Hayley se levanto del banco e inicio el largo paseo de vuelta a la mansion. Llevaba andando varios minutos cuando oyo unas voces apagadas a lo lejos. Al principio, no les presto atencion, sintiendo solo una ligera irritacion por la posibilidad de cruzarse con alguien y verse forzada a mantener una conversacion, algo que, desde luego, no le apetecia lo mas minimo. Lo unico que queria era irse de aquella horrible fiesta y volver a Halstead lo antes posible.
Acelero el paso, esperando que las personas que estaban conversando no se percataran de su presencia. Pero, conforme se iba acercando a ellas, varias palabras inconexas llegaron a sus oidos: «Esperaba… Molestia… Pistola… Obvio… Matarte…»
La palabra «matarte» la hizo aminorar la marcha. Se detuvo, aguzando el oido. Las voces venian del otro lado del seto. Se acerco un poco mas al seto y se dio cuenta de que una voz era de mujer y la otra de hombre. Sus ojos se abrieron de par en par cuando volvio a oir hablar al hombre: «?Y donde esta mi querido hermano? Venga, Gregory, sal de tu escondrijo. ?Te has ocultado entre los setos?»
Hayley reconocio de inmediato la voz de Stephen. Se agacho, miro entre las ramas del seto y observo atentamente intentando ver algo en la oscuridad. Stephen estaba sentado en un banco, a unos seis metros de ella. Hablaba con una mujer que se encontraba de espaldas a Hayley.
Escucho atentamente la conversacion, aumentando su horror a cada segundo que pasaba. «?Dios mio! Si no hago algo, esa mujer va a disparar a Stephen.» Se puso de pie y miro alrededor completamente desesperada. La casa estaba demasiados lejos para ir a pedir ayuda. Aquella loca podia apretar el gatillo en cualquier momento. Procuro respirar mas pausadamente y mantener la calma mientras se rompia la cabeza intentando idear un plan. Al volver a mirar a traves del seto, vio a la mujer nivelando la pistola con el pecho de Stephen.
– ?Quieres decir tus ultimas palabras? -dijo la mujer teatralmente.
Hayley respiro hondo y penso: «Ahora o nunca.»
Y se lanzo contra el seto.
– ?Uf!
Hayley no volvio a exhalar hasta que aterrizo sobre el cesped, encima de la mujer. La fria pistola salio despedida cuando ambas chocaron contra el suelo. La mujer se quejo e intento moverse, pero Hayley la retuvo.
– Quiteme las manos de encima-grito la mujer, intentando zafarse de ella.
– No pienso hacerlo -dijo Hayley apretando los dientes. Se sento sobre la espalda de su prisionera, y le aplasto los hombros contra el suelo con ambos brazos. Miro a su alrededor y sintio un gran alivio al ver la pistola en el suelo a varios metros. Su mirada se desplazo hasta el banco donde estaba sentado Stephen, y se le paro el corazon.
Stephen estaba estirado en el suelo, inmovil, boca abajo.
– ?No! ?Dios mio, no! -Su angustiosa suplica retumbo en el silencio de la noche. Se olvido inmediatamente de la mujer que tenia debajo. Se levanto de un salto y corrio junto a Stephen. Arrodillandose, le dio la vuelta con suavidad y emitio un grito sofocado. Stephen tenia la cara cubierta de sangre y una herida en la sien que le sangraba profusamente. Hayley percibio un fuerte olor metalico. Temerosa incluso de respirar, le puso una mano en el pecho y casi se desmayo del alivio al sentir el latido del corazon bajo la palma-. Stephen, Dios mio, ?me oyes? -Le toco suavemente la cara con dedos temblorosos. El escudrino su rostro por un instante y luego cerro lentamente los ojos-: ?Stephen! -grito Hayley en tono desgarrador. Con el rabillo del ojo, capto un movimiento. Miro a su alrededor y vio a la loca avanzando hacia ella mientras se sacaba una pequena pistola de entre los pliegues de la falda. Una negra oleada de odio, que no se parecia a nada de lo que Hayley habia sentido antes, se adueno completamente de ella. Dejo con sumo cuidado la cabeza de Stephen en el suelo y luego se levanto y se encaro a la mujer que se le estaba acercando.
– No se quien es usted, pero ha cometido un grave error -dijo la mujer, mientras seguia avanzando hacia ellos, deteniendose a poco mas de un metro. Y volvio a apuntar con la pistola a Stephen.
Hayley no dudo ni un momento. Se lanzo contra la mujer, empujandola hacia atras con todas sus fuerzas. La estatura de Hayley, combinada con su rabia, derrumbo a la mujer, que acabo tumbada boca arriba sobre el cesped, desarmada de nuevo y completamente aturdida. Cogiendo la pistola del suelo, Hayley se le acerco y la apunto desde arriba, dispuesta a apretar el gatillo si fuera necesario.
Se oyeron gritos y el ruido de pasos corriendo detras de Hayley. Una distraccion momentanea la hizo apartar la vista de la loca durante una fraccion de segundo.
Fue suficiente.
La mujer se arrojo sobre Hayley, a la que cogio desprevenida. Hayley cayo al suelo y la pistola salio despedida de su mano, volando por los aires. La mujer intento desesperadamente hacerse con el arma, cogiendola al vuelo por la empunadura. Riendose triunfalmente, empuno la pistola y apunto al pecho de Hayley.
El ruido del disparo retumbo en el silencio de la noche.
Justin atraveso el seto, jadeando, e inspecciono visualmente sus alrededores. Contemplo la escena que tenia delante y se le helo la sangre en las venas. Habia una mujer tirada en el cesped, cubierta de sangre. Otra mujer estaba sentada a pocos metros con la cara hundida en las palmas. Tambien habia un hombre en el suelo, medio oculto tras un banco de marmol.
– ?Que ha ocurrido? -pregunto a Weston, el agente de la ley que se encontraba arrodillado junto a una de las mujeres.
– Esta muerta-informo el sin el menor atisbo de emocion en la voz.
Justin se arrodillo junto a Weston y miro el rostro de la mujer muerta.
– ?Santo Dios! -susurro, consternado. Miro a la otra mujer y luego la volvio a mirar para cerciorarse. Los ojos casi se le salen de las orbitas-. ?Senorita Albright? -No se habria quedado mas helado si se le hubiera aparecido la mismisima Virgen Maria-. ?Que diablos esta haciendo usted a aqui? -Luego volvio a dirigirse a Weston-. ? Que ha pasado?
Antes de que ninguno de los dos pudiera responder, Nellis, el otro agente de la ley, chillo:
– Es lord Glenfield. Le han disparado.
Justin se levanto de un salto y corrio hasta donde estaba Nellis. Echo una mirada al rostro ensangrentado de Stephen y le dio un vuelco el corazon.
– ?Esta vivo?
– Si, pero debe verlo un medico sin tardanza.
– Vaya a buscar al doctor Goodwin, es uno de los invitados de la fiesta -ordeno a Nellis, quien se fue corriendo a cumplir el mandato. Justin se quito rapidamente la chaqueta y se la puso encima a Stephen, rogando a Dios que su amigo sobreviviera.
A poco mas de un metro, Hayley se puso en pie temblando y se aparto el pelo de los ojos. Vio a la mujer en el suelo y a un hombre arrodillado junto a ella. El hombre se levanto y se acerco a Hayley.
– ?Esta muerta? -susurro Hayley. Un escalofrio le recorrio la espalda.
– Lo esta -asintio el hombre.
– Le ha disparado usted -dijo Hayley. Luego respiro hondo y trago saliva, mientras se echaba a temblar-. Me ha salvado la vida -anadio con un hilo de voz-Gracias.
– No se merecen, ?senorita…?
– Albright. Hayley Albright.
– Yo me llamo Weston -dijo amablemente. Tomandola del brazo, anadio-: ?Por que no me deja que la acompane hasta la mansion, senorita Albright, y…?
– No. -Hayley nego con la cabeza y se volvio hacia Stephen-. Quiero quedarme. -Se solto del brazo de Weston y se acerco a Stephen, arrodillandose junto a el-. ?Esta vivo? -pregunto a Justin, aterrada por la posible respuesta.
Justin la miro.
– Si. Parece que todavia le queda un atisbo de vida.
En aquel momento llego el medico, seguido casi inmediatamente de Victoria y otro hombre. En vista de su parecido con Stephen, Hayley supuso que era su hermano, Gregory, el esposo de la loca. El medico empezo inmediatamente a explorar a Stephen, y Justin abrazo a Victoria contra su pecho.
Gregory miro a su esposa muerta y se quedo livido.
