Sin duda era todo obra de sus preocupaciones, de pronto enloquecidas. Aun asi, se aseguro de permanecer alerta.

Despues de terminar sus asuntos con el herrero, se dirigio a lomos de su caballo a villa Bickley, donde estuvo unos minutos charlando con Fritzborne en los establos antes de cruzar apresuradamente los parterres de cesped que llevaban a la casa, ansioso por ver a Catherine y a Spencer. Les habia echado muchisimo de menos, victima de un profundo y reverberante vacio que habia hecho presa en el desde su partida de Little Longstone el dia anterior. Volver a villa Bickley era como volver a casa, una calida sensacion que no experimentaba desde hacia mas de una decada.

El sol de ultima hora de la tarde doraba la casa, iluminandola como si un halo rodeara el edificio, y acelero el paso. Habia estado fuera apenas treinta y seis horas y tenia la sensacion de que habian transcurrido anos. Sin duda, pues de hecho habian pasado treinta y siete horas. Y veintidos minutos. Y no es que llevara la cuenta.

Milton abrio la puerta con un inhospito ceno que se relajo de inmediato al ver a Andrew de pie en el umbral.

– Ah, es usted, senor.

Andrew arqueo las cejas y sonrio.

– Obviamente, esperaba usted a alguien mas.

– De hecho, esperaba que no hubiera mas visitas esta tarde. -Se aclaro la garganta-. Salvando la presente, por supuesto. Aunque usted no es una visita. Es un invitado. Pase, se lo ruego, senor Stanton. Verle en la puerta es un alivio que se agradece.

– Gracias. -Andrew entro en el vestibulo. Se le tensaron los hombros cuando noto el tremendo nuevo arreglo floral-. Al parecer el duque de Kelby ha vuelto a vaciar su invernadero.

El fantasma de una sonrisa asomo a los finos labios de Milton.

– Si. Que afortunados somos. Lord Avenbury y lord Ferrymouth han enviado tributos mas pequenos, benditos sean.

– ?Estan lady Catherine y Spencer en casa?

– Estan dando un paseo por los jardines. -Dio un profundo suspiro-. Odio enormemente molestarles.

– No lo haga por mi.

– No me refiero a usted, senor. -Milton inclino la cabeza hacia el pasillo y fruncio el labio superior-. Sino a ellos.

– ?Ellos?

– Al duque, a lord Avenbury y lord Ferrymouth. Las notas que han enviado esta manana con sus flores indicaban que deseaban visitarnos, aunque ninguno de ellos ha escrito que pensara hacerlo hoy.

– ?Y estan todos en el salon?

– Eso me temo. Les he mantenido a raya, teniendoles de pie un rato en el porche, pero los tres eran un grupo demasiado numeroso. Y muy ruidoso. Les he sugerido con firmeza que regresen en otro momento, pero se han negando en redondo a marcharse. Hace unos instantes han amenazado con irrumpir en los jardines en busca de lady Catherine. Para evitarlo, les he hecho entrar a mi pesar en el salon y desde entonces he estado estudiando una forma de librarme de ellos que no sea la de sacarlos de aqui a sartenazos.

– Entiendo. -Andrew se dio unas pensativas palmaditas en la barbilla-. Creo que podre serle de ayuda, Milton.

– Le estaria inmensamente agradecido, senor.

– Delo por hecho.

Todavia riendose tras la humoristica imitacion que su hijo acababa de hacer de un sapo, Catherine y Spencer entraron en la casa por los ventanales traseros y desde alli se dirigieron al vestibulo. El rato en compania de su hijo habia ayudado a Catherine a poner en orden sus caoticas ideas y dar forma a una nueva resolucion. Su relacion con Andrew era una deliciosa y agradable diversion de la que pensaba disfrutar durante el resto del corto periodo de tiempo que el pasaria en Little Longstone. Cuando el regresara a Londres, ella seguiria con su vida, cuidando de Spencer, disfrutando de su independencia, libre de los gravamenes que la habian ahogado en el curso de su matrimonio. Como correspondia a toda mujer moderna actual, recordaria su aventura con entranables recuerdos y deseando a Andrew una vida prospera y larga. Pues, aparte de ese breve interludio, sencillamente no habia en su vida sitio para el.

Mientras Spencer y ella se acercaban al vestibulo, les llego el sonido de varias voces masculinas.

– ?Quien sera? -murmuro Catherine.

Entraron en el vestibulo por el arco situado delante de la puerta principal y Catherine se detuvo en seco como si se hubiera topado con una pared de cristal. Miro fijamente el espectaculo que tenia ante sus ojos.

El duque de Kelby, lord Avenbury y lord Ferrymouth estaban de pie en el vestibulo, cada uno de ellos estrechando la mano de Andrew mientras Milton estaba de pie junto a la puerta con una expresion sospechosamente pagada de si misma en el rostro. Como si el hecho de ver a ese inesperado surtido de hombres en su vestibulo no fuera ya de por si sorprendente, fue la condicion en que se encontraban los hombres lo que la dejo perpleja. El ojo derecho del duque estaba tan hinchado que casi no podia abrirlo, ademas de rodeado de un feo moraton. Lord Avenbury sostenia un panuelo con inconfundibles manchas de sangre pegado a la nariz y lord Ferrymouth mostraba un labio inferior con tres veces su tamano normal.

Catherine se volvio a mirar a Spencer, quien observaba la escena con una expresion de asombro que no era sino el vivo reflejo de la suya. En ese preciso instante, lord Avenbury se volvio y la vio. En vez de dedicarle una sonrisa de bienvenida, parecia… ?asustado? Le dio un codazo a lord Ferrymouth y a continuacion senalo a Catherine con la cabeza. Los ojos de lord Ferrymouth se abrieron como platos y este, a su vez, le sacudio un codazo al duque. Los tres la miraron fijamente durante varios segundos. En sus rostros se dibujaron varios grados de lo que parecia una clara senal de alarma. Luego mascullaron un monton de palabras ininteligibles mientras se dirigian apresuradamente hacia la puerta, que Milton abrio con florido ademan. En cuanto los caballeros salieron a toda prisa de la casa, Milton cerro dando un portazo y luego se froto las manos como expulsandose la suciedad. Andrew y el intercambiaron sonrisas de satisfaccion.

Catherine se aclaro la garganta para encontrarse la voz.

– ?Que diantre les ha ocurrido al duque, a lord Avenbury y a lord Ferrymouth?

Ambos hombres se volvieron hacia ella. Milton recompuso de inmediato la expresion de su rostro, recuperando su habitual mascara inescrutable. Su mirada se cruzo con la de Andrew y el calor la bano por completo. Un placer inconfundible, junto con una saludable dosis de ardor, chispeo en los ojos de Andrew, llenando la mente de Catherine con una lluvia de imagenes sensuales y provocandole un escalofrio en la columna.

Andrew la saludo con una reverencia.

– Es un placer volver a verla, lady Catherine. -Lanzo un guino a Spencer-. A ti tambien, Spencer.

Haciendo caso omiso del revuelo que la presencia de Andrew habia provocado en su estomago, Catherine cruzo el vestibulo con Spencer a su lado. Antes de que pudiera volver a hablar, Spencer miro a Andrew y pregunto con un susurro de absoluta perplejidad:

– Me pregunto si… ?las bofetadas recibidas por esos tipos son obra suya?

Andrew se cogio de las solapas de la chaqueta al tiempo que la expresion de su rostro se tornaba muy seria

– En el curso de mis obligaciones, me temo que asi es.

Catherine clavo en el la mirada.

– No ira a decirme que ha utilizado los punos contra esos caballeros.

– Muy bien, no se lo dire.

– Dios santo. ?Les ha golpeado?

– Bueno, es imposible no emplear los punos en la practica del pugilismo. Cuando los caballeros se enteraron de mi -tosio modestamente en la mano- reputacion estelar en el Emporium de Gentleman Jackson, insistieron en que les diera una leccion. Como eran invitados suyos, me parecio descortes negarme a su peticion.

– Entiendo. ?Y como llego a sus oidos su reputacion estelar?

– Yo mismo se la hice llegar.

Un sonido que solo podria haber sido descrito como una risilla salio de la garganta de Spencer.

Catherine se trago su propio e inapropiado deseo de echarse a reir.

– ?Y como, exactamente, ha tenido lugar todo esto?

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