habian sido la peor epoca de su vida. En su casa de Londres todo funcionaba a la perfeccion. Tenia un servicio impecable, y sus comidas, formales y aburridas, eran obras maestras del arte culinario. Sin ninos, sin perros, sin ruidos y sin caos.

Odiaba cada minuto de aquella asquerosa vida.

El dia de su regreso habia entrado en la cocina, sembrando el panico entre el abnegado personal del servicio con tan impropia visita. Un marques nunca entraria en la cocina a menos que hubiera encontrado algo horrible o imperdonable en la comida.

El segundo dia Stephen le habia pedido a Sigfried que le ensenara a afeitarse. Su ayuda de camara le miro como si se hubiera vuelto loco y pidio inmediatamente una infusion reconstituyente para su senoria.

En aquel preciso momento, mientras apuraba su segundo brandy, la mente de Stephen retrocedio hasta la velada que habia pasado con Hayley en el despacho de la casa de los Albright. Una sonrisa ilumino su rostro cuando la recordo bebiendose el brandy de un trago y estando a punto de ahogarse cuando el fuerte licor le quemo la garganta. Luego el le habia recitado un poema. Y la habia besado. Stephen cerro los ojos y casi pudo notar la suave caricia de aquellos labios en los suyos, aquellas manos rodeandole el cuello, aquella lengua…

– No tengo ni idea de en que estas pensando -la voz rota de Justin venia de la puerta-, pero debe de ser fascinante. Llevo casi un minuto intentando captar tu atencion. -Entro en la habitacion y se sirvio un brandy-. ?Quieres compartir conmigo tus pensamientos?

– No -espeto Stephen arrugando la nariz, y luego ignoro completamente a su amigo.

– Creia que estarias poniendote al dia con las finanzas -comento Justin con aire despreocupado. Dio un sorbo a su brandy y estudio a Stephen por encima del borde de la copa.

– He despachado a Peterson por el resto del dia.

– ?Ah, si? ?Por que?

– Porque no podia concentrarme y estaba malgastando tanto su tiempo como el mio. -Stephen miro con dureza a su amigo-. ?Has invadido mi intimidad por alguna razon en particular, aparte de para beberte mi brandy?

– Ya que lo preguntas, hay dos razones. La primera es que tenemos que hablar sobre el ultimo atentado contra tu vida.

Stephen suspiro sonoramente.

– ?Y que sentido tiene que hablemos sobre ello?

Justin arqueo una ceja.

– Alguien intento atropellarte ayer por la noche a la salida del club White. ?No te parece un suceso digno de comentar?

– Creia que lo habiamos comentado ayer por la noche.

– El hecho de que alguien haya intentado asesinarte otra vez bien merece nuestra atencion. Es evidente que tenemos que vigilar a Gregory de cerca.

– Gregory estaba dentro del club cuando ocurrio el incidente -le recordo Stephen-. No hacia ni cinco minutos que yo le habia dejado sentado en la mesa del farolito.

– Es facil contratar a alguien -senalo Justin.

Stephen se encogio de hombros.

– Supongo que si.

– La verdad es que se te ve bastante tranquilo, dadas las circunstancias.

– ?Como se supone que deberia comportarme? -pregunto Stephen-. ?Quiza preferirias que me desmayara o que estallara en llanto?

– Me tranquilizaria si te viera por lo menos un poco preocupado -dijo Justin-Debemos averiguar quien esta detras de todo esto antes de que vuelva a atacar. Tal vez no tengamos tanta suerte la proxima vez. Ya lo hemos retrasado bastante. Gregory es nuestro principal sospechoso.

Stephen volvio a encogerse de hombros.

– Si, supongo que lo es.

– Entonces ya es hora de que le tendamos una trampa. Me he tomado la libertad de organizar una situacion donde los dos podreis estar juntos y a solas. Tu te dejaras ver y, cuando el haga un movimiento para atacarte, lo cogeremos.

– Vale -dijo Stephen, trayendole sin cuidado lo que le acababa de decir su amigo.

– Se que es peligroso -dijo Justin poniendose serio-, pero debemos hacer algo, y rapido. Si nuestro plan sale bien, lo cogeremos y a ti nadie te tocara ni un pelo.

– Pero… ?y si sale mal? -dijo Stephen sarcasticamente-. Me imagino que en tal caso me tocaran bastante mas que un pelo.

– Eso no ocurrira, Stephen -le prometio Justin solemnemente.

– ?En que has pensado concretamente?

– En una fiesta. En la casa que tengo a las afueras de Londres. Grandes espacios. Mucha gente. Probablemente Gregory intentara llevarte a algun lugar apartado de las miradas de la gente para atacarte.

Stephen levanto las cejas.

– ?No crees que es bastante improbable que intente algo con tanta gente alrededor?

– Creo que lo vera como la perfecta oportunidad para atacar. Creo que se adherira al axioma de «ocultarse a la vista de todos». Hay mas confusion en una multitud, mas oportunidades para escabullirse sin que nadie se de cuenta, como ayer por la noche. Podria haberse levantado de la mesa, haber salido de la sala, matarte, volver en cuestion de minutos y encontrar a media docena de testigos que jurarian que habia estado alli todo el rato.

»Si esto falla -prosiguio Justin-, sencillamente te haremos salir a pasear solo por los jardines, lejos de la casa, para que quienquiera que desee acabar contigo tenga la oportunidad de seguirte. Ni yo ni varios agentes de la ley [14] te quitaremos la vista de encima. Con medio Londres en la fiesta, aunque Gregory resultara no ser nuestro hombre, seguro que el verdadero culpable estara presente.

Stephen reflexiono sobre las palabras de Justin.

– De acuerdo. Terminemos de una vez. ?Cuando es la fiesta?

– Dentro de cuatro dias. Yo queria celebrarla inmediatamente, pero Victoria insistio en que necesitaba ese tiempo para organizarlo todo. Bueno, de hecho insistio en que necesitaba dos semanas, pero yo solo le di cuatro dias.

– Ella no sabe nada de…

– Por supuesto que no -le interrumpio Justin-. Pero no podia organizar una fiesta sin ella. Tambien he contratado a varios agentes de la ley para que vigilen a tu hermano.

– Parece que lo tienes todo controlado -comento Stephen entre sorbos de brandy.

– Alguien tiene que hacerlo. Es evidente que tu tienes la cabeza en otra parte.

Stephen dirigio a su amigo una mirada represora.

– Dijiste que habias invadido mi santuario por dos motivos. ?Cual es el otro? ?O acaso no lo quiero saber?

– Mi querida esposa me ha encargado que te pida que nos honres con tu presencia en la cena de esta noche.

– Podia haberme enviado una invitacion con un mensajero.

– Sabia que la rechazarias, de modo que me ha convencido para que te lo pida en persona. Has rechazado sus tres ultimas invitaciones.

– No puedo ir.

– Le daras un disgusto a Victoria -dijo Justin-. Y a mi tambien.

Stephen apuro su brandy y dejo bruscamente la copa sobre la mesa. Avanzo a pasos largos hasta la ventana y miro hacia fuera. Al otro lado de la calle se extendian los caros terrenos que rodeaban los prados de Hyde Park. Ante sus ojos ciegos desfilaban lujosos carruajes con elegantes caballos que transportaban a destacados miembros de la aristocracia londinense.

– ?Te esperamos a las siete? -pregunto Justin.

Stephen queria rechazar la invitacion. No le apetecia nada conversar educadamente con nadie. De hecho, se sentia completamente incapaz de hacerlo. Pero habia pocas cosas que podia negarle a su hermana, y como ya habia rechazado sus ultimas invitaciones, se sintio obligado a aceptar.

Вы читаете Rosas Rojas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату