– Cuando he llegado de Londres -dijo Andrew- he descubierto a los tres caballeros en el salon. La verdad es que eran todo un espectaculo, posados sobre el sofa como una manada de gordas palomas en una rama, lanzandose miradas asesinas entre si, dandose codazos, compitiendo por un poco mas de sitio. Como usted no estaba en casa, me he ofrecido a recibirles en su nombre. Desgraciadamente, durante el curso de nuestra leccion de pugilismo, recibieron sus heridas, que, por otra parte, carecen de importancia. -Nego con la cabeza-. Me temo que ninguno de ellos es demasiado fuerte, aunque el gancho de lord Avenbury apuntaba buenas maneras. Despues de la leccion, he informado a los caballeros de que he estado dando algunas lecciones a Spencer… y de que tengo intencion de darselas tambien a usted, lady Catherine.
Catherine noto que se quedaba literalmente boquiabierta.
– ?A mi?
– Se mostraron tan sorprendidos como usted, se lo aseguro, pero les he dicho que en realidad esas lecciones eran necesarias debido al elevado indice de criminalidad. Al fin y al cabo, la mujer moderna actual debe ser capaz de defenderse, ?no le parece?
Catherine no estaba segura de si estaba mas horrorizada que divertida o a la inversa.
– Supongo, aunque no imagino que el arma mas efectiva de una mujer sean sus punos.
– Precisamente por eso el elemento sorpresa funcionaria tan bien.
– Y supongo que los caballeros habran quedado horrorizados.
– Mi querida lady Catherine, por su forma de seguir mi relato casi diria que estaba usted en la habitacion. Si, se han quedado muy perplejos. Espero que no estuviera usted deseosa de su compania, porque no creo que ninguno de ellos vuelva a hacer acto de presencia en su casa.
– ?Ah, si? ?Y por que iba a ocurrir algo semejante?
– Porque todos le tienen miedo.
La risa burbujeo en su garganta, y Catherine tuvo que apretar los labios con fuerza para reprimirla.
– Bueno, personalmente me alegro de que no vuelvan -dijo Spencer-. Pesados, eso es lo que eran, intentando todos impresionar a mama. -Sonrio a Andrew-. Y me alegro de que haya vuelto, senor Stanton.
– Tambien yo, Spencer.
– Ha regresado antes de lo que esperabamos -dijo Catherine, negandose a admitir lo mucho que eso la complacia-. Espero que eso signifique que todo ha ido bien en Londres.
– Significa que, por el momento, he hecho todo lo que he podido.
– ?Son muy cuantiosos los danos que ha sufrido el museo?
– Lo son si, pero ya se estan llevando a termino las reparaciones.
– ?Y los inversores?
A Andrew se le tenso la mandibula, y Catherine sintio un pellizco de compasion al ver las lineas de agotamiento que le rodeaban los ojos.
– No estan encantados, como podra imaginar, pero espero no tardar en recuperar su confianza. He escrito a Philip, contandoselo todo. He intentado presentarle lo ocurrido de la mejor forma posible, aunque obviamente se quedara muy preocupado, lo cual a su vez no hara mas que preocupar a Meredith. Y solo hay una forma de evitar eso. -Una pesarosa mirada asomo a sus ojos y Catherine de pronto supo lo que vendria a continuacion-. Por mucho que odie acortar mi visita, lamento anunciar que debo regresar a Londres manana mismo.
– ?Manana? -repitio Spencer con la voz prenada del mismo desaliento que inundaba a Catherine.
– Si. Pero no me ire hasta la tarde, de modo que tendremos tiempo de sobra para nuestras lecciones matinales.
– ?Cuando volvera? -pregunto Spencer.
La mirada de Andrew se poso en Catherine y a continuacion sonrio a Spencer, una sonrisa, segun pudo apreciar Catherine, que parecio en cierto modo forzada.
– Tu madre y yo hablaremos de eso para ver si podemos ponernos de acuerdo en una fecha.
– ?Pero si es usted siempre bienvenido! -dijo Spencer-. ?No es asi, mama?
Catherine se quedo sin aliento ante la pregunta y su mirada volo hacia Andrew, quien a su vez la miraba con una expresion insondable. Se negaba desesperadamente a dar a Spencer falsas esperanzas de que el senor Stanton regresaria, pero no se veia capaz de obligarse a decir que Andrew no era bienvenido.
Un pesado silencio se instalo durante varios segundos hasta que por fin dijo alegremente:
– No te preocupes. El senor Stanton y yo discutiremos la cuestion.
– ?Cuando? -insistio Spencer.
– Esta noche -dijo Catherine. «Despues de que Andrew y yo hayamos hecho el amor en las aguas. Despues de que hayamos hecho el amor por ultima vez…»
– ?Estas con animos de tomar hoy una leccion, Spencer? -pregunto Andrew.
Catherine dejo a un lado sus inquietantes pensamientos y vio iluminarse los ojos de su hijo.
– Si.
– Excelente. Pero primero tengo una sorpresa para ti. -Se volvio a mirar a Catherine-. Y tambien para usted, lady Catherine.
A Catherine se le acelero el pulso. Hasta entonces no le hacian gracia las sorpresas. En aquel momento, sin embargo, parecian gustarle mucho. Demasiado. Y antes de poder contenerse, pregunto:
– ?De que se trata?
Andrew nego con la cabeza con tristeza y luego se sacudio con gesto exagerado la chaqueta.
– Vaya, ?donde habre dejado ese diccionario? -Miro a Spencer, quien intentaba, sin exito, no sonreir-. ?Te puedes creer que tu madre todavia desconoce el significado de la palabra «sorpresa»?
– Resulta de lo mas chocante -dijo Spencer.
– Cierto. Por lo tanto, sugiero que vayamos a los establos lo antes posible para ensenarle a tu madre el significado de la palabra «sorpresa».
Sin embargo, antes de que dieran un solo paso, alguien llamo a la puerta. Milton entrecerro los ojos.
– Espero que no sean mas pretendientes -mascullo. Abrio la puerta, dejando a la vista a un joven criado.
– Traigo una nota para lady Catherine -anuncio el lacayo con gesto importante-. De parte de lord Greybourne.
Catherine se adelanto y el joven le hizo entrega de la misiva con un florido gesto. Con el corazon latiendole en el pecho, Catherine rompio rapidamente el sello y leyo atentamente el breve contenido de la nota. Levanto los ojos para mirar los rostros ansiosos que la rodeaban y sonrio.
– Ha llegado al mundo el heredero Greybourne, un nino sano al que han llamado William. Tanto la madre como el hijo estan esplendidamente, aunque Philip asegura que no volvera a ser el mismo. Jura que todo el proceso ha sido para el una prueba tan dura como lo ha sido para Meredith. -Catherine miro al techo-. Que hombre mas idiota.
Despues de que fueran expresadas las felicitaciones, Catherine se excuso brevemente para escribirle una rapida nota a Philip y enviarsela de regreso con el lacayo. Luego el grupo se dirigio a los establos. Cuando llegaron, Fritzborne les saludo al tiempo que una sonrisa de oreja a oreja le dilato la boca.
– Todo esta perfectamente, senor Stanton.
– Excelente.
Andrew guio al grupo al interior del edificio, deteniendose delante del tercer establo, que, como Catherine sabia ya, en raras ocasiones se utilizaba.
– Antes de regresar hoy, he pasado por el pueblo a hacer unas compras. Mientras estaba alli, he visto algo a lo que no he podido resistirme.
– Creia que eran las mujeres las que supuestamente son compradoras compulsivas. Aun asi, parece usted poseer muy poco autocontrol en cuanto se las ve con cualquier clase de tienda -se burlo Catherine.
La mirada de Andrew, avida y calida, se poso en la de ella.
– Al contrario. Poseo un exceso de autocontrol. -Guardo silencio durante unos segundos… el tiempo suficiente para encender el fuego en las mejillas de ella, dejandole claro que no solamente se referia a las compras. Luego prosiguio-. Aunque admito que me gusta comprar cosas a la gente a la que… quiero. Sin embargo, en este caso, me he comprado algo para mi en un acto de total egoismo. ?Que les parece? -pregunto, abriendo la puerta del establo.
En el rincon, y acurrucado sobre un lecho de heno fresco, dormia un cachorro de perro de pelo negro.
– Es un perro -dijo Spencer con la voz colmada de silencioso asombro.
