De pie a la sombra que ofrecia uno de los olmos, Catherine le vio desaparecer detras de la casa. Volvio a aparecer menos de un minuto mas tarde y ella le observo mientras se acercaba. Era indudable que el doctor Oliver era un hombre apuesto. Muy apuesto. Desde un punto de vista estrictamente estetico, desde luego mucho mas apuesto que el senor Stanton, quien, con sus rasgos marcados y su nariz torcida, respondia mas a la descripcion de «atractivo».
Por primera vez se fijo en la anchura de los hombros del medico. En la estrechez de su cintura. La longitud de sus musculosas piernas, perfiladas por sus pantalones cenidos. En la suavidad de sus andares. Con su pelo castano dorado por el sol y esos ojos color miel, era el tipo de hombre que sin duda podia acelerar el corazon de cualquier mujer. El hecho de que no fuera ese su caso no hizo mas que aumentar su desesperacion y fortalecer su decision. No tardaria en acelerarse.
Cuando entraron en el pequeno aunque elegantemente decorado salon, el medico pregunto:
– ?Le apetece una taza de te, lady Catherine?
– No, gracias.
El doctor Oliver senalo un par de sillones de orejas de brocado que flanqueaban la chimenea.
– Si quiere sentarse…
– Prefiero quedarme de pie.
El doctor arqueo las cejas, que enmarcaron una mirada interrogante, aunque se limito a asentir.
– Muy bien. ?En que puedo ayudarla?
Ahora que habia llegado el momento, Catherine sintio que le abandonaba el valor. Dios santo, como podia estar tan loca como para haberse embarcado en semejante mision. Pero entonces se acordo de la
Alzo la barbilla.
– Beseme.
– ?Como dice?
– Quiero que me bese.
El medico la miro atentamente durante lo que parecio una eternidad, como si intentara leer en su mente. Cuando por fin se movio, en vez de estrecharla entre sus brazos, la tomo ligeramente de los hombros y la sostuvo separada de el.
– ?Por que desea que la bese?
Catherine apenas logro reprimir su impaciencia y repicar contra el suelo de madera con el zapato. Cielos, no habia nada en la
– Porque… «Porque quiero saber, necesito saber, tengo que saber, si otro hombre puede hacerme sentir lo que el…» siento curiosidad. -Dicho estaba. Y sin duda era cierto.
– ?Curiosidad por ver si puede sentir algo mas por mi que una simple amistad?
– Si.
– Bien, podria facilmente satisfacer su curiosidad sin necesidad de besarla, pero solo un idiota rechazaria oferta tan tentadora. Y debo admitir que tambien yo siento curiosidad… -La atrajo hacia el, estrechandola entre sus brazos, y poso luego sus labios en los de ella. Catherine apoyo sus manos en el pecho del doctor y se puso de puntillas, mostrandose como una voluntariosa colaboradora. Obviamente, el buen doctor estaba bien versado en el arte del beso. Aun asi, no le acelero el corazon. Ni siquiera un poco. Tenia unos labios calidos y firmes, pero no generaban las ardientes sensaciones que Andrew le inspiraba con una simple mirada.
«Oh, Dios.»
El doctor levanto la cabeza y la solto lentamente. Tras estudiarla durante varios segundos, dio un paso atras y la observo, sorprendido.
– Bastante insipido, ?no le parece?
Catherine sintio que le ardian las mejillas.
– Me temo que si.
– Y bien, ?ha quedado satisfecha su curiosidad?
Sentimientos de culpa llovieron sobre Catherine, llenandola de verguenza por haberle utilizado de un modo tan poco gentil. Dios santo, ?en que clase de persona se habia convertido? No estaba segura… aunque lo que si sabia era que no se gustaba demasiado.
Se sintio presa de un calor nacido del remordimiento. El hecho de que el hubiera encontrado el beso tan falto de pasion como ella era un claro indicador de que no sentia por ella el menor deseo. Y ella se habia echado en sus brazos. Como una vulgar ramera. Se habria reido de su propia vanidad de haber sido capaz de hacerlo. Por el contrario, rezo para que milagrosamente se abriera un agujero en la tierra que la tragara. «Retirada -grito su mente-. ?Retirada!»
– No sabe cuanto lo siento -dijo-. Yo…
– No tiene por que disculparse. Lo entiendo perfectamente. Debo confesar que en una ocasion bese a una mujer a fin de comparar mi reaccion con otra. Lo cierto es que creo que es una practica de lo mas comun. Un poco como probar una muestra de mermelada de fresa y de mora para determinar cual de las dos preferimos.
Su buen humor y su comprension solo lograron que Catherine se sintiera peor. De nuevo su mente le ordeno que se retirara, pero antes de que pudiera moverse, el doctor dijo:
– No se aflija, lady Catherine. Desde el momento en que llegue a Little Longstone, y de eso hace ya seis meses, usted me ofrecio una amistad que yo tengo en gran estima. Me ha invitado a su casa a compartir con usted comida y risas y, salvo por este pequeno error, jamas me ha dado la menor esperanza de que pudieramos ser nada mas que amigos, error que valoro en la medida en que tambien ha satisfecho mi propia curiosidad. Estamos destinados a ser solo amigos. -Se paso la yema del pulgar por los labios y le guino el ojo-. Mejores amigos que muchos, pero, aun asi, solo amigos.
Eternamente agradecida al verle comportarse con tamana elegancia, y al ver que no la habia humillado aun mas, Catherine forzo una sonrisa y dijo:
– Gracias. Me alegro de que seamos amigos.
– Tambien yo. -Se dio una palmadita en la mandibula-. Solo espero que el no intente rompermela.
– ?A quien se refiere? ?Romperle que?
– A Andrew Stanton. Y mi mandibula. No le haria nada feliz descubrir que la he besado -confeso con una sonrisa de oreja a oreja-. Aunque confio en que lograria convencerle para que no me golpeara hasta convertirme en polvo. Y si no, bueno… puede que el sea un hombre fuerte, pero tambien yo conozco unos cuantos trucos.
Si la temperatura que encendia las mejillas de Catherine aumentaba un poco mas, muy pronto empezaria a echar vapor por los poros. Retrocedio lentamente hacia la puerta abierta al tiempo que todo su ser la conminaba a la retirada.
– Debo irme. Gracias por su amabilidad y por su comprension.
– Ha sido un placer. -El doctor la acompano a la puerta principal y Catherine se alejo apresuradamente por el sendero que llevaba a villa Bickley. En cuanto tuvo la certeza de estar fuera del campo de vision del doctor Oliver, se llevo las manos a las mejillas encendidas, rezando para no sufrir ninguna enfermedad en el futuro cercano porque tendria que pasar mucho tiempo antes de que se atreviera a mirar al medico de nuevo a la cara.
Antes de dirigirse a caballo a villa Bickley, Andrew se detuvo brevemente en el pueblo de Little Longstone para hacer algunas compras. Justo cuando estaba a punto de entrar en la herreria, le recorrio una extrana sensacion. Se volvio, escudrinando la zona con atencion. Filas de tiendas, varias docenas de peatones, un coche de dos caballos con un hombre y una joven sentados en el asiento, dos damas charlando debajo de un toldo de rayas azules y blancas. Nadie parecia prestarle ninguna atencion especial y aun asi tenia la intensa sensacion de que alguien le observaba. Y era la segunda vez en lo que iba de dia que experimentaba la misma sensacion.
Aproximadamente una hora antes, mientras se dirigia alli desde Londres, habia sentido el mismo hormigueo de advertencia. Habia detenido a Afrodita, pero no habia visto ni oido a nadie. Sin embargo, la inquietante sensacion persistia ahora, incluso mas fuerte que antes. Aunque ?quien podia estar observandole? ?Y por que? ?Serian acaso imaginaciones suyas? No podia negar que estaba cansado y que tenia en la cabeza muchas cosas.
