Incapaz de negarlo, susurro:
– Si. Pero seguro que usted es consciente del poco sentido que tiene ese amor. Stephen y yo pertenecemos a mundos completamente diferentes. ?Dios mio! El es un marques. Yo nunca encajaria en…
– Tonterias -la interrumpio Victoria agitando la mano en el aire para quitar importancia a las palabras de Hayley-. Encajaria si quisiera encajar. Lo unico que necesitaria es el apoyo y la proteccion adecuados, y eso ya lo tiene.
– ?Ah, si? ?Quien me los podria proporcionar?
– Yo, por supuesto. -La mirada de Victoria era seria y resuelta-. Quiero ver feliz a Stephen. Incluso aunque no la encontrara encantadora, que no es el caso, usted es la mujer a quien el quiere. Y eso me basta. Ahora bien, ?esta segura de que le quiere?
– Absolutamente.
– Entonces, ayudeme a salvarlo.
– ?Como?
Una chispa de determinacion brillo en los ojos de Victoria.
– Tengo un plan.
Capitulo 25
Dos noches mas tarde las luces brillaban en las ventanas de la residencia de campo de los Blackmoor. Elegantes carruajes adornados con blasones nobiliarios ascendian por la avenida que llevaba a la entrada de la mansion, y los lacayos ayudaban a bajar de sus asientos a miembros de la alta sociedad. Cuando Hayley entro en el vestibulo de suelo de marmol, la fiesta se hallaba en su apogeo.
Habian asistido mas de doscientos invitados, algunos estaban en la pista de baile de parquet, otros charlaban en corrillos. Hayley diviso a Victoria en el lugar acordado, junto al tiesto de una palma, al lado de un ventanal.
Victoria vio a Hayley y fue en su busca.
– Esta preciosa -le dijo en cuanto llego a su lado-. Lleva un bonito vestido.
– Gracias. -Hayley se habia puesto el vestido azul claro que le habia regalado Stephen. Se apreto el estomago, que tenia algo revuelto, con ambas manos-. Estoy un poco nerviosa.
– Y yo -reconocio Victoria mientras llevaba a Hayley a un rincon-. ?Ha visto a Stephen?
A Hayley se le humedecieron las palmas de las manos ante la idea.
– No. ?Esta por aqui?
Victoria asintio.
– Si. Ha llegado hace unos veinte minutos, y me alegra decirle que parece estar bastante sobrio.
– Todavia no estoy segura de que esto sea una buena idea…
– Tonterias -interrumpio Victoria-. Ya lo hemos hablado un monton de veces. Cuando Stephen la vea, cuando haya hablado con usted, todo se arreglara. -Dio a Hayley un apreton de manos para animarla-. Basta con que recuerde que el la quiere. Solo necesita darse cuenta de sus sentimientos.
– ?Y si no lo hace? -pregunto Hayley, sintiendo una subita punzada de inseguridad sobre el plan de Victoria.
– Creame, lo hara. -Victoria dirigio su mirada hacia el salon-. Le veo. Esta cerca de las puertaventanas que dan al jardin. Vaya a hablar con el. -Dio un rapido abrazo a Hayley-. Buena suerte. Y quiero que me cuente hasta el ultimo detalle.
– Espero poder darle buenas noticias -dijo Hayley con voz tremula.
Victoria dio a Hayley un empujoncito para incitarla a salir del rincon.
– Venga. Ahora.
Hayley vio a Stephen de inmediato y le dio un vuelco el corazon. Estaba de pie junto a las puertaventanas, solo, con una copa de champan en la mano, mirando hacia la oscuridad. Su elegante traje negro de noche acentuaba la anchura de sus hombros, unos hombros que a Hayley le parecia como si se le hubieran desplomado. Le vio sacar un reloj de mano del chaleco y mirarlo. Se bebio el champan, abrio la puerta y salio al jardin.
Para no perderlo de vista, Hayley recorrio a toda prisa el perimetro del salon de baile, y pocos minutos despues salio al calido aire nocturno que olia a flores. Las nubes ocultaban la luna, pero los jardines estaban iluminados con antorchas. Hayley vio que Stephen se disponia a coger uno de los senderos que salian del fondo del lado derecho del jardin, y se apresuro a seguirle.
Un par de ojos entornados siguieron la repentina salida de Stephen del salon de baile. Una sonrisa de satisfaccion arqueo unos labios sumamente finos. «Esta noche, canalla. Esta noche moriras.»
Stephen anduvo por el sendero con la mente ofuscada. Faltaban veinte minutos para que Justin y sus hombres llegaran a sus puestos, pero no podia soportar quedarse mas tiempo en el salon de baile.
El empalagoso ambiente que se respiraba en la fiesta le habia hecho sentirse como un animal enjaulado. Si avanzaba a paso lento, llegaria al lugar acordado solo unos pocos minutos antes; y ?que podian importar unos pocos minutos?
Queria acabar con aquello de una vez por todas. Queria desenmascarar a quien fuera que quisiera matarle para poder seguir con su vida. Con un poco de suerte, el culpable atacaria aquella noche y seria apresado. Entonces podria continuar con su vida. «?Pero en que diablos consiste mi vida? ?Mas fiestas? ?El juego? ?Las mujeres?»
Se le escapo un amargo quejido. No tocaba a una mujer desde su regreso a Londres. Y no habia sentido el menor deseo de hacerlo. Habia ido a ver a su amante la noche anterior, esperando quitarse a Hayley de la cabeza, pero, una vez alli, no habia podido hacer nada. Monique Delacroix podria seducir a las estrellas para que bajaran del cielo con su hermoso rostro y sus voluptuosas y sensuales curvas, pero Stephen no soporto que le tocara. Su beso le dejo frio y con un sabor desagradable en la boca. Cuando ella le acaricio a traves de los pantalones, el temblo, pero no de deseo, sino de asco. Le pidio un brandy, hilvano una rapida excusa y se fue. Y alli estaba el, paseando por el asqueroso jardin de flores de su hermana e intentando quitarse de la cabeza a la persona en quien no podia dejar de pensar.
Hayley…
Ella ocupaba todos sus pensamientos, llenaba cada recoveco de su mente, y no habia nada que la pudiera apartar de alli. Si solo…
– Stephen.
Stephen se quedo helado y luego farfullo una blasfemia y penso: «?Maldita sea, hasta oigo su voz!» Siguio andando. Habia dado menos de dos pasos cuando volvio a oir que alguien le llamaba. Se volvio y miro fijamente a la mujer que se le acercaba, sin creerse lo que veian sus ojos. Sacudio energicamente la cabeza como si quisiera borrar aquella vision, convencido de que sus ojos le estaban enganando. «Debo de estar borracho», penso. Pero era imposible, solo se habia bebido una copa de champan. La vision siguio avanzando, deteniendose aproximadamente a un metro de el.
– Hola, Stephen.
Era real. No era ninguna aparicion ni tampoco el producto de su imaginacion. Se trataba de Hayley. Su angel. De pie ante el, con el vestido azul palido que el le habia regalado, los ojos luminosos y brillantes y una timida e insegura sonrisa en los labios. Stephen cerro los ojos y trago saliva, bombardeado por una tormenta de sentimientos contradictorios. Confusion. Extraneza. Alegria.
Abrio los ojos de par en par y la miro, recorriendo su figura de arriba abajo con la mirada. «?Dios! ?Que hermosa es! Y como la he echado de menos.»
Pero, ?que estaba haciendo alli? ?Como lo habia encontrado? A Stephen se le paro el corazon. «?Dios mio! Debe de estar embarazada. Por eso me ha seguido la pista.» Multitud de emociones volvieron a bombardearle. «Hayley. ?Embarazada!» Se le desboco el corazon y empezo a latirle con mas fuerza. Le embargo un jubilo que no tenia ningun derecho a sentir. Estaba a punto de correr hacia ella, abrazarla con todas sus fuerzas y no dejarla marchar nunca mas, cuando recupero subitamente la razon.
Dentro de solo unos minutos iban a tenderle una trampa a un asesino, un asesino que podia estar lo bastante
