– ?Habra alguien mas?

– De hecho, si. Hemos invitado tambien a tus padres y a Gregory y a Melissa.

A Stephen se le escapo una carcajada.

– ?Una intima cena familiar? Olvidalo, Justin.

– Quiero observar como reacciona Gregory en la intimidad. Tu no tendras que hacer nada mas que estar sentado, comer y beber brandy.

– ?Cuanto brandy teneis?

– Suficiente.

Stephen dudaba que hubiera suficiente brandy en todo el asqueroso reino para aliviar su dolor.

– De acuerdo. Alli estare, a las siete. Seguro que es una velada encantadora.

El lujoso carruaje avanzaba lentamente por Hyde Park mientras su unico ocupante miraba fijamente por la ventana con los ojos llenos de odio. «Has vuelto a salir con vida, indeseable. ?Porque no te mueres de una vez?» Sus manos, enfundadas en guantes negros, se cerraron en apretados punos. «Tu eres la unica cosa que se interpone entre mi y todo lo que siempre he deseado y merecido. No habra mas errores. Ni mas estupidos asesinos a sueldo. Te matare con mis propias manos.»

– Estas bastante palido -comento la madre de Stephen mientras lo observaba por encima del borde del vaso de vino-. ?Estas enfermo?

Stephen miro fijamente al otro lado de la mesa, donde se sentaba la mujer que le habia traido al mundo y enseguida se habia olvidado de que tenia un hijo salvo cuando a ella le convenia. Estaba innegablemente estupenda, y era una anfitriona encantadora, asi como un miembro honorable de las listas de invitados de todas las celebraciones de la alta sociedad. Pero tambien era el egoismo personificado y no se esforzaba por disimular que le traia sin cuidado todo lo que no estuviera directamente relacionado con su persona. Stephen sabia que, en el fondo, no le preocupaba en absoluto su salud, solo la posibilidad de que le pudiera contagiar alguna enfermedad, obligandole a interrumpir sus numerosos compromisos sociales. Se percato de que llevaba una nueva gargantilla, una gran esmeralda tallada en forma de cuadrado flanqueada de diamantes. Obviamente, un obsequio de su ultimo amante, su marido hacia anos que habia dejado de comprarle joyas.

– Estoy bien, madre. Es muy amable de su parte preocuparse por mi salud. -Podia palparse el sarcasmo en sus palabras, como el bien sabia, pero su madre sonrio, visiblemente aliviada por la respuesta.

– ?Tienes las cuentas de las propiedades de Yorkshire listas para que las revise?

Stephen se volvio hacia su padre. Con cincuenta y dos anos, el duque de Moreland, alto y espigado, todavia tenia una figura imponente. Vetas grises salpicaban su pelo oscuro, y profundas lineas enmarcaban una boca incapaz de esbozar una sonrisa. Tenia la mirada mas fria que Stephen habia visto en toda su vida.

– No, necesito un dia mas para concluirlas.

– Ya entiendo. -El duque acompano aquellas dos palabras con una larga, silenciosa y gelida mirada que indicaba claramente su desaprobacion. Volvio a centrarse en la cena, despreciando a su hijo mayor como si le hubiera cerrado una puerta en las narices.

Stephen se dio cuenta de que aquel breve intercambio habia sido la conversacion mas larga que habia mantenido con su padre desde su regreso a Londres.

– He oido una noticia interesante esta tarde en el club White -dijo Gregory mientras asentia para que un lacayo le sirviera otra copa de vino-. El libro de apuestas esta al rojo vivo.

La mirada de Stephen recorrio la larga mesa hasta detenerse en su hermano. El estilo de vida disipado de Gregory estaba empezando a pasarle factura, estropeando su atractivo rostro; la expresion somnolienta provocada por el alcohol nunca desaparecia completamente de sus ojos. El color de sus mejillas anunciaba un estado de inminente embriaguez. Si Gregory no fuera un indeseable completamente inmoral, Stephen hasta le tendria lastima.

– ?Que has oido? -pregunto Victoria.

– Se rumorea que el autor de una serie de relatos que se publican por capitulos en Gentleman 's Weekly es una mujer.

Stephen se quedo helado.

– ?Que?

Gregory dio un sorbo a la copa, salpicando su corbata blanca de gotas de vino de Borgona.

– ?Soleis leer Las aventuras de un capitan de barco, escritas por H. Tripp en Gentleman's Weekly?

– Ya lo creo que si-dijo Justin desde la cabecera de la mesa-. Tu tambien las lees, Stephen.

– Si. Prosigue, Gregory.

Claramente convencido de que tenia cautivados a sus oyentes, Gregory dijo:

– De todos los autores de los relatos por capitulos que se han publicado en la revista, H. Tripp es el unico escritor que nunca ha aparecido en publico. ?Por que no es miembro de ninguna sociedad de autores? ?Por que no asiste a ninguna reunion social? Se especula que la razon es que se trata de una mujer.

– Tal vez sea timido o este enfermo o viva demasiado lejos -sugirio Melissa con la boca pequena.

Gregory fulmino a su esposa con su hosca mirada.

– ?Vaya sugerencia tan aguda! -se mofo con evidente sarcasmo-. No me puedo imaginar como podriamos proseguir la velada sin tus ocurrentes intervenciones.

Sendas pinceladas de roja humillacion colorearon los escualidos pomulos de Melissa mientras bajaba la mirada.

Poniendo cara de poquer para ocultar sus sentimientos, intervino Stephen.

– Lo que acaba de sugerir Melissa explica con suma logica por que nadie ha visto nunca a H. Tripp.

– Entonces explicame por que el senor Timothy, editor de la revista, se altera visiblemente cuando sale el nombre de H. Tripp en la conversacion -le desafio Gregory-. Se pone livido y le empieza a sudar la frente.

Una amarga sonrisa curvo los labios de Stephen.

– Tal vez el alcohol que emana de tu aliento le hace sentirse indispuesto.

El rostro de Gregory se tino de rojo carmesi. Hizo el ademan de levantarse de la silla, pero Melissa le puso la mano sobre el brazo para retenerlo.

– Gregory, por favor, no montes una escenita.

La atencion de Gregory se centro en su esposa, a quien dirigio una mirada asesina.

– ?Quitame la mano de encima! ?Ahora!

El palido rostro de Melissa adquirio el mismo color carmesi que el de su marido. Retiro la mano y, durante un breve instante, antes de que volviera a bajar la mirada, Stephen creyo ver un destello de odio en sus ojos.

Gregory hizo el gesto de cepillarse con la mano la manga donde su esposa le habia puesto la mano.

– Tu contacto me pone enfermo. Limitate a quedarte sentadita y a mantener tu estupida boca cerrada.

Los dedos de Stephen se apretaron alrededor de su copa de vino.

– Ya basta, Gregory. Y, en lo que respecta a tu teoria sobre H. Tripp, espero que no te hayas apostado mas de lo que te puedes permitir perder.

– ?Ah, si? ?Por que motivo?

– Porque yo conozco bastante bien a H. Tripp, y te aseguro que lleva pantalones.

Stephen supo inmediatamente por la expresion de consternacion que se dibujo en el rostro de Gregory que su hermano se habia excedido en sus apuestas.

Pero la beligerancia sustituyo rapidamente a la consternacion, y Gregory lo miro con los ojos entornados.

– ?Donde lo conociste?

– No estoy autorizado a decirlo.

– ?Y como se que estas diciendo la verdad?

– ?Acaso estas poniendo en duda mi palabra, Gregory? -pregunto Stephen en un tono gelido y fingidamente sereno.

Los ojos acuosos de Gregory se movian nerviosamente.

– ?Me das tu palabra de caballero?

– Absolutamente -dijo Stephen sin atisbo de duda-. De hecho, pienso pasarme por el club en cuanto me sea posible para poner fin a esas habladurias.

Con una indiferencia que estaba lejos de sentir, Stephen se volvio hacia Victoria y le pregunto sobre la fiesta

Вы читаете Rosas Rojas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату