Dejando de lado cualquier duda, el empezo a moverse lentamente dentro de ella, retirandose casi por completo, solo para volverse a hundir completamente en sus profundidades otra vez. La mirada de Stephen estaba clavada en la de ella, hipnotizado por el juego de emociones que reflejaba su expresivo rostro. Acelero el ritmo de las embestidas, temblandole los brazos bajo su peso, decidido a darle a ella placer antes de encontrar el suyo.
Stephen observo como la tension iba creciendo dentro de ella. Hayley se aferro a sus hombros, buscando sus embestidas, con la respiracion entrecortada. Cuando alcanzo el climax, arqueo la espalda, tiro la cabeza hacia atras e hinco las unas en la piel de Stephen.
– Stephen. Oh, Dios… Stephen…
Grito su nombre una y otra vez. Stephen observo como Hayley se dejaba llevar por el placer, devorando con ojos y orejas aquella respuesta tan desinhibida. Las contracciones de Hayley estrujaron el miembro de Stephen, llevandole al limite. Volviendo a embestir, derramo su semilla dentro de ella, entregandole un trozo de si mismo, un trozo de su alma.
Cuando, al final, remitieron los espasmos, Stephen la rodeo con ambos brazos y los dos se tumbaron sobre el costado, todavia unidos intimamente. El hundio la cabeza en los despeinados rizos de Hayley y respiro profundamente, llenandose los sentidos de aquel dulce perfume a rosas y del olor a almizcle de sus sexos.
Ella se acurruco contra el cuerpo de Stephen y le dio un tierno beso en el cuello.
Al notar el beso, Stephen busco la mirada de Hayley. Los ojos le brillaban con una calida languidez. Tenia el aspecto de una mujer a la que acaban de hacer bien el amor.
– ?Te ha dolido? -le susurro el al oido.
– Solo durante un momento. Luego, ha sido… -Su voz se desvanecio en un suspiro de extasis.
El le acaricio el puente de la nariz con un dedo.
– ?Como ha sido?
– Indescriptible. Increible. -Un brillo malicioso ilumino sus ojos-. ?Acaso estas esperando algun tipo de elogio, Stephen?
El solto una risita y nego con la cabeza.
– No. Ya se lo maravilloso que ha sido. Yo tambien estaba ahi, contigo.
– Si, lo estabas. -Luego arrugo la frente y anadio-: No es que pretenda meterme donde no me llaman, pero supongo que no es la primera vez que haces… esto, ?verdad?
Stephen reacciono con recelo. Lo que menos le apetecia en aquel momento era hablar con Hayley sobre su disoluto pasado.
– ?Por que lo quieres saber?
– Me estaba preguntando si siempre es tan maravilloso, tan magico. Puesto que es la primera vez que hago algo semejante y no tengo con que compararlo, esperaba que tu me lo aclararas.
Stephen penso brevemente en sus experiencias pasadas, la larga lista de mujeres hermosas con quienes habia compartido lecho. No recordaba los nombres de la mitad de ellas, y en aquel momento no conseguia evocar el rostro de ninguna. Todas eran como el, aristocratas egoistas en busca de placer cuya unica meta era la gratificacion sexual.
– No, Hayley. No siempre es tan maravilloso ni tan magico. Hasta hoy, nunca lo habia sido para mi.
– Entonces ya habias hecho antes el amor-dijo ella con la boca pequena-. Sabia que debias de haberlo hecho. Me has desnudado con una facilidad indicativa de una gran experiencia.
Stephen sintio una fuerte opresion en el pecho. Comparar lo que acababa de compartir con Hayley con las experiencias sexuales que habia tenido con las mujeres que la habian precedido le resultaba repugnante. No habia comparacion posible, y el sabia por que. Mas alla de la mera atraccion fisica, nunca habian desempenado ningun papel las emociones, ni por su parte ni por la de sus companeras de cama.
– No, Hayley. Ahi te equivocas. Si, me he acostado con otras mujeres, pero nunca he hecho el amor con ninguna de ellas. -Ahueco ambas manos alrededor de su rostro y le acaricio el carnoso labio inferior con los pulgares-. Nunca habia hecho el amor. Hasta hoy. Hasta ti. -Su voz denotaba un gran asombro, como si el mismo no se acabara de creer sus propias palabras. Pero eran ciertas.
Una tremula sonrisa curvo los labios de Hayley.
– Amor… Eso es lo que siento por ti, Stephen.
El cerro los ojos y trago saliva.
– Lo se.
– Hazme otra vez el amor.
Stephen abrio los ojos de par en par y la miro fijamente.
– ?Otra vez? ?Ahora? -Pero, aunque el lo creia imposible, su virilidad volvia a estar a tono.
Una chispa de malicia brillo en los ojos de Hayley.
– ?Se te ocurre un momento mejor? Tengo mucho que aprender. -Luego fruncio los labios-. Creia que lo tuyo era la ensenanza. Tal vez necesite otro profesor.
La imagen de otro hombre compartiendo lecho con Hayley, de Hayley estirada bajo otro cuerpo, mirandolo con amor, riendose y bromeando con otro hombre lleno a Stephen de unos celos tan intensos que estuvo a punto de ahogarse en ellos. Era suya, ?maldita sea! Era su angel. Su parte racional le decia que no tenia ningun derecho a sentir aquello, pero no podia evitar sentirlo. Era como si pudiera matar a cualquier hombre que osara ponerle las manos encima.
Incapaz de reconciliar aquellas emociones contradictorias, la beso casi violentamente en la boca.
– No, no necesitas ningun otro profesor-refunfuno. Enfadado consigo mismo e irrazonablemente enfadado con ella por hacerle sentir tan inquieto e inseguro de si mismo, la empujo para estirarla boca arriba y la penetro de una sola y fuerte embestida.
– ?Stephen!
– ?Oh, lo siento! -«?Que diablos me pasa?», penso. Acababa de penetrarla con la falta de delicadeza propia de un escolar sobreexcitado en su primer encuentro sexual. Habia estado a punto de partirla en dos-. ?Te he hecho dano?
Una lenta sonrisa ilumino el rostro de Hayley.
– ?Te has dado cuenta de que no paramos de preguntarnos el uno al otro si nos hemos hecho dano?
Stephen se relajo y la arruga que se habia formado en su frente se suavizo.
– Si, me he dado cuenta, pero supongo que es bastante normal entre nuevos amantes, sobre todo teniendo en cuenta que uno de ellos es virgen.
– Era virgen -le corrigio ella con una sonrisa maliciosa. Subitamente, adopto una expresion de fingida seriedad-. Supongo que no deberia estar demasiado satisfecha de ello. Probablemente deberia estar avergonzada y consternada por mi escandaloso comportamiento y deberia echarte a patadas de mi lecho. Por lo visto, vuelvo a merecerme el sermon que me soltaste sobre mi falta de decencia.
– ?Ah, si? -Stephen se retiro casi por completo y volvio a embestir, hundiendose en la sedosa y acogedora calidez de Hayley- No se como se me ocurrio semejante tonteria.
– Oooh… -gimio ella-. Afortunadamente no estoy nada avergonzada y no tengo la menor intencion de echarte a patadas de mi cama.
– ?Menos mal! -Stephen volvio a retirarse y luego embistio hasta el fondo.
– Me ha gustado bastante lo que has dicho antes -susurro ella mientras se movia debajo de el.
Stephen volvio a retirarse y a penetrarla.
– ?Que he dicho?
– Has dicho que eramos amantes. Me gusta como suena eso.
Stephen se retiro y la penetro de nuevo.
– ?Y como se siente esto?
El se inclino hacia delante y se introdujo en la boca el pezon de Hayley, contraido por la excitacion, provocandole un largo gemido de placer. Empezo a succionar, primero con delicadeza, incrementando luego la presion y deteniendose justo antes de que a ella le resultara doloroso. Hayley se agitaba violentamente bajo el cuerpo de Stephen, levantando las caderas para buscar el encuentro con el en cada embestida.
– Rodeame la cintura con las piernas -le instruyo el con la respiracion entrecortada.
Ella obedecio sin dudarlo, abriendose todavia mas para el. El se balanceo sobre ella, aumentando la duracion y la profundidad de las embestidas hasta que ella empezo a gritar su nombre sofocadamente.
