Andrew y Nathan quienes se dieron cuenta de la ausencia de Pericles. Yo fui a la alcoba del senor Barrettson para ver si habia salido a cabalgar. La puerta estaba abierta, de modo que entre. -Pamela respiro hondo, entrelazo los dedos de las manos y los apreto fuertemente entre si-. La habitacion estaba vacia, la cama sin deshacer. Esta carta, dirigida a ti, estaba en la repisa de la chimenea.

– Eso no significa que se haya ido.

– Se ha llevado toda su ropa, Hayley.

Hayley tuvo una nausea y se apreto el vientre con las manos.

– ?Como lo sabes?

– Los cajones de la comoda estan vacios, y tambien lo esta el armario. -Pamela toco el brazo de Hayley-. Lo lamento.

– Debo… debo leer la carta -dijo Hayley, que estaba hecha un mar de dudas-. Seguro que hay una explicacion razonable. ?Me disculpas un momento, por favor, Pamela?

– Por supuesto. ?Quieres que te prepare un te?

– Si-dijo Hayley forzando una sonrisa-. Una taza de te me ira de maravilla.

Pamela salio de la habitacion, cerrando la puerta con suavidad tras de si. Hayley rompio inmediatamente el precinto lacrado, le temblaban tanto los dedos que estuvo a punto de rasgar el papel. Sentia las rodillas demasiado debiles para sostenerse en pie, de modo que se derrumbo sobre una silla y extrajo dos cuartillas.

Mi queridisima Hayley,

Cuando leas estas lineas, yo ya estare lejos de Halstead, una decision que se que no entenderas, pero que ruego a Dios llegues a perdonarme algun dia.

Dejame empezar diciendote que la noche pasada fue la noche mas hermosa de toda mi vida. Debido a mi repentina partida, soy consciente de que probablemente no me creeras, pero te aseguro que es verdad. Se que mi marcha te dolera, como me duele a mi. Por favor, quiero que sepas que odio tener que hacerte dano, pero no tengo forma posible de evitarlo. Mi marcha no es bajo ningun concepto culpa tuya ni podrias haber hecho nada para impedirla. Yo sabia, los dos sabiamos, que me iria algun dia. Ese dia, simplemente, ha llegado antes de lo esperado.

O quizas haya llegado demasiado tarde. Si me hubiera marchado antes, lo que ocurrio ayer por la noche nunca habria sucedido. Siempre acariciare con gran estima los recuerdos de la increible noche que compartimos. Soy un canalla egoista por haber permitido que ocurriera, pero, de todos modos, no puedo arrepentirme ni tener remordimientos. Es evidente que no soy tan maravilloso como creias, aunque, de hecho, yo nunca dije que lo fuera.

Eres una mujer sorprendente y con una inmensa capacidad para amar -la unica persona que he conocido en toda mi vida que es realmente buena-. Por favor, busca a otra persona a quien amar, alguien que te merezca de verdad.

Si las circunstancias fueran diferentes-si mi vida no fuera tan complicada-, tal vez las cosas podrian haber sido distintas, pero hay cosas sobre mi, sobre mi vida, que no conoces, cosas que hacen imposible mi permanencia en Halstead.

Por favor, perdoname por marcharme de este modo, por despedirme con una carta, pero queria que mi ultima imagen de ti fuera la que ahora tengo, un angel dormido entre mis brazos. No podria soportar ver el dolor y la pena reflejados en tus ojos.

Te agradezco a ti y tambien a tu familia toda la amabilidad y el carino que me habeis dado. Siempre te estare agradecido por haberme salvado la vida. Me has llegado muy hondo, Hayley, mas hondo de lo que nadie me habia llegado nunca. Y, por si quieres saberlo, nunca te olvidare.

Con todo mi afecto,

STEPHEN

Hayley se quedo un buen rato mirando fijamente la carta, con los ojos secos, aparentemente vacia e insensible. Hizo un esfuerzo por seguir respirando regularmente, resistiendose a dejarse llevar por aquel dolor desgarrador que amenazaba con partirla en dos. «Si consigo no sentir nada, sobrevivire. Si empiezo a llorar, no parare jamas.»

Todavia podia oir la voz de Stephen preguntandole con ternura desde la noche anterior: «?Te ha dolido? ?Te he hecho dano?» Lagrimas de puro dolor se apretaban fuertemente contra el fondo de sus globos oculares mientras ella luchaba por contener el llanto.

«Si, Stephen. Me has hecho dano. Y mucho.»

De todos modos, solo podia culparse a si misma. El nunca le habia prometido nada y solo le habia dado lo que ella deseaba: la oportunidad de convertirse en mujer. Con un supremo esfuerzo, doblo las dos cuartillas con serenidad y se dispuso a introducirlas en el sobre.

Tuvo dificultades al intentar cerrar el sobre, de modo que miro en el interior para ver cual era el impedimento. Habia algo en el fondo. Invirtio el sobre y su contenido cayo revoloteando sobre su palma.

El fondo del sobre estaba lleno de pensamientos marchitos.

Y Hayley no pudo contenerse mas las lagrimas.

Capitulo 23

Stephen estaba sentado en su despacho londinense, revisando las cuentas de sus propiedades con su secretario, Peterson. Se masajeo las sienes a fin de aliviarse el palpitante dolor de cabeza que le estaba torturando, pero el masaje no surtio efecto. La voz de Peterson le zumbaba monotonamente en los oidos, intentando ponerle al corriente sobre lo que habia ocurrido durante su ausencia. Stephen llevaba en su casa de Londres casi dos semanas, pero todavia no se habia puesto al dia con las finanzas.

Miraba, fijamente pero sin ver nada, los papeles que tenia delante; las pequenas filas de numeros le bailaban ante los ojos sin que nada tuviera sentido. Por primera vez en la vida, le traian sin cuidado sus intereses financieros. Para ser francos, le importaban muy pocas cosas.

– ?Le gustaria revisar las cuentas de sus propiedades de Yorkshire, milord? -le pregunto Peterson, observandole por encima de las gafas.

– Disculpe, ?que me acaba de preguntar?

– Las propiedades de Yorkshire. ?Quiere revisar…?

– No -Stephen se levanto con brusquedad y se paso las manos por el pelo-. Tendremos que acabar esto manana por la manana, Peterson.

– Pero, milord -protesto Peterson-, las propiedades de Yorkshire…

– Haga lo que crea conveniente -le dijo Stephen, tajante, mientras le indicaba con la mano que podia irse. Peterson, sin palabras, cogio precipitadamente el fajo de papeles y salio del despacho visiblemente consternado.

Stephen vacio su copa de brandy y se alejo de la chimenea para volver a llenarla. Las dos ultimas semanas

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