-comento despreocupadamente, observandola con atencion.
– ?Ah, si? ?Donde has oido eso?
Andrew se levanto y se arreglo la ropa mientras hablaba.
– Hace muy poco. De hecho, en la fiesta de cumpleanos de tu padre. Personalmente, me resulta intrigante y perfectamente posible. Brightmore hace gala de una comprension de la mujer que jamas he visto en ningun hombre, independientemente de lo sofisticado o mundano que sea. -Sonrio-. Por si no has reparado en ello, las mujeres son notoriamente dificiles de comprender y Brightmore no parece sufrir la misma confusion que el resto de nosotros, que no somos mas que unos pobres hombres.
– Obviamente esta muy versado en las cosas de las mujeres.
– Obviamente. Aun asi, me gustaria saber como ha llegado a adquirir un conocimiento tan exhaustivo.
– Haciendose eco de numerosas intimidades, imagino que como las que tu y yo hemos compartido recientemente -dijo, avanzando hacia el hasta que casi se tocaron. Le puso las manos en el abdomen. Sin embargo, y aunque Andrew recibio con agrado el gesto, tenia la innegable sospecha de que Catherine estaba intentando distraerle. Pero, considerando que Catherine era tan acusadamente enloquecedora, dejo a un lado su recelo.
– Quiza -admitio-. Naturalmente, eres consciente de que esto significa ahora que yo soy el ganador de nuestra apuesta.
Catherine arqueo una ceja.
– ?Ah, si? ?Te refieres a la misma apuesta que anoche me indujiste a creer que habia ganado yo?
– Permiteme que difiera. Si mal no recuerdo, insististe, y muy enfaticamente, en que habias ganado. Y yo, en mi animo de ser un caballero, simplemente preferi no discutir contigo.
Andrew reprimio una sonrisa ante el bufido de Catherine.
– ?Que preferiste no discutir conmigo? Vaya, eso si es una novedad.
– Me parecio la eleccion mas sabia y queria saber cual era el pago que deseabas. Creeme si te digo que me encanto descubrir que tu deseo era un reflejo casi identico al mio.
– Sin embargo, ahora soy yo la que te debo el pago de la apuesta.
– Eso me temo.
– ?Y cual es tu deseo?
Los dedos de Andrew masajearon la flexible cintura de Catherine.
– Tantas cosas… que haria falta un gran periodo de reflexion para decidirme solo por una. -Deslizo las palmas de las manos hacia abajo, sobre sus caderas-. ?Que es esto? -pregunto, tocando un bulto pequeno y duro junto a la cadera.
Tras un breve titubeo, Catherine metio la mano en el bolsillo de su bata y saco un anillo que sostuvo a la luz. Brillaron prismas de diamantinos destellos, rebotando entre las paredes, el suelo y el techo como si hubiera lanzado mil estrellas al cielo.
– Mi anillo de bodas -dijo.
Unos celos irrazonables y ridiculos abofetearon a Andrew al ver el simbolo fisico del derecho de propiedad que su marido habia ejercido sobre ella. Aunque tenia un profundo conocimiento sobre gemas, no era necesario ser un experto para ver que las piedras eran exquisitas. Forzando la voz para mantenerla neutral, dijo:
– Nunca te he visto llevarlo. ?Por que estaba en el bolsillo?
– No lo llevo. Simplemente lo miraba. Cuando oi que alguien llamaba a la puerta, me lo meti en el bolsillo y lo olvide. -Le dio el anillo a Andrew-. ?Que te parece?
Andrew lo estudio con suma atencion.
– Individualmente, las piedras son hermosas, incluso las mas pequenas. Sin embargo, me sorprende que hayas escogido un anillo como este.
– ?Porque?
Se lo devolvio, pues no deseaba seguir tocandolo.
– Es solo que no parece ir contigo. «Porque no te lo he regalado yo.» Me resulta un poco exagerado para tu delicada mano. Aunque supongo que no existe ninguna joya demasiado grande.
– De hecho, creo que en eso te equivocas. Y aunque apuesto a que para mucha gente el anillo debe de resultar precioso, yo lo odio. Siempre lo odie.
El la observo atentamente.
– ?Porque?
– Lo creas o no, no me llaman demasiado la atencion los diamantes. Los encuentro incoloros y frios. A pesar de ser perfectamente consciente de eso, Bertrand me regalo este anillo, no porque creyera que a mi me gustaria, sino porque era el anillo que el deseaba que yo llevara. No importaba lo que yo quisiera ni lo que me gustara. Desafortunadamente, en el momento en que me lo regalo yo era demasiado inocente para verlo como un anuncio de lo que vendria.
– ?Y que es lo que te habria gustado a ti?
– Cualquier otra cosa excepto un diamante. Una esmeralda. Un zafiro. Algo con color y con vida. Mi madre solia llevar un broche de esmeraldas que a mi me encantaba… es una de mis mas preciadas posesiones. -Inclino la cabeza y miro a Andrew con curiosidad-. Con todos tus viajes, imagino que habras reunido objetos muy interesantes. ?Cual es para ti el mas querido?
Vacilo durante unos segundos y dijo:
– Prefiero mostrartelo que decirtelo. Manana lo traere conmigo para que puedas verlo.
– De acuerdo.
– Catherine… si tanto te disgusta este anillo, ?por que lo conservas? «?Por que lo estabas mirando?»
– Porque es otra de mis preciadas pertenencias… aunque no debido a su valor economico.
– Entonces, ?por que?
– Porque es un recuerdo. De lo que tuve con Bertrand. -Miro el anillo que ahora tenia en la palma de su mano-. De la infelicidad. De la soledad. Y de lo que no tuve con el. La risa. El amor. La generosidad. Nuestra union fue fria y totalmente carente de color, como estas piedras.
La obligo a alzar la barbilla hasta que sus miradas se encontraron.
– ?Y por que quieres recordar algo asi?
Algo en la mirada de Catherine se endurecio.
– Porque no quiero olvidarlo jamas. Me niego a volver a cometer el mismo error. A entregar mi vida, mi felicidad, mi carino y el de mi hijo de nuevo a otro hombre. A permitir que nadie ejerza de nuevo sobre mi o sobre Spencer esa clase de control.
Andrew leyo con claridad la resolucion que destilaba su voz. Y sus ojos. Y, con el corazon en un puno, se dio cuenta de que las palabras de Catherine eran una sutil advertencia de que no deseaba otro matrimonio… justo lo que el mas deseaba en el mundo.
Habia esperado, rezado, para que despues de hacer el amor, ella se hubiera dado cuenta de que estaban hechos el uno para el otro. De que habia sitio para el en la vida de ella. De que su relacion no seria en nada parecida a su anterior matrimonio. Sin embargo, el anillo que ella llevaba en el bolsillo resultaba muy evidente. Era obvio que, los pensamientos que la noche que habian pasado juntos habian despertado en ella no eran exactamente los que el habria esperado.
Bien, sin duda habia perdido la batalla. Pero muy mal tenian que salirle las cosas para que perdiera la guerra.
Capitulo 16
La mujer moderna actual necesita conservar un aire de misterio a fin de mantener vivo el interes de su caballero. En cuanto el sabe -o cree saber- todo sobre una mujer, la considerara un rompecabezas «resuelto» y buscara un enigma mas intrigante que descifrar. Para conseguir ese aire misterioso, la mujer moderna actual jamas deberia permitir que un caballero estuviera demasiado seguro de lo que ella piensa o de lo que siente.
