Stephen se quedo mirando fijamente a la oscuridad durante un buen rato despues de que Hayley desapareciera en la distancia. Tenia las entranas en carne viva, los nervios destrozados, el alma dolorida. Aunque llegara a vivir cien anos, jamas olvidaria la expresion de profunda desilusion del rostro de Hayley. Ni su ultima mirada llena de desprecio.

Sumido en sus martirizantes pensamientos, al final empezo a descender por un sendero, girando en la direccion contraria adonde se encontraba la mansion. Casi era la hora en que tenia que encontrarse con Justin, pero necesitaba unos minutos para recomponerse y calmarse. Diviso un banco de marmol y decidio sentarse un rato. Cerrando los ojos con fuerza, intento, sin exito, borrar la imagen de Hayley de su mente.

?Como diablos habian contactado Victoria y Hayley? ?Estaba Justin involucrado de algun modo? Stephen no tenia ni idea, pero estaba dispuesto a averiguarlo antes de que acabara la noche. La mirada desconcertada de Hayley irrumpio subitamente en sus pensamientos, y el dejo caer su martilleante cabeza sobre las palmas de las manos.

– Hola, Stephen -dijo una voz procedente de la oscuridad.

Stephen levanto la cabeza y miro hacia las sombras. Se le acerco una figura. Todo su cuerpo se quedo completamente inmovil cuando vio la pistola apuntandole al centro del pecho.

El nerviosismo de Justin crecia con cada minuto que pasaba. Stephen llegaba tarde. La trampa estaba tendida, los agentes de la ley, en sus puestos, pero no habia ni rastro de Stephen en la oscuridad del jardin. Pasaron cinco minutos mas, pero el sendero del jardin seguia en silencio y desierto. El pulso de Justin empezo a latir con mas fuerza, y un terror creciente e implacable se adueno de el.

«?Maldita sea, Stephen! ?Donde diablos te has metido?»

Stephen miro fijamente el arma que le apuntaba y luego alzo la mirada lentamente. Unos ojillos llenos de odio lo miraban fijamente. Supuso que deberia estar sorprendido, pero, en lugar de ello, sintio un raro distanciamiento, como si, en cierto modo, estuviera observando la escena desde lejos. Como si fuese el espectador de una extrana escena de una obra macabra.

– Debo decir que esto no es exactamente lo que me esperaba -comento en tono neutro. Miro el arma-. ?Quiza podrias tomarte la molestia de explicarme por que estas apuntandome con esa pistola? O mejor, ?tal vez podrias tomarte la molestia de apuntar a algun otro lugar?

Los finos labios de la funesta figura esbozaron una maliciosa sonrisa.

– Me gusta apuntar adonde estoy apuntando. Y, en lo que respecta a por que te estoy apuntando, es obvio. Voy a matarte.

– Entiendo. -Stephen calculo rapidamente la distancia que los separaba y concluyo que no podria cogerle el arma sin que le disparara antes.

– No te recomiendo que intentes desarmarme. Soy una excelente tiradora. Serias hombre muerto antes de tocarme.

– ?Ah, si? -dijo Stephen arrastrando la voz-. No tenia ni idea de que fueras tan buena con las armas, pero creo que tu seguridad en ti misma es infundada. Ya me has disparado varias veces y has fallado.

– No fui yo, estupido. -Cada palabra era veneno puro-. Esos idiotas que contrate lo hicieron todo mal. Por eso he decidido hacerlo con mis propias manos. Asi estare segura de que estas bien muerto.

Stephen miro teatralmente a su alrededor.

– ?Y donde esta mi querido hermano? Venga, Gregory, sal de tu escondrijo. ?Te has escondido entre los setos?

Una carcajada llena de amargura rasgo el aire.

– Tu hermano no es mas que un parasito borracho que vive a mi costa. No tiene suficiente cerebro pata matar a nadie.

– Entonces, ?no estas haciendo esto por el? -Stephen la observaba atentamente, esperando una oportunidad para desarmarla.

Ella lo miro como si se hubiera vuelto loco.

– ?Por que iba hacer algo por Gregory? Le detesto. Esto lo hago por mi. ?Solo por mi! Cuando hayas muerto, Gregory heredara el titulo y las propiedades y yo me convertire en marquesa. Y, cuando muera tu padre, tambien sere duquesa. Los miembros de la alta sociedad dejaran de despreciarme y rechazarme como la molesta, poco agraciada, timida e insignificante mujer del segundo hijo de un duque.

Dirigio a Stephen una mirada fulminante y llena de odio mientras le temblaba la voz de pura rabia.

– Me convertire en la reina de la ciudad. Todo el mundo buscara mi compania, mendigara mi favor. Nadie me ignorara ni me despreciara. Nunca volvere a tener que pasar por la humillacion de ser la fea esposa de Gregory, una mujer de quien compadecerse. Tendre poder e influencias. -Sus ojos se achinaron hasta convertirse en sendas ranuras-. Y no me vere obligada a soportar mas la indiferencia de Gregory. En lugar de ello, tendre multitud de amantes, todos ellos disputandose mis favores, deseosos de complacerme.

Stephen se dio cuenta de que tendria mas probabilidades de salir con vida si la hacia hablar.

– Dime, Melissa, si ansiabas tan vehementemente un titulo, ?por que no te casaste con un hombre que ostentara uno? ?Por que te conformaste con Gregory?

– No tuve otra eleccion. Mi padre arreglo mi matrimonio. Al principio, estaba profundamente feliz, encantada de poder escapar por fin de mi familia. ?No sabias que tengo tres hermanas mayores?

– No -respondio Stephen negando con la cabeza.

– Claro que no lo sabias. Nadie lo sabe. Nadie pierde el tiempo hablando conmigo. No soy guapa. No tengo una portentosa inteligencia ni ningun don para la musica. Soy fea y patosa y timida y, por lo tanto, facilmente despreciable. Insignificante. -Miro a Stephen con ojos brillantes-. Mis tres hermanas son muy guapas. Guapas y con mucho talento. Los hombres se arremolinaban en torno a ellas y mis padres les organizaron maravillosas puestas de largo y abrieron la casa a multitud de pretendientes. Todas pudieron elegir un buen partido.

Melissa hizo una breve pausa para coger aire y luego prosiguio.

– Me han ignorado, apartado, aplastado, ridiculizado y ocultado durante toda la vida. Creia que mi vida iba a cambiar cuando me case con Gregory, pero todavia empeoro mas. Yo ya sabia que el solo se habia casado conmigo por mi dinero, pero esperaba… -Su voz se fue desvaneciendo y a Stephen le parecio detectar el brillo de las lagrimas en sus ojos. Pero, cuando prosiguio con su discurso, su tono de voz era tan duro como el granito-. Gregory me desprecia y aprovecha cualquier oportunidad para demostrarmelo. Me humilla pavoneandose con sus mujeres ante mis narices, como si yo no pintara nada, como si no fuera nadie. Me habria gustado tener un hijo, pero tu hermano ni siquiera me toca. -Dio un paso adelante-. Ha cometido un error. Todos habeis cometido un error. Y, despues de esta noche, todo lo que siempre he deseado, todo lo que siempre me ha sido negado, todo cuanto merezco, sera mio. -Cogio la pistola con ambas manos y la nivelo con el pecho de Stephen.

Stephen se quedo completamente inmovil, curiosamente con la mente en blanco. Melissa estaba demasiado lejos para desarmarla y lo bastante cerca como para acertar el tiro si tenia tan buena punteria como ella decia. Stephen se dio cuenta de que el pulso de su inminente verdugo era perfectamente estable.

– ?Quieres decir tus ultimas palabras? -dijo la mujer teatralmente.

De repente, a Stephen le asalto la imagen de Hayley. Ella era lo unico bueno que le habia pasado en toda la vida, y la habia perdido para siempre. La idea de luchar por su vida, una vida vacua y carente de sentido, le lleno de resignado agotamiento. ?Para que luchar por una vida que no merecia la pena vivir?

Stephen esbozo una amarga semisonrisa.

– Espero que los titulos y el prestigio te hagan mas feliz de lo que me han hecho a mi.

Melissa le apunto al corazon.

– Adios, Stephen -dijo educadamente, con el mismo tono que podria haber empleado para preguntarle si queria una taza de te.

Y luego apreto el gatillo.

Capitulo 27

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