sonrisa en su hermoso rostro.

La condesa le tendio la mano.

– Encantada de conocerla, senorita Albright.

Hayley consiguio recordar los buenos modales e hizo una desgarbada reverencia. Luego estrecho la mano de la condesa.

– Es un placer conocerla, lady Blackmoor. Y soy yo quien debe estarle agradecida por su amable invitacion.

– Por favor, venga conmigo y tome asiento -la invito la condesa guiandola hasta el sofa-. Pense que podriamos conversar unos minutos antes de que nos sirvan el te.

– Esta habitacion es una preciosidad -comento Hayley cuando se hubo sentado.

– Gracias. Es mi favorita. Por frenetico que sea mi ritmo de vida, siempre que puedo me refugio aqui para encontrar un poco de paz. -La condesa se inclino hacia delante y examino a Hayley sin disimular su interes-. Debo admitir, senorita Albright, que no es exactamente como esperaba. -El rostro de Hayley debio de delatar su consternacion porque la condesa se apresuro a anadir-: Oh, no me malinterprete, por favor. Estoy muy sorprendida, gratamente sorprendida, se lo aseguro. -Alargo el brazo y le dio un breve apreton en la mano.

Hayley dejo escapar un suspiro de alivio. Luego devolvio a la condesa su cordial sonrisa y le confeso:

– En tal caso, debo admitir que usted tampoco es exactamente lo que me esperaba encontrar.

– ?Ah, si? ?Y que se esperaba encontrar? -pregunto con expresion de genuina curiosidad.

– ?Sinceramente?

– Por supuesto.

– Bueno, me la imaginaba ataviada con algun tipo de impresionante vestido oscuro y unos quevedos colgando de la nariz. Varios collares de perlas, un mono sumamente serio de cabellos grises, y tendiendo a la obesidad. Me imaginaba que cojearia y que seria muy, muy anciana -concluyo Hayley con una timida sonrisa en los labios.

La condesa estallo en carcajadas.

– ?Santo Cielo! ?Y aun asi acepto mi invitacion?

– Para serle franca, me plantee la posibilidad de rechazarla, pero mis hermanas menores no me dejaron hacerlo -confeso Hayley, relajandose en presencia de la condesa. A pesar del noble linaje de su anfitriona, era cordial y acogedora, y a Hayley le gusto en cuanto la vio-. Estan muertas de envidia porque estoy tomando el te con una condesa. Mi hermana pequena, Callie, vive para invitar a la gente a tomar el te. Ahora estara en casa, dando vueltas nerviosamente, esperando ansiosa mi regreso para que le cuente como sirve el te una condesa.

– ?Que edad tiene?

– Seis anos. Cumple siete dentro de dos semanas.

– ?Que encanto! -La condesa llamo para que le trajeran el carrito del te-. Por favor, prosiga, estoy deseosa de oirlo todo sobre usted y su familia. -Escucho con sumo interes mientras Hayley le hacia un breve resumen sobre los Albright, incluyendo a Grimsley, Winston y Pierre.

En cuanto hubo terminado, llego el te.

– ?Y que me dice de sus padres? -pregunto la condesa, sirviendo dos tazas.

– Fallecieron los dos.

– ?Que terrible desgracia! ?Y quien cuida de sus hermanos? ?Su tia?

A Hayley se le escapo una risita.

– No, tia Olivia es un amor, pero me temo que no seria capaz de cuidar de una pandilla tan movida como la que forman mis hermanos.

– Entonces… ?tienen una institutriz?

– No, solo estoy yo. Y, por supuesto, Pamela.

La taza de te de la condesa se detuvo subitamente a medio camino antes de llegar a sus labios.

– ?Se refiere a que usted esta a cargo de toda la casa?

Hayley asintio, divertida ante la expresion de asombro de su anfitriona.

– A veces resulta dificil, pero no los cambiaria por nada del mundo. ?Tiene hermanos o hermanas, milady?

– Tengo dos hermanos -contesto, cambiando inmediatamente de tema para volverse a centrar en Hayley. Le hizo literalmente decenas de preguntas sobre Halstead, los Albright y los intereses de Hayley. A cambio, la condesa explico multitud de divertidas anecdotas sobre el fulgurante mundo de la alta sociedad. Hayley se preguntaba por que la condesa no habia mencionado todavia quienes eran sus amigos comunes, pero era reticente a sacar el tema antes de que lo hiciera su anfitriona. No queria que la condesa pensara que era maleducada.

Cuando acabaron la segunda tetera, Hayley miro por casualidad el reloj de sobremesa y estuvo a punto de volcar la taza.

– ?Dios mio! No puede ser mas tarde de la cinco, ?verdad?

La condesa se rio.

– Estaba disfrutando tanto de la conversacion que no puedo creerme que el tiempo haya pasado tan deprisa.

Hayley se acabo la taza y empezo a levantarse.

– He disfrutado mucho tomando el te con usted, pero debo irme. Si no, mi familia empezara a preocuparse.

– Por favor, no se vaya todavia -le dijo la condesa mientras la retenia tocandole suavemente el brazo-. Todavia no hemos hablado de nuestros amigos comunes.

Volviendo a tomar asiento en el sofa, Hayley dijo:

– Debo admitir que, al principio, me corroia la curiosidad por saber de quienes se trataba, pero ya hace un buen rato que me he olvidado completamente de ellos, sean quienes sean. -Sonrio-. Es muy extrano, pero tengo la sensacion de que hace mucho tiempo que la conozco.

La condesa le devolvio la sonrisa.

– Me ocurre exactamente lo mismo. De hecho, me encantaria que fueramos amigas.

Normalmente a Hayley le habria desconcertado bastante la idea de entablar una relacion de amistad con una dama de tan ilustre cuna. Pero, tras aquella tarde con la condesa, se sentia muy a gusto y relajada en su presencia.

– Seria un honor para mi, lady Blackmoor.

– En tal caso, insisto en que me llame Victoria. Todos mis amigos me llaman asi.

– De acuerdo… Victoria. Usted puede llamarme Hayley.

– Excelente. Hayley, creo que es hora de que hablemos sobre nuestros amigos comunes.

Hayley espero, corroida por la curiosidad.

– Soy toda oidos.

– Creo que usted conoce a mi marido. La curiosidad de Hayley dio paso a la confusion.

– ?Su marido? -El conde de Blackmoor. Hayley sacudio la cabeza.

– Estoy segura de que no he tenido nunca ese placer.

– Tal vez le conozca por su nombre de pila -sugirio Victoria.

– Es del todo improbable.

– Se llama Justin Mallory.

Hayley miro fijamente a Victoria, muda de asombro ante sus desconcertantes palabras. Tardo un minuto entero en recuperar la voz.

– Conozco a un senor Justin Mallory, pero debe de tratarse de una coincidencia. El senor Justin Mallory que yo conozco no es un miembro de la nobleza.

Victoria se levanto del sofa y cruzo la habitacion hasta llegar al elegante escritorio que habia en un rincon. Volvio con un cuadrito enmarcado y se lo entrego a Hayley.

– Este es mi marido, Justin Mallory, conde de Blackmoor.

Hayley miro la diminuta pintura y sintio como si no le llegara la sangre a la cabeza. El apuesto caballero que la miraba era, sin lugar a dudas, el mismo Justin Mallory que ella conocia. Consternada y confundida, dijo:

– No tenia ni idea de que el senor Mallory fuera conde. Ni, obviamente, que usted fuera su esposa.

Victoria se sento al lado de Hayley y le dijo con delicadeza:

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