Andrew avanzo dibujando un lento circulo, supervisando las paredes y el suelo danados del museo, los espacios vacios donde el cristal deberia haber brillado. Cerro las manos con fuerza en un gesto perfectamente identico al de su tensa mandibula mientras la ira hacia que le palpitase el cuerpo entero. «Bastardos. Por Dios que seran unos heridos y ensangrentados bastardos si alguna vez les pongo la mano encima.»

– Como puede ver, todos los cristales rotos ya se han barrido -informo Simon Wentworth-. El cristalero estara aqui en menos de una hora para hablar con usted sobre las nuevas ventanas. He contratado a seis hombres mas para ayudar con las reparaciones del suelo y de las paredes que, como puede ver, son importantes.

Andrew asintio, soltando un largo suspiro.

– El termino «importantes» no basta para describir todo este desastre.

– Estoy de acuerdo con usted. El modo en que han acuchillado la madera… en fin, lo cierto es que verlo me produce escalofrios. Arrebatos de violencia, si quiere saber mi opinion. Odiaria tener que vermelas con los rufianes que han hecho esto.

A Andrew se le tenso la mandibula. «A mi me encantaria encontrarme con los rufianes que han hecho esto.»

– ?Cuanto llevara completar las reparaciones?

– Al menos ocho semanas, senor Stanton.

Maldicion. Eso suponia otros dos meses de salarios de obreros a pagar, dos meses mas de alquiler del espacio de almacenaje de los articulos del museo, por no mencionar los dos meses de retraso que eso representaba para la fecha de apertura. Ni el exorbitado coste de los materiales. Sabia exactamente cuanto habia pagado por las ventanas, las paredes y los suelos la primera vez.

– ?Alguna noticia de los inversores? -pregunto Andrew.

Simon se estremecio.

– Me temo que las malas noticias corren como la polvora. El senor Carmichael, lord Borthrasher y lord Kingsly, asi como la senora Warrenfield, han enviado notas exigiendo verle hoy mismo. Lamento decirle que el lenguaje de las cartas resulta declaradamente frio. Le esperan en su escritorio.

Andrew contuvo la ira y se obligo a concentrarse en los asuntos que requerian su atencion mas inmediata. Obviamente, la senora Warrenfield, el senor Carmichael, lord Borthrasher y lord Kingsly ya no estaban tomando las aguas en Little Longstone y habian regresado a Londres. Lord Borthrasher ya habia hecho una cuantiosa inversion a la que estaba planteandose anadir una suma significativa, mientras que los otros tres estaban a punto de donar fondos. De hecho, el exito del museo dependia de asegurar ese dinero…

– Responda a las cartas, Simon, invitando a los inversores a encontrarse aqui conmigo esta misma tarde a las cinco.

– ?Cree acertado dejar que vean esto?

– Si. Si no les invitamos, vendran por iniciativa propia de todos modos y eso tendra pesimas consecuencias para nosotros. Tienen que saber exactamente lo que ha ocurrido y los pasos que estamos dando para que no vuelva a ocurrir. No nos conviene que piensen que estamos ocultando algo. Los inversores que tienen la sensacion de que no se les esta diciendo toda la verdad pueden ponerse muy nerviosos, y unos inversores nerviosos no es algo que quiera anadir al desastre al que ya nos enfrentamos.

– Enviare las notas enseguida, senor Stanton. -Simon dio media vuelta y se dirigio a la pequena oficina enclavada en el extremo mas alejado de la habitacion.

Andrew solto un largo suspiro, se quito la chaqueta y se arremango la camisa. Habia mucho trabajo que hacer y, por Dios, queria ver concluido parte de el cuando por fin se sentara a escribir a Philip para contarle todo lo ocurrido.

Catherine se paseaba delante de Genevieve mientras su vestido de muselina de color melocoton se arremolinaba en sus tobillos cada vez que daba media vuelta en los extremos del acogedor salon de su amiga.

– Me alegro de que se haya ido -dijo, orgullosa del timbre decidido que delataba su voz.

– Eso has dicho ya tres veces solo en la ultima hora -murmuro Genevieve.

– Bueno, solo para reiterar mi argumentacion.

– ?Cual es exactamente?

– Que me alegra que se haya marchado.

– Si, eso es… ejem… evidente. Sin embargo, supongo que te das cuenta de que el senor Stanton vuelve a Little Longstone. Manana.

Catherine desestimo el comentario con un florido ademan.

– Si, pero para entonces ya volvere a tenerlo todo bajo control. Estoy segura de que mi charla contigo aclarara toda mi… confusion. Ademas, el estara aqui solo unos dias mas, y ?puf! -Catherine chasqueo los dedos-. Volvera a Londres.

– ?Perspectiva que te hace feliz?

– Delirantemente feliz -concedio Catherine-. Luego Spencer y yo podremos retomar nuestra rutina sin mas interrupciones.

Al ver que Genevieve no respondia, Catherine miro al sofa. Sus pasos se detuvieron al ver la expresion de absoluta incredulidad reflejada en el rostro de su amiga, y dejo de andar.

– ?Que?

– Catherine, ?es que no se te ha ocurrido que la «interrupcion» que el senor Stanton ha provocado en tu rutina es algo bueno? -Antes de que Catherine pudiera responder, Genevieve prosiguio-: A juzgar por todo lo que me has contado, se trata de un hombre sencillamente divino. Por supuesto que resulta irritante a veces, pero, como ya te he dicho, todos los hombres lo son. Aun asi, no todos los hombres pueden jactarse de reunir todas las cualidades que reune tu senor Stanton: ser guapo, fuerte, romantico, considerado. Un amante cumplido y generoso.

El calor hizo presa de las mejillas de Catherine y Genevieve se rio.

– Si, lo se sin necesidad de que me hagas participe de ningun detalle especifico, querida. Llevas escrita la expresion de mujer bien amada de la cabeza a los pies.

– Yo nunca he dicho que no fuera todas esas cosas -dijo Catherine-. Aunque…

– Y la amistad que se ha tomado el tiempo de forjar con tu hijo esta sin duda reforzando la confianza de Spencer en si mismo. Supongo que eso te agrada.

– Por una parte si, pero tambien representa una nueva fuente de preocupacion. Temo que Spencer quede destrozado cuando Andrew regrese a Londres para siempre.

– ?Y que me dices de ti, Catherine? -pregunto amablemente Genevieve con sus ojos azules suavizados por la preocupacion-. ?Tambien tu temes quedar destrozada?

– Por supuesto que no -respondio Catherine, aunque en cierto modo las palabras afectaron sus rodillas hasta tal punto que tuvo que buscar refugio en el sillon de orejas colocado delante de Genevieve. En cuanto estuvo sentada, prosiguio-: La mujer moderna actual no queda destrozada por el fin de una aventura.

– Querida, cualquier mujer quedaria destrozada por el fin de una aventura si albergara profundos sentimientos hacia su amante. Conozco de primera mano esa clase de espantoso dolor, y, creeme, no se lo deseo a nadie.

– Bueno, no corro ningun riesgo de ser victima de semejante dolor puesto que no estoy «profundamente» encarinada de Andrew.

– ?Enserio?

Catherine solto una ligera risa.

– No quiero decir con eso que no sienta nada por el. Es solo que apenas le conozco. No dudaria en reconocer que le deseo. Sin embargo, los sentimientos mas profundos que podrian dejarme «destrozada» germinan solo tras largos periodos de tiempo. Y, sobre todo, entre personas que comparten intereses y entornos comunes.

Genevieve asintio.

– Naturalmente, una dama de tu noble linaje no puede compartir demasiados intereses comunes con un hombre con una cuna semejante a la del senor Stanton. Por supuesto, ?pero si no es mas que un plebeyo! ?Que digo! Es mucho peor que eso. ?Un plebeyo de las colonias!

– Tu lo has dicho -dijo Catherine, aunque la verdad y la sinceridad de las palabras de Genevieve la irritaron.

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