– Porque soy tu amiga. Porque no quiero que cometas un error que lamentaras el resto de tu vida. Porque no hacer frente a la verdad, no escuchar a tu corazon, es mucho mas danino, mas perjudicial que cualquier otro dolor. Y me parece que no has examinado tu corazon en este asunto, Catherine. Te da miedo hacerlo, lo que, a juzgar por tu pasado, es algo completamente comprensible. Tambien yo estaria asustada si estuviera en tu lugar. Pero debes intentar dejar tus miedos a un lado. Se te nego la felicidad durante mucho tiempo, querida mia. No vuelvas a negartela.

– Pero ?es que no ves que no me la estoy negando? Queria un amante y me hice con uno. No quiero un marido, de modo que no lo tendre. Hay exactamente cuatro motivos por los que una mujer deberia casarse. -Fue contando los motivos con los dedos al tiempo que los enumeraba-: Aumentar su fortuna, mejorar su posicion social, tener un hijo o la necesitad de que alguien cuide de ella. Puesto que mi situacion economica esta perfectamente asegurada, gozo de una buena posicion social, ya tengo un hijo y no necesito que nadie cuide de mi, no tengo la menor necesidad ni el menor deseo de tener marido.

– Hay una quinta razon para que una mujer decida casarse, querida.

– ?Y es?

– El amor. Aunque puesto que es obvio que no estas enamorada…

– No, no lo estoy.

– Bien, pues no hay nada mas que hablar.

– Ya lo creo que si. Soy feliz, Genevieve. -En cuanto a lo de examinar su corazon, lo habia hecho ya con suficiente detalle. Sin duda habia investigado tan profundamente como era su intencion.

Durante varios segundos, Genevieve no dijo nada, limitandose a dedicar a Catherine una mirada inescrutable. Luego sonrio.

– Me alegro de que seas feliz, querida. Y no sabes cuanto me alivia saber que no corres el peligro de que te rompan el corazon. Y, obviamente, sabes muy bien lo que mas te conviene. Y tambien a Spencer.

– Gracias. Y si, asi es. -Aun asi, incluso mientras pronunciaba esas palabras, Catherine tuvo la sutil sospecha de que estaba mostrandose de acuerdo con algo con lo que no deberia estar de acuerdo.

– Y ahora dime, querida, ?quien crees que sera tu proximo amante?

Catherine parpadeo.

– ?Como dices?

– Tu proximo amante. ?Te parece que preferiras a un hombre mayor y mas experimentado? ?O quiza al tipo espectacular y joven al que puedas doblegar a placer tuyo?

Una sensacion de lo mas desagradable le recorrio la piel al pensar en otro hombre tocandola. Antes de poder dar una respuesta, Genevieve cavilo en voz alta:

– Y me pregunto que clase de mujer calentara despues de ti la cama del senor Stanton. Estoy segura de que no estara solo mucho tiempo. Cielos, ?no viste como las sobrinas del duque salivaban al verle? Y Londres esta sin duda plagado de mujeres hermosas y sofisticadas a la busqueda de distraccion de sus monotonas vidas. El senor Stanton les ofrecera a buen seguro una maravillosa distraccion.

El calor hizo presa del cuerpo de Catherine. Una sensacion terriblemente desagradable le recorrio la piel al pensar en otra mujer tocando a Andrew. Entrecerro los ojos sin dejar de mirar a Genevieve, quien la observaba con la inocencia de un angel.

– Se perfectamente lo que estas haciendo, Genevieve.

Su amiga sonrio.

– ?Y funciona?

«Si.»

– ?No! -Se levanto de un salto, impulsada por una miriada de emociones. Confusion. Frustracion. Angustia. Miedo. Celos. Y rabia. Apreto las manos con fuerza al tiempo que intentaba decidir si estaba mas enfadada con Genevieve por aguijonearla, con Andrew por despertar esas inquietantes emociones en su vida, o consigo misma por permitir que la situacion hubiera llegado hasta alli.

– No me importa quien pueda ser su proxima amante -bufo de colera al tiempo que la rabia la convencia de que estaba diciendo la verdad-. Como tampoco se quien sera el mio. Pero estoy segura de que encontrare a alguien. ?Por que iba a quedarme sola?

– Cierto, ?por que?

La complacencia demostrada por Genevieve solo sirvio para avivar la ira de Catherine. La determinacion le tenso la columna.

– Exactamente. No tengo por que estar sola, y tampoco es mi intencion estarlo. -Y bajando la mano, cogio su reticula-. Gracias, Genevieve, por esta charla. Ha resultado de lo mas… iluminadora.

– Siempre encantada de poder ayudar, querida mia.

– Y ahora, si por favor me disculpas, hay alguien a quien debo visitar.

Algo semejante a la preocupacion parpadeo en los ojos de Genevieve, aunque quedo instantaneamente reemplazado por su habitual despreocupacion.

– Por supuesto. ?Te acompano a la puerta?

– No, gracias. Conozco el camino.

«Y se exactamente adonde voy.»

Andrew estaba un poco apartado del senor Carmichael, de lord Borthrasher, de lord Kingsly y de la senora Warrenfield, a la espera de que fueran testigos visuales de los danos que habia sufrido el museo. Por fin, regresaron a su lado, todos ellos con expresion taciturna.

– Esto es terrible -murmuro la senora Warrenfield con su voz grave y rasposa al tiempo que sus palabras quedaban parcialmente amortiguadas por su velo negro.

– Un espantoso desastre -concedio lord Borthrasher arrugando el labio de pura contrariedad y paseando su fria mirada de buitre por la estancia.

Los ojos pequenos y brillantes de lord Kingsly se entrecerraron y cruzo los brazos sobre su prominente barriga.

– No habia visto nada semejante.

– Diria que quiza se tarde mas de los dos meses que ha calculado usted para enderezar todo esto -dijo el senor Carmichael, acariciandose despacio la barbilla y centrando la atencion de Andrew en su intrincado anillo de oro en el que lucia un diamante cuadrado rodeado de onice. Carmichael se cogio las manos tras la espalda y dirigio a Andrew una mirada glacial-. ?No tiene nada que decir, senor Stanton?

La mirada de Andrew abarco al grupo por entero.

– Confio en que dos meses seran tiempo suficiente. He hablado con el cristalero sobre los marcos de las ventanas y hemos contratado a obreros adicionales para recolocar el suelo. Si no surgen imprevistos, recuperaremos el tiempo perdido en un plazo de dos meses.

– Querra decir si no surgen mas desastres imprevistos -dijo lord Kingsly-. ?Han sido apresados los rufianes que han hecho esto?

– Todavia no.

– Y lo mas probable es que no lo sean -anadio el senor Carmichael frunciendo el entrecejo-. Estoy horrorizado ante la abundancia de crimenes que he presenciado desde que llegue a Londres hace apenas una semana. Los rateros y los ladrones abundan por doquier, incluso en las mejores zonas de la ciudad. Pero si solo hace unos dias que dispararon a lady Catherine… en la zona supuestamente segura de Mayfair.

– El responsable de ese crimen ya ha sido apresado… en gran medida gracias a sus esfuerzos, senor Carmichael -le recordo Andrew-. Es cierto que existen criminales en Inglaterra, aunque desgraciadamente estan por todas partes. -Dedico al hombre una semisonrisa-. Hasta en Norteamerica.

– Hecho del que, le aseguro, soy plenamente consciente -dijo el senor Carmichael con voz helada.

– Bandoleros por doquier -intervino lord Kingsly-. Hoy en dia no se puede confiar en nadie.

– Estoy completamente de acuerdo -dijo el senor Carmichael sin apartar en ningun momento sus ojos entrecerrados de los de Andrew-. Digame, senor Stanton, ?que garantias tenemos nosotros, o cualquiera del resto de los inversores, de que esto no volvera a ocurrir?

– Cielo santo -dijo la senora Warrenfield-. ?Otra vez?

– Es ciertamente posible -intervino lord Kingsly antes de que Andrew pudiera responder-, sobre todo teniendo en cuenta que los responsables no han sido apresados. Probablemente para ellos no sea mas que un juego.

Вы читаете Un Amor Escondido
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату