Winky, Pinky y Stinky conocian muy bien el juego y, moviendo las colas y ladrando ruidosamente, se lanzaban contra el agua, intentando coger al vuelo la espuma. Todo el mundo estaba riendo, sin aliento y empapado, cuando una voz masculina irrumpio en la algarabia.

– Parece ser que siempre encuentro a las damas Albright en las situaciones mas sorprendentes cada vez que se me ocurre venir sin avisar.

Todo el mundo se volvio hacia la voz. Marshall Wentbridge estaba de pie a unos seis metros, con una amplia sonrisa.

El rostro de Pamela se tino de un rojo intenso mientras dirigia a Hayley una mirada de angustiado bochorno.

– Hola, Marshall -grito Hayley, saludandole con la mano. Luego guino rapidamente el ojo a Pamela y anadio-: ?Le gustaria unirse a nosotros?

Marshall se acerco, quitandose la chaqueta mientras caminaba, con los ojos clavados en Pamela. Tras dejar la chaqueta en la hierba, se sumergio en el agua hasta las rodillas sin dudarlo ni un momento.

– ?Que hago? -pregunto con una maliciosa sonrisa en su atractivo rostro.

Hayley le lanzo un trapo mojado, que se estrello contra la camisa de Marshall, mojandosela.

– Coja un perro, cualquier perro, e intente lavarlo-. Le hizo un gesto jovial con la mano-. Buena suerte.

A los seis les costo mas de una hora encontrar alguna mejoria en el aspecto de los perros. En cuanto conseguian coger a un perro y lavarlo, la maldita bestia corria al bosque y regresaba cubierta otra vez de barro y hojas secas.

Pero, por fin, los animales se tranquilizaron y, entre risas y bromas, los Albright lograron banarlos con la impagable ayuda de Marshall. En cuanto concluyeron, Hayley envio a Callie y a los chicos por delante para que se lavaran y se cambiaran de ropa. Se agacho para recoger los cubos y el poco jabon que habia sobrado y, cuando se levanto, vio a Pamela y a Marshall muy cerca el uno del otro, cogidos de la mano. Hayley enseguida aparto la mirada, sin querer interrumpir un momento tan intimo.

Se apresuro a recoger el resto de los utensilios y, cuando se disponia a volver a casa, se le acercaron Pamela y Marshall. Hayley no pudo evitar fijarse en la expresion radiante de sus rostros y en que iban cogidos de la mano.

Tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa al contemplar el aspecto desalinado de Marshall. Tenia una pinta de lo mas impropia de un medico. Se pregunto que pensarian sus colegas del Ilustre Colegio de Medicos si le vieran en aquel estado.

– Ha sido muy amable de su parte ayudarnos a banar a los perros -dijo Hayley con una sonrisa.

Marshall sonrio.

– Hacia tiempo que no me lo pasaba tan bien.

Hayley volvio a coger los cubos que habia depositado puntualmente en el suelo.

– Bueno, si me disculpan, ahora soy yo la que necesito desesperadamente banarme.

– Si no le importa-se apresuro a decir Marshall-, me gustaria hablar un rato con usted.

Volviendo a dejar los cubos en el suelo, Hayley le dedico toda su atencion.

– Por supuesto que no me importa, Marshall. Usted dira.

Marshall carraspeo varias veces.

– Bueno, ejem, en ausencia de una madre o un padre de familia, y puesto que usted es la adulta que lleva la casa… -Se detuvo a media frase, ruborizandose un poco mas con cada minuto que pasaba-. Bueno, siendo esa la situacion, creo que usted debe ser la primera en saber que le acabo de pedir a Pamela que se case. Conmigo. - Volvio a carraspear.

Hayley tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantener una expresion de seriedad acorde con la solemnidad de la situacion. Alli estaban los dos, con aquel aspecto tan desalinado, fuertemente cogidos de la mano y con el amor reflejandose ostensiblemente en sus radiantes rostros. Se volvio hacia Pamela.

– ?Quieres casarte con Marshall, Pamela? -pregunto Hayley en lo que esperaba que pareciera un tono serio.

Pamela asintio tan energicamente que Hayley temio que se fuera a marear.

– Oh, si.

Luego Hayley se volvio hacia Marshall:

– ?Por que quiere casarse con mi hermana?

– Porque la quiero-dijo sin dudar-. Quiero compartir mi vida con ella. Quiero que sea mi esposa.

Hayley sonrio.

– Eso es cuanto necesito saber. -Se acerco y los abrazo a ambos a la vez-. Estoy muy contenta por los dos - dijo, conteniendo las lagrimas. «Todo cuanto queria para ella se esta haciendo realidad.» Frotandose los ojos, Hayley anadio con una risita-: Estaba pensando, Pamela, que nos hemos gastado una fortuna comprandote vestidos preciosos, y mira en que momento se le ha ocurrido a Marshall pedirte que te cases con el. Hueles a perro muerto y pareces un gato ahogado.

Pamela se rio y miro a Marshall con ojos radiantes de felicidad, quien la rodeo por la cintura y la apreto contra su costado.

– Pero un gato ahogado muy hermoso -dijo Marshall. Miro al rostro de Pamela, que le observaba emocionada desde abajo y se desvanecio su risa. La miro extasiado y anadio-: Francamente hermoso.

Hayley era lo bastante inteligente como para saber cuando estaba de mas su presencia, y aquel era, sin lugar a dudas, uno de esos momentos. Se apresuro a disculparse y dejo solos a Pamela y a Marshall. Cargada de cubos y trapos, tomo el sendero que llevaba hasta la casa. Justo antes de que el sendero describiera un recodo, miro hacia atras.

Pamela y Marshall estaban fundidos en un fuerte abrazo y Marshall besaba apasionadamente a su hermana. Hayley se dio la vuelta y reanudo su camino. Sabia lo maravilloso que es y lo dichosa que se siente una mujer cuando el hombre a quien ama la estrecha entre sus brazos.

Agradecio a Dios que la felicidad de Pamela fuera real y no un mero producto de su imaginacion.

Mas tarde aquel mismo dia, Hayley estaba en el jardin, agachada arrancando malas hierbas con desgana. Aquella actividad era demasiado lenta y demasiado solitaria, y propiciaba demasiado facilmente la introspeccion. Y Hayley habia descubierto que la introspeccion no le iba bien. Le llevaba solo a un lugar, siempre al mismo lugar.

Stephen.

Y pensar en Stephen le llevaba siempre al mismo lugar.

La afliccion.

Tras la divertida informalidad de banar a los perros, arrancar malas hierbas le resultaba demasiado pesado y aburrido. Tal vez escribir la ayudaria a dejar de pensar en las cosas en que no queria pensar. Suspirando, se levanto y se quito de un tiron los guantes de jardineria.

– Hola, Hayley.

Sobrecogida, se dio la vuelta.

– ?Dios mio, Jeremy, me has dado un buen susto!

El sonrio.

– Lo siento. Tienes un jardin precioso.

– Gracias. Me encanta la jardineria. -En realidad, apenas soportaba mirar las flores, pero tampoco podia dejarlas morir por falta de cuidados-. ?Querias hablar conmigo?

– Si, de hecho, eso es exactamente lo que queria. Hablar contigo. -Le ofrecio el codo-. ?Te apetece dar un paseo?

Hayley dudo un momento y luego se encogio de hombros. Con tal de mantener la mente ocupada, cualquier cosa serviria.

– Esta bien. -Dejo los guantes en la cesta y se cogio del brazo de Jeremy.

Pasearon lentamente por el jardin hablando sobre naderias hasta que Jeremy se detuvo. Se volvio hacia Hayley, y ella noto que se estaba poniendo serio por momentos.

– ?Por Dios, Jeremy! Por tu forma de mirarme, parece como si se fuera a acabar el mundo. ?Va algo mal?

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