que estaba organizando, sabiendo que ella se extenderia sobre los preparativos por lo menos durante un cuarto de hora.

Se aseguraria de pasarse por el club de camino a casa aquella misma noche para acallar aquel maldito rumor. Nadie se atreveria a cuestionar la palabra de honor del marques de Glenfield.

Se dio cuenta de que probablemente aquella era la primera vez en toda su vida que se sentia agradecido por el titulo que ostentaba.

– Una cena encantadora, Justin -comento Stephen varias horas despues cuando el y su amigo se retiraron a la biblioteca. El duque y la duquesa se habian excusado, sin duda ansiosos por encontrarse con sus respectivos amantes, y Gregory habia salido del comedor tambaleandose y echando pestes contra Melissa, quien lo siguio sumisamente. Victoria se habia retirado a su alcoba alegando un fuerte dolor de cabeza. A Stephen no le extrano nada, pues a el tambien le latian las sienes a consecuencia de la tension que se podia palpar en aquella atmosfera tan viciada.

Sirviendose una generosa copa de brandy, Stephen se la bebio de un trago. El licor le quemo la garganta y le relajo los tensos musculos. Enseguida volvio a servirse otra copa y se la llevo, junto con la garrafa, a la butaca orejera que habia cerca del fuego, dejando el licor en una mesita baja de caoba, al lado del sillon.

Justin se sirvio un dedo de brandy y tomo asiento en la butaca que habia enfrente de la de Stephen. Los dos hombres permanecieron en silencio durante varios minutos, mirando fijamente la danza de las llamas.

Justin se aclaro la garganta.

– Si continuas bebiendo a ese ritmo, vas a acabar en un estado incluso peor que el de Gregory al marcharse. -Miro la copa de brandy que Stephen tenia en la mano-. Tal vez ya lo estes.

– Todavia no, pero esa es mi meta -contesto Stephen. Apuro la copa y se sirvio otra.

– Ya entiendo. Entonces, antes de que lo consigas, ?quieres oir mis observaciones sobre la cena de hoy?

– Por supuesto, aunque estoy seguro de que coincidiran con las mias.

– ?Cuales son las tuyas?

– Mi hermano es un borracho ambicioso, ofensivo y endeudado que estoy seguro de que ha deseado verme muerto por lo menos una docena de veces durante la cena. -Volvio a dar otro trago al brandy, deseoso de alcanzar la insensibilidad-. ?Tienes algo que anadir?

Justin nego con la cabeza.

– No. -Tras varios minutos de violento silencio, pregunto-: ?Quieres hablar sobre lo que realmente te preocupa?

El nudo que se le hizo a Stephen en la garganta estuvo a punto de cortarle la respiracion.

– No. -Dando un buen trago al brandy, miro fijamente las llamas. «?Por que diablos no consigo mitigar el dolor? ?Cuanto brandy necesitare beber para que desaparezca de una vez por todas?»

– No es mi intencion criticarte, Stephen, pero… ?consideras que beber hasta la inconsciencia es el mejor remedio a seguir? -le pregunto Justin con voz serena-. Sea quien sea, la persona que ha intentado matarte esta ahi fuera, esperando otra oportunidad. Apenas podras defenderte si estas como una cuba.

Stephen apoyo la cabeza en el respaldo de la butaca y cerro los ojos. El fuerte licor se iba filtrando en su interior, y el estaba empezando a alcanzar el estado de vacio mental que buscaba. Tal vez el alcohol no le ayudaria a encontrarse bien, pero, por lo menos, le evitaria encontrarse tan mal. De hecho, con un poco de suerte y unas cuantas copas mas, dejaria de recordar cualquier cosa que le resultara dolorosa.

– Te importa. Ella te importa, ?verdad? -La afirmacion de Justin, formulada con una gran delicadeza, golpeo a Stephen como un jarro de agua fria-. Por eso te sientes tan desgraciado.

Stephen abrio los ojos e inmediatamente se percato de su estado de embriaguez. Tres Justin flotaban en el aire delante de el. Volvio a cerrar fuertemente los ojos.

– No se de que me estas hablando -le dijo arrastrando la voz.

– Si, lo sabes -dijo Justin implacablemente-. No has sido el mismo desde que volviste a Londres. Estas triste, enfadado, con un humor de perros, y saltas a la mas minima contra todo el que se te acerca. No es que te merecieras ganar ningun premio de sociabilidad antes de tu estancia en Halstead, pero ahora estas insoportable, casi imposible.

– No me adules tanto que luego no pasare por la puerta.

– Si te importa tanto esa mujer, ?por que no vas a verla? Dile quien eres en realidad. Se sincero con ella. Si le importabas cuando no eras mas que un tutor, le encantara saber que eres un marques y el heredero de un ducado.

– Me detestaria por haberla mentido -dijo Stephen en tono sepulcral y desapasionado. Dio un buen trago al brandy-. Hayley valora la sinceridad y la honestidad por encima de todo. Creeme, Justin, ella esta mucho mejor sin mi.

– En tu estado actual, no lo dudo. Pero esta mas claro que el agua que tu no estas mejor sin ella.

– Aunque quisiera volverla a ver, no puedo. No en mi actual situacion -dijo Stephen con voz gangosa y cansina-. Mi vida corre peligro. Si Hayley estuviera conmigo, ella tambien correria peligro. Si yo volviera ahora a Halstead, pondria a toda su familia en peligro. Si me siguieran, guiaria a un asesino hasta su puerta.

Justin lo miro fijamente, con un destello de comprension en los ojos.

– ?Por Dios, Stephen! No solo te importa, estas enamorado de ella, la quieres.

Stephen nego con la cabeza y se arrepintio inmediatamente de haberlo hecho cuando el movimiento le desencadeno al instante un fuerte martilleo en las sienes.

– No digas ridiculeces. El amor no es mas que un conjunto de palabras biensonantes recitadas por hombres como lord Byron.

– Tal vez pensaras eso antes, pero me apuesto lo que quieras a que ultimamente has cambiado de opinion.

Stephen hizo un gran esfuerzo por abrir sus pesados parpados y miro el fuego. Ante el danzaban bellas imagenes, imagenes que llevaba las dos ultimas semanas tratando de olvidar. Pero no lo conseguia. Por mucho que trabajara o por mucho que bebiera, no podia quitarse a Hayley de la cabeza.

Hayley riendose, Hayley jugando con los ninos, Hayley leyendole un cuento a Callie, Hayley dando clases sobre Shakespeare a los chicos, Hayley rinendo sin enfadarse a sus salvajes perros, Hayley envolviendo a Pamela con una colcha apolillada para ocultar su vestido mojado de la mirada de Marshall Wentbridge.

No podia dejar de dar vueltas a los dias que habia pasado en la casa de los Albright, y se dio cuenta de que aquella habia sido la epoca mas feliz de toda su vida. A los Albright les importaba el. No su fortuna. Le habian incluido en todos los aspectos de sus vidas, habian compartido con el cuanto tenian. Nunca se habia sentido tan a gusto en toda su vida. Y todo se habia acabado.

Todo.

«?Maldita sea! ?Como lo echo de menos!»

Stephen echaba de menos el ruido, la confusion y el caos general que reinaba en la casa de los Albright. Echaba de menos el sonido de las risas y el calor de las sonrisas que se intercambiaban en la mesa del desayuno. Echaba de menos coger la diminuta mano de Callie durante la oracion de la cena. Y sobre todo, echaba de menos a Hayley.

«?Por todos los santos! ?Como la echo de menos! Anoro su ternura y su bondad. Me muero por sentir el tacto de sus manos, el sabor de sus besos, la sensacion de su cuerpo contra el mio, piel con piel, aquella mirada de amor y admiracion brillando en sus expresivos ojos.»

– Les echas de menos.

Las palabras de Justin reflejaron con tal precision los pensamientos de Stephen que este no se pudo contener una risa llena de amargura. Luego trago saliva y asintio.

– Si. -«Les echo muchisimo de menos. No te imaginas hasta que punto.»

Le costo un gran esfuerzo decir aquella palabra con el inmenso nudo que se le habia hecho en la garganta. Tras engullir el poco brandy que le quedaba en la copa, Stephen dejo con cuidado la copa junto a la garrafa que habia en la mesa de caoba. Se inclino hacia delante, apoyo los codos en las rodillas y hundio el rostro en las palmas. Se sentia vacio, triste, desgraciado, increiblemente culpable y mucho mas que un poco borracho.

– Me dijo que se habia enamorado de mi. Que me queria -dijo Stephen arrastrando la voz, incapaz de contener las palabras-. Me dijo que no tenia por que irme, que podia buscarme un trabajo como tutor en Halstead y ser un miembro mas de la familia. -Se paso las manos por la cara y luego entrelazo fuertemente los dedos de ambas manos entre las rodillas abiertas, bajando la cabeza en un gesto de profunda afliccion.

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