Hayley miro fijamente a su hermana, confundida.
– No tengo ni idea. Disto mucho de tener algo apropiado para la ocasion.
– ?Y que me dices del vestido azul claro…?
– No. -La tajante respuesta de Hayley corto el aire-. Me refiero a que es demasiado ostentoso para tomar el te -se apresuro a rectificar. No queria ni pensar en aquel vestido. Le recodaba a Stephen y a la noche en que lo habia llevado, y aquellos recuerdos le hacian dano.
– Puedes ponerte alguno de mis vestidos -le ofrecio Pamela.
– Es muy amable de tu parte, pero soy demasiado alta para llevar ropa tuya -dijo Hayley-. Me pondre uno de mis vestidos grises.
– No lo haras -dijo Pamela con firmeza. Tomo a Hayley de la mano y la arrastro hasta las escaleras-. Callie, por favor, ve a buscar a tia Olivia. Dile que coja el costurero, y luego venid las dos a mi alcoba.
Callie se fue corriendo a hacer sus recados, y Hayley dejo que Pamela la guiara escaleras arriba.
– ?Que estas tramando? -le pregunto Hayley.
– Vamos a buscarte algo para que te lo pongas manana -dijo Pamela, abriendo de par en par las puertas de su armario. Saco varios vestidos y los inspecciono con mirada critica antes de tirarlos sobre la cama-. No, ninguno de estos servira -dijo volviendo a mirar el armario-. ?Aja! -dijo, con expresion triunfante. Saco un vestido color melocoton claro y se lo ofrecio a Hayley-. Este te quedara precioso.
– Pero me ira corto -protesto Hayley negando repetidamente con la cabeza-. Ademas, este es uno de los vestidos que te compre para que estes bien guapa cuando te venga a buscar Marshall.
– Podemos alargarlo -dijo Pamela sin titubear-. Bastara con coserle un volante en los bajos. Los volantes estan muy de moda ahora.
– Pero… ?y Marshall?
– Marshall detesta el color melocoton -dijo Pamela, pero el rubor de sus mejillas delato su mentira.
A Hayley le embargo una gran ternura ante aquel evidente deseo de complacerla.
Tia Olivia y Callie aparecieron en la puerta de la alcoba y, antes de que Hayley supiera que estaba ocurriendo, le habian quitado el sencillo vestido que llevaba puesto y estaban poniendole el vestido color melocoton por la cabeza. Pamela le explico a su tia lo de la invitacion para tomar el te con la condesa y la falta de vestimenta apropiada.
A Hayley, el vestido le iba bastante bien, exceptuando que le apretaba un poco en la parte del corpino y que le faltaban unos quince centimetros de largo. Pamela y tia Olivia se desplazaron alrededor de Hayley, soltando costuras por aqui, clavando alfileres por alla y comentando las posibles opciones. Cuando, por fin, decidieron lo que habia que hacer, le quitaron rapidamente el vestido a Hayley y las tres se pusieron manos a la obra.
Estuvieron cosiendo el resto de la tarde, parando solamente para cenar. A Nathan y Andrew les impresiono bastante la invitacion que habia recibido Hayley. Tras la cena, las tres mujeres siguieron trabajando durante las oscuras horas de la noche, charlando jovialmente, cortando y cosiendo. Callie se quedo con ellas, junto con la senorita Josephine, hasta que no pudo mantener los ojos abiertos. Se quedo dormida en el sofa del salon, abrazada a su muneca.
– ?Ya esta! -dijo Pamela, levantandose y desperezandose. Miro el reloj de sobremesa que habia en la repisa de la chimenea. Casi era medianoche.
– Pruebatelo, Hayley, querida -dijo tia Olivia.
Ayudaron a Hayley a ponerse el vestido encima de la combinacion. Tia Olivia habia cosido habilmente un pano de puntilla en la espalda para que el corpino le quedara mas holgado. Un volante color crema, cuyo tejido habian extraido de un antiguo vestido que se le habia quedado pequeno a Pamela, adornaba los bajos del vestido. Y tia Olivia habia anadido una cinta de terciopelo color crema debajo de la linea del busto.
– ?Te sienta de maravilla! -dijo Pamela entusiasmada mientras daba la vuelta alrededor de su hermana-. Es absolutamente perfecto.
– La condesa se quedara impresionada -predijo tia Olivia con una sonrisa.
– Siempre y cuando yo no haga nada que me haga quedar en ridiculo -dijo Hayley.
– Tonterias. Seguro que te adora -dijo Pamela ayudandola a quitarse el vestido-. Como todo el mundo.
A Hayley le embargo una profunda tristeza.
«No, no todo el mundo.»
Al dia siguiente, un elegante coche de caballos, con puertas lacadas y adornadas con el blason de la familia Blackmoor, llego a la finca de los Albright exactamente a la once en punto de la manana. La familia Albright al completo, incluyendo a Pierre, escolto a Hayley hasta la puerta del coche de caballos. Ella los abrazo a todos, prometiendoles que les explicaria hasta el ultimo detalle cuando volviera a casa al atardecer.
Un lacayo uniformado con librea ayudo a Hayley a subirse al coche de caballos y partieron, entre chillidos de los ninos y agitar de manos.
En cuanto su familia se perdio en la distancia, Hayley se acomodo en el asiento e inspecciono el interior del coche de caballos. Nunca habia viajado en un vehiculo tan lujoso. Deslizo la mano sobre los voluminosos cojines de terciopelo color vino y hundio los dedos en su suavidad.
Con un suspiro, se apoyo en el respaldo, observando como pasaba rapidamente el paisaje ante sus ojos. Una vez en Londres, observo como iban cambiando los alrededores conforme iban saliendo de los arrabales de la ciudad y entrando en los barrios de mas postin. Hayley vio a damas y caballeros elegantemente vestidos paseandose, lujosas tiendas y magnificos edificios. El coche de caballos se detuvo finalmente ante una impresionante construccion de ladrillo. El lacayo le abrio la puerta y la ayudo a bajar.
Subiendo lentamente la escalinata, la mirada de Hayley se fijo en la magnifica estructura del edificio, desde sus envejecidos ladrillos color rosa hasta el pequeno pero hermoso jardin de flores. Justo antes de que pisara el ultimo escalon, se abrio uno de los dos inmensos porticones.
– Buenas tardes, senorita Albright -dijo un mayordomo de rostro impasible mientras daba un paso atras para dejarle entrar en el vestibulo.
– Buenas tardes -contesto ella con una sonrisa. Entro en el vestibulo y contuvo la respiracion. Una enorme arana, la mayor que Hayley habia visto en su vida, colgaba del techo. Una majestuosa escalera describia una curva y luego ascendia al segundo piso. El suelo del vestibulo era de marmol verde oscuro y brillaba tanto que Hayley podia verse reflejada.
– ?Quiere que le guarde el abrigo? -La voz del mayordomo volvio a captar subitamente la atencion de Hayley, y ella le entrego el chal.
– Gracias.
– La condesa esta en su sala de estar privada. Por favor, sigame.
Mientras seguia al mayordomo por el pasillo, Hayley fue observando la decoracion con sumo interes, intentando no parecer patosa. Lujosas mesas de caoba se extendian a lo largo del vestibulo, todas ellas adornadas con inmensos arreglos florales elaborados con flores frescas. Admiro las flores y fue nombrando mentalmente cada una de ellas a medida que iba avanzando. Varios espejos realzaban las paredes tapizadas con seda color marfil. Se miro disimuladamente en uno de ellos y sintio un gran alivio al comprobar que el viaje no le habia estropeado el peinado.
El mayordomo se detuvo en seco ante una puerta, y Hayley estuvo a punto de chocar contra su espalda de lo concentrada que estaba fijandose en cuanto la rodeaba. El senalo la puerta y le indico, con un solemne ademan de la cabeza, que podia entrar en la habitacion.
Un fuego crepitaba en el hogar, creando una atmosfera sumamente acogedora. La habitacion estaba agradablemente iluminada y decorada en tonos alegres, la luz del sol entraba por unos altos ventanales estilo Palladian. Varios oleos sobre escenas pastoriles decoraban las paredes tapizadas en seda de color verde claro. Dos butacas flanqueaban el sofa, y en un rincon de la habitacion habia un escritorio de cerezo. Tambien habia varios jarrones de cristal llenos de flores frescas, cuya dulce fragancia perfumaba el aire de la sala. Hayley tuvo la sensacion de acabar de entrar en un jardin encantado.
– ?Senorita Hayley? -pregunto una dulce voz a su espalda-. Muchisimas gracias por aceptar mi invitacion, sobre todo teniendo en cuenta la brevedad de la nota que la acompanaba.
Hayley se volvio para saludar a su anfitriona, y la sorprendio gratamente la primera vision que tuvo de la condesa. No estaba muy segura del aspecto que esperaba que tuviera la condesa de Blackmoor, pero, desde luego, no se habia imaginado nada parecido a aquella joven encantadora que se le acercaba con una cordial
