Andrew, resono en la estancia. Hundio la cabeza, en el hueco del hombro de Catherine y se estremecio, aliviandose, murmurando su nombre una y otra vez como una oracion.
Respirando pesadamente, Andrew rodo a un lado, llevandola con el, y cerro los ojos, luchando por recobrar el control. Demonios, esa mujer y la forma en que hacian el amor le dejaban vencido. Vulnerable. Mas desnudo y expuesto de lo que se habia sentido en toda su vida. ?Como iba a soportarlo si ella no correspondia a sus sentimientos? ?Si no deseaba que formara parte permanente de su vida? Catherine sentia algo por el, de eso no le cabia duda. Pero ?seria suficiente?
Cuando el mundo volvio a recuperar su cordura, Andrew se echo hacia atras y aparto el pelo enmaranado del rostro arrebolado de Catherine. Ella mantuvo los ojos abiertos con obvio esfuerzo y el trago un gemido de deseo al ver el sonoliento y languido fuego latente en las marrones profundidades doradas de ella. Sin duda habia algo que tendria que decirle. Dios bien sabia que tenia el corazon a punto de estallarle con todo lo que sentia por ella. Pero temia decir demasiado. Le preocupaba que si hablaba, no seria capaz de detenerse hasta confesarle que era duena de su corazon. Que le habia pertenecido desde mucho antes de lo que ella era consciente. Y que siempre seria suyo. Aun asi, sabia tambien que no seria capaz de reprimir las palabras durante mucho tiempo mas. Pronto ella lo sabria. Y rezo a Dios para que contarselo no le costara lo que compartian en ese instante. Porque, por muy milagroso que fuera, tener el cuerpo de Catherine no era suficiente.
Durante varios segundos ella no dijo nada. Simplemente le miro con una expresion aparentemente consternada. Y confusa. Luego, su expresion se aclaro y una diminuta sonrisa elevo una de las comisuras de sus labios, persuadiendole para poder tocarle los labios.
– Oh, Dios -suspiro-. Acabo de anadir algo a mi lista de primeras veces. Ha sido la primera vez que me llevan por el mal camino. Espero que no sea la ultima.
– Estare encantado de complacerte siempre que lo desees, senora mia. No tienes mas que pedirmelo.
– No sabes cuanto he disfrutado de mi decente despedida, Andrew.
Este le deposito un beso en la punta de la nariz.
– Eso se debe a que ha sido tu indecente despedida. Y si has disfrutado de ello, estoy seguro de que te gustara aun mas el decente, o mas bien indecente, saludo de manana por la noche.
– Oh, cielos. ?Que significa eso?
– No puedo decirtelo. Es una sorpresa. -Y cuando ella parecio a punto de discutir, el anadio-: ?Tengo que ir a buscar el diccionario?
– No. -Catherine inclino la barbilla, fingiendo elevar la nariz al aire-. Por lo tanto, no pienso hablarte de la sorpresa que he planeado.
– ?Una sorpresa? ?Para mi?
– Quiza -dijo airadamente.
– ?De que se trata?
– ?Ja! ?Quien necesita ahora el diccionario?
– ?Y si me das una pista? ?Solo una pequenita? -pregunto, juntando el pulgar y el indice.
Un delicioso sonido que solo podia describirse como una risilla burbujeo entre los labios de Catherine.
– Ni hablar.
Inclinandose hacia delante, Andrew acaricio con la lengua la delicada concha de su oreja.
– Por favor.
– Ooh. Bueno, quiza… no. Ni hablar.
– Ah, una mujer con gran fuerza de voluntad -murmuro Andrew, deslizando con suavidad los dedos por el centro de su columna hacia la cintura.
– Como debe serlo la mujer moderna actual.
– Sin embargo, la mujer moderna actual tambien sabe que es aconsejable dejar una indeleble impresion en la mente de su caballero para que el no pueda llegar en ningun caso a hacerla desaparecer de sus pensamientos. Dandome una minuscula pista sobre la naturaleza de tu sorpresa sin duda saciaria mi apetito y garantizaria que permanecieras en mi mente mientras estoy lejos de ti.
Catherine se quedo totalmente inmovil, a excepcion de sus ojos, que se entrecerraron.
– ?Que has dicho?
– Que dandome una pista…
– Antes de eso.
Andrew fruncio el ceno y reflexiono durante varios segundos.
– Creo haber dicho: «La mujer moderna actual tambien sabe que es aconsejable dejar una indeleble impresion en la mente de su caballero para que el no pueda llegar en ningun caso a hacerla desaparecer de sus pensamientos». ?A eso te refieres?
– Si. -Los ojos de Catherine se entrecerraron aun mas-. ?Donde has aprendido eso?
– Lo he sacado de la
Tuvo que apretar los dientes para mantener el rostro serio ante la expresion pasmada de Catherine.
– ?Y como diantres sabes tu lo que esta escrito en la
– Aunque cueste creerlo, querida mia, la gente a menudo aprende cosas leyendo.
– No iras a decirme que has leido la
– Muy bien. En ese caso no te lo dire, aunque para mi es un misterio por que quieres que te mienta.
– ?Has leido la
– Palabra por palabra. De principio a fin.
– ?Cuando? ?Donde? ?Como?
– Que naturaleza tan inquisitiva. Dejame ver. En cuanto al cuando, anteanoche… antes de nuestro encuentro en los manantiales. En cuanto al donde, en mi habitacion. Y para responderte al como, compre un ejemplar la manana en que salimos de Londres. La conversacion que mantuvimos en la fiesta de tu padre me dejo intrigado y decidi leer el volumen para ver a que venia tanto revuelo. Y debo confesar que en cierto modo me vi abocado a ello por el hecho de que parecieras tan convencida de que no leeria tales tonterias.
– Esa fue tu descripcion, no la mia.
– ?Ah, si? Bien, pues debo entonces retractarme.
– ?Y eso que quiere decir exactamente?
– Que la
La satisfaccion pagada de si misma que asomo a los ojos de Catherine resulto inconfundible.
– Creo que ya te lo mencione en su momento.
– Asi es. Cierto es que defendiste el libro y al autor con la clase de acerrima lealtad que la madre tigresa muestra con sus cachorros.
El carmesi tino las mejillas de Catherine, quien en ese instante aparto la mirada. Andrew acaricio con la yema del pulgar las mejillas banadas de un intenso color.
– No me cabe duda de que entiendes por que el libro esta causando tanto escandalo.
El arrebol de Catherine no hizo sino pronunciarse.
– Si, aunque estoy convencida de que la informacion que proporciona a las mujeres es mucho mayor que cualquiera de esas sensibilidades heridas. Charles Brightmore deberia ser ensalzado por lo que ha hecho.
– De nuevo vuelves a defenderle a ultranza. Casi como si… le conocieras.
Catherine apreto los labios y a continuacion se desembarazo de su abrazo. El la solto, viendola salir de la cama y volver a ponerse la ropa, deslizando los brazos en las mangas de seda. Tras anudarse el cinturon alrededor de la cintura, se volvio a mirarle con los ojos prenados de emocion contenida.
– Le defiendo porque Dios sabe que ojala hubiera tenido acceso a la informacion que aparece en la
– Entiendo. ?Sabes?, he oido algunos rumores que apuntan a que de hecho Brightmore puede ser una mujer
