– Eso precisamente le dije al chico. Le asegure que te estabamos cuidando bien y que estabas perfectamente a salvo. Y tambien que te preocuparias por el si sospechases que estaba merodeando por ahi.
– Gracias. Hablare con Emma y me asegurare de que le diga que estoy bien y que estare en casa pronto, para mantenerlo alejado.
– El nino te quiere.
Un nudo de emocion le subio por la garganta.
– Yo tambien lo quiero, y hablando de amor… -Senalo con la cabeza a Emma y a John, que estaban bastante mas adelante, paseando lentamente con las cabezas muy juntas.
– Parece que estan congeniando de maravilla -dijo Colin.
– No puedo decir que me sorprenda. La ultima vez que le eche las cartas a Emma, predije que iba a conocer a un joven rubio y alto muy atractivo.
– ?Y que hay de tus cartas? ?Predijeron que ibas a conocer a un hombre de porte distinguido, inteligencia superior y atractivo aceptable?
Alexandra recordo la ultima vez que se habia echado las cartas, y el peligro que habia visto, pero no quiso ensombrecer la tarde y dijo en tono ligero:
– Si, pero podrias no haber sido tu, ya que no vi que ese hombre tuviera debilidad por los dulces.
– Bien al contrario, estoy seguro de que era yo. Tengo tantas debilidades que esta se perderia entre todas las demas.
– ?Otras debilidades ademas de los dulces? ?Cuales?
– Te lo contare, pero tiene un precio.
– ?Cuanto?
– El precio no tiene nada que ver con el dinero -dijo Colin con un brillo malicioso y lleno de ardor en los ojos.
– ?Y si rechazo la propuesta?
– Entonces te arriesgas a no descubrir nunca cuan sensual puede llegar a ser un juego de billar.
– ?Billar? -repitio Alexandra, intrigada-. ?Sensual?
Colin puso su mano sobre la que ella tenia cogiendole el brazo y Alexandra noto como le subia el calor por el cuerpo. Cuando Colin acaricio con los dedos la curva exterior de su pecho, contuvo la respiracion.
– Depende de la persona con la que estes jugando.
Continuo con su lenta caricia y Alexandra se sintio arder incapaz de pensar. Hizo ver que reflexionaba y despues exhalo un exagerado suspiro de conformidad.
– Muy bien, acepto tus terminos, a pesar de que los considero pesimos.
– Tomo nota. A decir verdad, estas debilidades son de naturaleza mas bien reciente. Parece ser que tengo debilidad por las naranjas -dijo Colin mientras su dedo acariciaba el pezon de Alexandra, haciendo que el corazon de esta se le desbocase.
– ?Ah, si?
– Si. -Se detuvo bajo la sombra de un olmo y se volvio para mirarla. Apenas los separaban unos centimetros, una distancia tentadoramente corta y que podia salvarse con un solo paso al frente-. Y por los grandes ojos color marron chocolate y por el pelo negro y brillante -continuo suavemente-, y el cutis liso salpicado unicamente por unas pocas pecas justo aqui… -Levanto la mano y acaricio con los dedos su mejilla, dejandola sin aliento. Despues, bajo la vista hasta su boca y sus ojos se iluminaron de pasion-. Y los labios carnosos.
Dios mio, esperaba que no tuviese intencion de besarla ahi mismo, en pleno dia, donde todo el mundo pudiera verlos. Temblo por dentro, y aunque una voz interior le advertia que debia dar un paso atras, no pudo moverse.
– Tu -susurro deteniendo los dedos en su mejilla-. Tengo una profunda debilidad por ti, Alexandra.
– Y yo por ti.
Las palabras se le escaparon antes de que pudiese detenerlas, pero expresaban un sentimiento tan obvio que no tenia mucho sentido intentar negarlo.
Colin se inclino y el corazon de Alexandra latio con una intensidad que deberia haberla horrorizado pero que en lugar de eso la emociono. Echo una rapida mirada alrededor y vio que no habia nadie cerca. Aun asi, la voz de la razon le decia al oido que se arriesgaba demasiado permitiendole esas libertades en publico. Aparto la razon a un lado y se quedo esperando su beso.
Un ladrido penetrante atraveso la niebla que la rodeaba y Colin se echo hacia atras con una expresion entre preocupada y avergonzada.
– Parece ser que Lucky es una carabina apropiada y esta claro que necesitas una, porque yo casi he perdido la cabeza.
Le ofrecio el brazo y Alexandra se lo tomo. Asi cogidos, continuaron su tranquilo paseo.
Despues de dar unos pasos acompanados unicamente por el gorjeo de los pajaros, Alexandra no pudo contenerse y dijo:
– Esa debilidad tuya por mi realmente me desconcierta.
– ?Quien esta ahora suplicando cumplidos? -pregunto Colin en tono burlon.
– No es eso, de verdad.
– Entonces permiteme decirte que eres extraordinaria, y tu belleza es insuperable.
– Necesitas unos anteojos.
Colin nego con la cabeza.
– Tu belleza es mucho mas compleja y engloba mucho mas que los meros atributos fisicos. Tiene que ver con tu esencia, tu alma, la extraordinaria persona que eres.
La culpa abofeteo de lleno a Alexandra.
– No soy el dechado de virtudes que crees, Colin. He hecho cosas de… de las que no estoy orgullosa.
– Me atreveria a decir que no hay quien no las haya hecho. Dios sabe que yo he hecho un monton de cosas de las que no estoy orgulloso. Pero, a pesar de ellas, tu las has dejado atras y te has convertido en alguien a quien admirar. Eso es en si mismo extraordinario.
Alexandra lo miro y vio que el la observaba con una expresion indescifrable. Noto que se quedaba sin habla. Las palabras de Colin, la forma en que las pronunciaba… parecia como si conociese su pasado de poca reputacion.
– ?A que te refieres? -pregunto cuidadosamente.
– Adivino que has vivido algunas dificultades en tu infancia. La experiencia me ha ensenado que las dificultades destruyen a las personas o las infunden de una determinacion poderosa. Para mi, esta claro que has triunfado por encima de las adversidades y quieres ayudar a los demas, como es el caso de Robbie. Eso dice mucho de ti.
Alexandra se sintio incomoda ante la misteriosa precision de sus palabras.
– ?Que te hace pensar que he sufrido dificultades?
Estaba claro que su tono no era tan neutro como ella habia pretendido, porque Colin respondio:
– No pretendia ofenderte, Alexandra. Tengo la costumbre de estudiar a la gente, me temo que es propio de los espias, y se trata simplemente de una conclusion a la que he llegado basandome en mis observaciones. Si estoy equivocado, disculpame.
– ?En que observaciones has basado tu conclusion?
Colin vacilo un instante.
– En diferentes cosas -dijo al fin-. Tus manos son las de alguien acostumbrado al trabajo duro. El hecho de que estes tan empenada en ayudar a los ninos como Robbie, cuyas vidas estan llenas de dificultades, me sugiere que se debe a que tu infancia no fue precisamente idilica. Cuando mencionaste que tu madre habia muerto, me dio la impresion de que eras muy joven cuando ocurrio.
La imagen de su madre, palida y enferma, intentando sonreir, ilumino su mente.
– Tenia ocho anos.
– Esta claro que significaba mucho para ti.
Alexandra fruncio el ceno.
– ?Como lo sabes? Apenas he hablado de ella.
– La mirada en tus ojos cuando te has referido a ella habla por si sola. Es una mirada que conozco bien.
– Porque tu tambien perdiste a tu madre -dijo Alexandra asintiendo con la cabeza de modo comprensivo.
