– Creo que tambien conoce al mejor amigo de Justin, Stephen Barrett.
Hayley se tenso. Un dolor abrasador le atenazo las entranas, pero consiguio hablar sin que le temblara la voz.
– Conozco a un tal senor Stephen Barrett… son.
– Su nombre de pila es Stephen Barrett. No creo que lo conozca por su otro nombre.
De repente, Hayley sintio que la habitacion se habia hecho pequena y que le faltaba el aire. «?Otro nombre?»
– Pero ?cuantos nombres tiene? -«Dios mio, tengo que salir de aqui antes de que pierda el control», penso.
– Bastantes, de hecho, pero no le voy a aburrir con su lista de titulos menores. Es el marques de Glenfield.
Hayley la miro absolutamente confusa.
– Debemos de estar hablando de dos personas diferentes. El hombre que conoci era un tutor.
– No. El hombre que usted conoce es Stephen Barrett, marques de Glenfield. Tambien es mi hermano.
A Hayley se le empezo a nublar la vista y se le corto la respiracion. Miro boquiabierta a Victoria, completamente sin habla.
– Siento haberle dado la noticia asi, tan bruscamente…
– Debo irme -dijo Hayley, poniendose en pie de un salto y buscando con la vista desesperadamente su ridiculo. No entendia lo que estaba ocurriendo, pero sabia que tenia que irse. ?Stephen, un marques? ?Victoria, su hermana? El le habia dicho que era tutor y que no tenia familia. «Mas mentiras… como cuando me dijo que yo le importaba.»
La profundidad de su decepcion le golpeo como un ladrillo en la cabeza. «?Tutor?» Un sonido extrano, medio risa, medio sollozo, salio de su garganta.
«Y con razon su latin era pesimo y no sabia afeitarse. Sus formalismos, sus criticas a como llevo la casa… Ahora lo entiendo todo perfectamente. ?Dios mio, probablemente son duenos de media Inglaterra! ?Como debe de haberse reido de nosotros, de todos nosotros, especialmente de mi!»
Hayley sintio nauseas y se apreto el estomago. No queria oir ni una palabra mas. Viendo donde habia dejado el ridiculo por el rabillo del ojo, lo cogio con un movimiento brusco y cruzo practicamente corriendo la sala, desesperada por salir de alli.
– ?Espere! -Victoria corrio hacia ella y la retuvo por los hombros-. Por favor, no se vaya asi. He de hablarle sobre mi hermano.
– No tengo nada que decir sobre su hermano.
– Por la forma en que se fue, lo comprendo. Pero hay tantas cosas que usted no sabe, cosas que necesito contarle. Por favor. No tiene que decir nada. Basta con que me escuche.
Hayley se quedo de pie, clavada donde Victoria la habia detenido, agarrotada y mirando fijamente al suelo.
– Por favor -repitio Victoria.
Levantando la barbilla, Hayley vio que Victoria parecia muy seria y personalmente muy interesada en que se quedara. Tambien se dio cuenta de que sus ojos verdes se parecian muchisimo a los de Stephen y le estaban suplicando que no se marchara.
– ?Sabe el que estoy aqui? -pregunto Hayley, no estando dispuesta a quedarse si habia alguna posibilidad de encontrarse cara a cara con el.
– No. Ni tampoco Justin. Nadie nos molestara.
Sin estar convencida de no estar cometiendo un grave error, Hayley volvio con desgana al sofa y se sento.
– Esta bien. Escuchare lo que tenga que decirme.
Victoria se sento a su lado.
– Primero quiero darle las gracias. Le salvo la vida a Stephen y le estare eternamente agradecida. -Alargando el brazo, tomo las manos humedas y temblorosas de Hayley y las estrecho entre las suyas.
– No entiendo nada -dijo Hayley con un hilillo de voz-. Me dijo que era tutor. Me dijo que no tenia familia.
– Alguien intenta matarle, Hayley.
A Hayley se le helo la sangre.
– ?Que ha dicho?
– Alguien intento matarle la noche que usted le encontro. Por lo que entendi, creo que no es la primera vez que atentan contra su vida.
– ?Dios mio! -susurro Hayley mientras se apretaba el estomago con la mano-?Se lo ha explicado el mismo?
– No, Stephen vino a cenar anteayer por la noche. El y Justin tuvieron una conversacion muy reveladora que, bueno… yo acerte a oir, por pura casualidad. Stephen estaba como una cuba y hablo bastante sobre sus sentimientos.
– ?Hablo sobre un complot para matarlo?
– Si. Y tambien hablo sobre usted.
– ?Sobre mi?
– Si. Asi fue como supe quien era usted y donde vivia. Hayley, quiero que sepa que, desde que Stephen volvio a Londres, parece un alma en pena. La echa de menos. La necesita.
Hayley nego con la cabeza.
– No. Esta equivocada.
– No lo estoy -dijo Victoria efusivamente-. Lo he oido de su propia boca. Conozco muy bien a Stephen. Exceptuando a Justin, soy la persona que mejor le conoce. Justin esta muy preocupado por Stephen. No duerme, apenas come. Y esta bebiendo mas de la cuenta. Todo le trae sin cuidado, y su mirada… Hayley, su mirada es la de un hombre desdichado y atormentado.
– ?Y por que me cuenta a mi todo eso? -susurro Hayley haciendo un gran esfuerzo por contener las lagrimas.
– Porque esta enamorado de usted, aunque es demasiado estupido para darse cuenta.
Hayley dejo caer la cabeza sobre sus temblorosas manos. Las palabras de Victoria se le estaban clavando en el corazon, atormentandola, confundiendola.
– Desea estar con usted, Hayley, pero sabe que no puede hacerlo, no con alguien intentando matarlo. No quiere ponerla a usted ni a su familia en peligro.
Hayley levanto la cabeza.
– ?Por eso no me dijo la verdad sobre quien era en realidad?
– Francamente, no lo se. Solo se lo que acerte a oir.
– Tal vez deberia explicarme que fue exactamente lo que oyo.
– Por supuesto.
Cuando Victoria hubo acabado, Hayley se sentia tan vapuleada como si se hubiera caido desde lo alto de un precipicio. Estaba enfadada con Stephen por su doblez y sus mentiras, aterrada por su seguridad, y con el corazon destrozado por la falta de esperanzas sobre su amor por el.
Victoria se le acerco mas, tomo sus manos entre las suyas y le dio un carinoso apreton.
– Stephen nunca ha sido un hombre feliz, Hayley. Mi padre siempre ha sido muy duro con el, exigiendole siempre la perfeccion absoluta por ser el heredero. Como consecuencia, Stephen es bastante frio y distante con la mayoria de la gente. Pero, desde que volvio de Halstead, esta profundamente abatido. Alguien quiere verle muerto y me temo que, a este paso, lo va a conseguir, porque se lo esta poniendo en bandeja.
La idea de que alguien pudiera matar a Stephen hizo que a Hayley se le helara la sangre en las venas.
– Pero… ?y que puedo hacer yo? Le ofreci todo cuanto podia darle, pero, de todos modos, se marcho.
– ?No lo entiende? Tenia que irse. Tenia que volver a Londres para averiguar quien intentaba matarle.
– Sigo sin saber que puedo hacer yo.
– Puede hacerle feliz. ?Le quiere?
Hayley respiro hondo ante aquella repentina pregunta. «?Le quiere?» Un centenar de imagenes de Stephen bombardeo su mente, imagenes que habia intentado borrar infructuosamente.
Imagenes del hombre de quien se habia enamorado, del hombre a quien todavia queria.
