de la felicidad personal y la satisfaccion intima

CHARLES BRIGHTMORE

Catherine entro en la biblioteca y sonrio al ver a Spencer sentado en su sillon de orejas favorito delante del fuego con la nariz hundida en un libro.

– ?Shakespeare? -adivino Catherine con una sonrisa.

Spencer levanto la mirada y asintio.

– Hamlet.

– Que historia tan triste para un dia tan hermoso.

Un hombro se encogio como respuesta, y Spencer aparto la mirada, al parecer descubriendo algo fascinante en la alfombra, gesto que Catherine reconocio como senal de que algo le preocupaba.

Se acerco a la silla del joven y se inclino para darle un ligero beso en sus cabellos todavia humedos.

– ?Has disfrutado de tu bano matutino?

– Si.

– ?Te duele la pierna?

– No.

– ?Te gustaria pasear conmigo por los jardines?

– No.

– ?Salir a dar un paseo en coche?

– No.

– ?Ir de excursion al pueblo?

– No.

Catherine se acuclillo entonces delante de el y bajo la cabeza hasta que capto la atencion de su mirada. Tomo la mano de Spencer entre las suyas y sonrio.

– ?Puedes darme el nombre de tres piezas del ajedrez?

Un ceno confuso arrugo la frente de Spencer.

– Caballos, alfiles y peones. ?Por que lo preguntas?

– Queria oirte decir algo mas aparte de «si» o «no» -bromeo Catherine. Cuando vio que Spencer no le devolvia la sonrisa, le apreto la mano-. ?Que te preocupa, querido?

De nuevo el joven encogio el hombro. Se tiro de la chaqueta con la mano que tenia libre y Catherine espero, obligandose a permanecer en silencio incluso mientras le veia debatirse con lo que fuera que abrumaba su mente, sabiendo como sabia que el chiquillo se lo contaria cuando estuviera preparado para hacerlo.

Por fin, Spencer tomo aliento y solto:

– El senor Stanton se ha marchado.

Catherine contuvo el aliento. Asi que era esa la fuente de su malestar. Bueno, sin duda podia entenderlo perfectamente. Andrew era sin lugar a dudas la base de todos sus inquietantes y conflictivos pensamientos.

– Si, lo se. Me ha dicho que tenia pensado pasar a caballo por los manantiales para despedirse de ti. ?Le has visto?

– Si. -Y tras tirarse unas cuantas veces mas de la chaqueta, por fin levanto la mirada hacia ella-. Ojala hubiera podido quedarse.

«Eso mismo pienso yo.» La idea abofeteo a Catherine como un trapo frio y mojado. Apreto con fuerza los labios al tomar conciencia por primera vez de hasta que punto habia deseado que Andrew no se marchara.

Maldicion, ?como habia logrado Andrew meterse en su vida, y en la de Spencer, hasta ese punto y en un periodo tan breve de tiempo? Spencer y ella se las habian arreglado muy bien sin ninguna interferencia masculina durante muchos anos, y Catherine se dio cuenta, con una repentina e incuestionable claridad, que la presencia de Andrew en sus vidas amenazaba con resquebrajar la paz y la serenidad que ambos disfrutaban.

Y con toda su atencion puesta en su propia consternacion ante el regreso de Andrew a Londres, no se habia parado a pensar hasta que punto su repentina partida podia afectar a Spencer. Obviamente, su hijo habia establecido un fuerte vinculo con Andrew. Si a Spencer tanto le afectaba que Andrew se ausentara una noche, ?como reaccionaria cuando se marchara para siempre despues de una semana? Si la expresion del rostro del pequeno podia darle una pequena idea, su hijo se quedaria destrozado.

– Me ha contado lo del robo en el museo -dijo Spencer, devolviendola al presente-. ?Tu crees que estara de regreso manana por la noche? -pregunto con la voz colmada a la vez de esperanza y de duda-. Por lo que dice, tiene mucho que hacer en la ciudad.

– Estoy segura de que lo intentara. Pero como no puede marcharse de Londres hasta reorganizar las cosas, no te desilusiones demasiado si tiene que ausentarse mas tiempo.

– Pero es que no quiero perderme ninguna de mis lecciones de equitacion ni de pugilismo. Y ni siquiera hemos empezado con las de esgrima. Y el senor Stanton no deberia perderse su leccion de nat… -Las palabras de Spencer quedaron atrapadas en su garganta como cortadas por un cuchillo. Se le abrieron los ojos como platos y el color le tino la cara.

– ?Que no deberia perderse su que? -dijo Catherine.

– No puedo decirtelo, mama. Es una sorpresa.

– Humm. Al parecer los dos habeis planeado un buen numero de sorpresas juntos.

La sonrisa torcida de Spencer asomo a su rostro y el corazon de Catherine sonrio como respuesta.

– Lo hemos pasado muy bien.

– ?Te cae… bien el senor Stanton?

– Si, mama. Es muy… decente. Un profesor amable y paciente. Pero lo mejor de todo es que no me trata como si fuera de cristal. Ni como a un nino. Ni como si fuera… discapacitado. -Antes de que Catherine pudiera reconfortarle, la mirada de Spencer se volvio curiosa y pregunto-: ?A ti no te gusta, mama?

– Ejem… por supuesto que si. -No estaba segura de que una palabra tan tibia como «gustar» describiera adecuadamente la atraccion que sentia hacia Andrew, pero sin duda no podia decir a su hijo que en realidad «deseaba» a aquel hombre-. El senor Stanton es muy… «Seductor. Tentador. Atractivo.»… agradable.

«Y gentil», oyo intervenir a su voz interior. Y Catherine no pudo negarlo. No tenia mas que recordar como Andrew habia tratado a Spencer y a ella para saber que era cierto.

– ?Te parece que podriamos convencerle para que se quedara mas de una semana, mama?

Catherine se quedo helada al oir la pregunta mientras en su interior el panico colisionaba con la anticipacion. Y no solo por sus caoticos sentimientos personales, sino tambien por Spencer.

– Creo que tenemos que aceptar que el senor Stanton tiene su vida en Londres, Spencer -dijo con suma cautela-. Incluso aunque se quedara uno o dos dias mas, lo cual dudo mucho, sobre todo teniendo en cuenta que tu tio Philip no esta en Londres, el senor Stanton tendria que volver tarde o temprano a la ciudad.

– Pero ?podria volver a visitarnos? -insistio Spencer-. ?Muy pronto? ?Y a menudo?

Catherine rezo para no mostrar el menor atisbo de su consternacion. Dios santo, ella habia planeado que en cuanto Andrew volviera a Londres y su breve aventura fuera historia, sus caminos raramente, por no decir nunca, volverian a cruzarse. Volver a verle «muy pronto» y «a menudo» cuando ella no tenia intencion de retomar su aventura seria… extrano. En realidad seria mas una tortura, corrigio su voz interior irritantemente sincera. Metio mentalmente un panuelo en la boca de su voz interior para silenciar sus indeseadas meditaciones.

– Spencer, de verdad no creo que…

– Quiza podriamos ir a visitar al senor Stanton a Londres.

Perpleja, Catherine solo pudo limitarse a mirarle. Spencer nunca habia hecho semejante sugerencia. Despues de tragar saliva, dijo intentando que su voz sonara lo mas despreocupada posible:

– ?Te gustaria ir a Londres?

Spencer apreto los labios y nego con la cabeza.

– No -susurro-. Yo… no. -Echo la barbilla hacia delante en un testarudo angulo-. Tendremos que asegurarnos de que el senor Stanton nos visite. Seguro que accede, si ambos se lo pedimos, mama.

Catherine le dio unas palmaditas en la mano y a continuacion se levanto.

– Quiza -murmuro, a sabiendas de que en ningun caso haria extensiva esa invitacion y odiandose por dar a Spencer una minima esperanza. Su aventura tenia que terminar. De forma permanente. Y eso significaba que en cuanto Andrew regresara a Londres el fin de semana, no volveria a visitar Little Longstone.

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